Mutilación genital persiste en comunidades indígenas de Colombia: proyecto de ley busca erradicarla
Mutilación genital en indígenas colombianos: ley busca erradicarla

La mutilación genital: una práctica ancestral que amenaza a las niñas indígenas en Colombia

En las montañas cafeteras del departamento de Risaralda, al occidente de Colombia, persiste una práctica que pone en riesgo la vida de cientos de niñas recién nacidas. La mutilación genital femenina, específicamente la ablación del clítoris, continúa siendo realizada en comunidades indígenas embera chamí y katío, según denuncias de mujeres de estas etnias.

Una tragedia silenciosa y tabú

Alejandrina Guasorna descubrió que había sido víctima de esta práctica solo cuando alcanzó la edad adulta. Esta agricultora de 74 años, quien trabajó como partera atendiendo principalmente a mujeres de su familia, relata cómo creció rodeada de muertes vinculadas a la mutilación genital. "Traían niñas muertas a cada momento. Pensábamos que era normal", confiesa con pesar.

La práctica se realiza en cuartos cerrados, donde parteras utilizan navajas o clavos hirviendo para extirpar total o parcialmente el clítoris de las recién nacidas. Según la Organización Mundial de la Salud, esta mutilación provoca graves daños a la salud, puede causar la muerte por hemorragias o infecciones, y viola los derechos fundamentales de las niñas.

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Orígenes y creencias arraigadas

El origen exacto de esta costumbre en Colombia no se conoce con certeza, pero la teoría más sólida sugiere que llegó desde África durante el periodo colonial. Carolina Giraldo, congresista e historiadora creadora del proyecto de ley contra la mutilación, explica: "Estos rasgos culturales se quedaron acá primero en la población afro, pero luego también fueron transmitidos a la población indígena".

En las comunidades donde se practica, persisten creencias erróneas como que las niñas sin mutilación serán "fáciles" con los hombres o que el clítoris les crecerá hasta convertirse en un pene. Estas ideas ancestrales mantienen viva una práctica que tiene consecuencias devastadoras.

Consecuencias físicas y emocionales

Etelbina Queragama, una ama de casa de 63 años cuyo rostro está decorado con dibujos tradicionales embera, cuenta que "nunca" sintió "nada" durante las relaciones sexuales, solo "dolores". La extirpación del clítoris, órgano cuya función principal es el placer sexual, transforma la intimidad en una experiencia asociada frecuentemente con el sufrimiento.

La lejanía de las comunidades indígenas y el secretismo que envuelve a la mutilación genital dificultan enormemente el conteo preciso de casos. Sarita Patiño, médica de uno de los hospitales que recibe más casos de ablación en Pueblo Rico, afirma: "Hay un subregistro increíble". Solo en lo que va del año, su hospital ya ha atendido seis casos.

Proyecto de ley contra la mutilación

Por primera vez en la historia de Colombia, líderes embera y legisladoras han presentado un proyecto de ley que busca erradicar esta práctica. La iniciativa, que actualmente se discute en el Congreso, tiene como objetivos principales:

  1. Prohibir formalmente la mutilación genital femenina en todo el territorio nacional
  2. Implementar planes de prevención y pedagogía en las comunidades indígenas
  3. Proteger a las parteras, consideradas víctimas de la falta de información, sin imponer castigos de cárcel

El proyecto no enfrenta oposición significativa, pero avanza contra el tiempo: debe superar su último debate en el Senado antes del 20 de junio, cuando termina el periodo legislativo actual.

La voz de las líderes indígenas

Francia Giraldo, primera mujer gobernadora de su comunidad y una de las caras más visibles del proyecto de ley, explica la complejidad del problema: "Me duele mucho cuando somos tildadas como asesinas, como ignorantes". Ella defiende que las parteras solo siguen una costumbre ancestral y aboga por un plan estatal de pedagogía que llegue a los territorios más alejados.

Giraldo también revela una triste realidad: muchas niñas mueren sin siquiera llegar al hospital, sin registro de nacimiento ni defunción. "Se vacían de sangre y algunas madres no las llevan al hospital, las entierran directamente", describe con crudeza.

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Cifras alarmantes y silencio institucional

Según la ONG Equality Now, solo entre 2020 y 2025 se efectuaron 204 mutilaciones genitales en Colombia, único país de América Latina donde se practica esta costumbre. Sin embargo, oficialmente no existen cifras consolidadas debido al subregistro.

Bajo la jurisdicción indígena, la mutilación se castiga teóricamente con el cepo, un instrumento de tortura física, pero los casos se mantienen en la privacidad de las comunidades. El silencio y la incomodidad que genera el tema dificultan aún más su erradicación.

La mutilación genital femenina representa no solo una violación a los derechos humanos de las niñas indígenas, sino también una amenaza constante a sus vidas. El proyecto de ley en discusión marca un punto de inflexión en la lucha por proteger a las generaciones futuras de esta práctica ancestral.