Agente policial revela: 'Esta marcha del 8M también es para nosotras'
Policía en 8M: 'Esta marcha también es para nosotras'

La otra cara del 8M: policías mujeres tras las vallas

Mientras miles de mujeres llenaban las calles con consignas y pancartas durante el Día Internacional de la Mujer, otro grupo permanecía al otro lado de las vallas de seguridad. Vestidas con uniforme, casco y escudo, estas mujeres policías formaban parte del dispositivo de contención que muchas manifestantes perciben como símbolo de control estatal. Sin embargo, para una de las agentes que participó en el operativo, la jornada tenía un significado profundamente personal: "Esta marcha también es para nosotras", afirma la oficial que pidió mantener su identidad en reserva.

Un despliegue de mil mujeres policías

La agente formó parte del extenso despliegue de seguridad desplegado en el centro de la ciudad, donde aproximadamente mil mujeres policías fueron asignadas específicamente para resguardar la ruta de la protesta feminista. Según su relato, el objetivo principal del operativo era prevenir confrontaciones que pudieran escalar hacia la violencia.

"Había un grupo muy numeroso de personas católicas protegiendo la catedral, incluyendo muchos hombres y personas mayores. No podíamos permitir que el contingente pasara por esa zona porque el riesgo de enfrentamientos era demasiado alto", explica la oficial. La estrategia de seguridad se concentró particularmente en proteger templos religiosos, edificios históricos y áreas donde podían generarse choques entre grupos con posturas opuestas.

Dos momentos distintos en la movilización

De acuerdo con la experiencia de la agente, la movilización del 8M presentó dos momentos claramente diferenciados en intensidad y magnitud. El primer contingente reunió alrededor de dos mil mujeres y transcurrió con relativa calma durante sus primeras horas. Sin embargo, la situación cambió radicalmente más tarde en el día.

"En el segundo contingente ya se hablaba de más de diez mil personas. Ahí sí fue mucho más complicado contener todo", relata la policía. En uno de los momentos de mayor tensión, un grupo de manifestantes logró ingresar a un edificio cercano a la rectoría universitaria, lo que obligó a las agentes a reorganizarse rápidamente para apoyar a sus compañeras que se encontraban en ese punto crítico. "Aun así éramos muy pocas frente a la cantidad de personas que había", recuerda con claridad.

Diálogo entre gritos y megáfonos

La agente asegura que, contrario a lo que muchas personas piensan, durante la marcha sí existe comunicación entre autoridades y manifestantes, aunque rara vez ocurre de manera directa o tranquila. "Las líderes del contingente son quienes dan indicaciones. Cuando levantan el puño o se agachan, es señal de detenerse o parar lo que esté pasando. Con ellas se habla, pero no es un diálogo como de sentarse a platicar. Es más bien en medio de las exigencias", detalla la oficial.

Las demandas suelen expresarse a través de megáfonos o gritos colectivos desde el contingente principal. "Nos dicen: 'Regresen a las que tienen adentro o vamos a entrar por ellas'. Entonces se les responde que se está dialogando, que den tiempo", explica sobre la dinámica de comunicación durante los momentos más tensos.

Diversidad dentro del movimiento

Desde su perspectiva privilegiada en el operativo, la policía observa que dentro de la movilización existen distintos grupos con posturas diversas y niveles de confrontación variables. "Hay quienes marchan de forma pacífica, otras que están más en protesta contra el patrimonio y otras que son más agresivas", describe con precisión.

Según su testimonio, algunas manifestantes utilizan pasamontañas o cubren su rostro, portando objetos diseñados para romper cristales o lanzar pintura. Sin embargo, también ha presenciado cómo participantes se apartan deliberadamente del contingente cuando la situación se vuelve más violenta. "Dentro de ellas mismas hay quienes no están de acuerdo con esas acciones y optan por salirse", comenta sobre las divisiones internas dentro del movimiento.

Instrucciones claras: contener sin agredir

Durante las movilizaciones feministas, las policías suelen recibir insultos, pintura, objetos lanzados y empujones físicos. A pesar de estas provocaciones, la agente explica que las instrucciones suelen ser claras y consistentes: evitar responder con agresiones. "No llevamos armas ni nada en las manos. Solo estamos ahí para contener", afirma con convicción.

Desde su perspectiva, muchas manifestantes no perciben que el operativo de seguridad también busca protegerlas a ellas mismas. "Nosotras vamos para cuidar que nadie las agreda, que no haya personas que les griten cosas o que intenten atacarlas", explica sobre el doble propósito de su presencia. La oficial señala que, en teoría, muchos de los actos cometidos durante la marcha podrían ser considerados faltas administrativas o daños al patrimonio, pero que durante estas movilizaciones específicas las autoridades optan por no proceder legalmente contra las participantes. "No se les detiene ni se les hace nada. Solo estamos ahí", asegura.

Una causa que trasciende uniformes

Pese a las tensiones inevitables que se viven durante las marchas, la agente insiste en que muchas policías comparten las demandas fundamentales del movimiento feminista. Incluso revela que había considerado llevar una pancarta durante el operativo de seguridad. "Yo tenía ganas de llevar algo que mostrara que también estamos con ellas, que esto no es una confrontación", confiesa.

Para ella, el 8 de marzo representa una lucha por derechos que afectan a todas las mujeres, incluidas aquellas que portan uniforme policial. "Esta marcha también es por nuestras libertades, por la igualdad. Claro que estamos a favor del movimiento", afirma con firmeza, desafiando la percepción común de que las fuerzas de seguridad son antagonistas del feminismo.

Raíces profundas del problema

Sin embargo, desde su experiencia previa trabajando como policía investigadora en una fiscalía especializada, la agente considera que el problema de la violencia contra las mujeres tiene raíces más profundas que las que pueden abordarse únicamente en las protestas callejeras. Recuerda con claridad haber visto numerosos casos de víctimas que regresaban una y otra vez a denunciar agresiones continuas.

"Mujeres golpeadas, otras con heridas graves. Algunas llegaban con cuchillos o tijeras clavadas después de haber denunciado antes", relata con visible frustración. Para ella, el problema fundamental reside en el funcionamiento del sistema de justicia mexicano. "El sistema legal es el que está mal. Las carpetas de investigación se quedan ahí, se otorgan medidas de protección, pero muchas veces no pasa nada más", sostiene con conocimiento de causa.

Por esta razón, considera que las demandas del movimiento feminista deberían enfocarse también en presionar por reformas legales profundas y cambios institucionales estructurales. "A donde realmente se tiene que exigir es en el sistema de justicia y en las leyes", argumenta con la autoridad de quien ha visto las fallas del sistema desde dentro.

Más allá de las vallas

Aun así, mientras las marchas feministas continúen desarrollándose en las calles mexicanas, las policías mujeres seguirán estando allí, detrás de las vallas de seguridad. Muchas de ellas, según recuerda la agente, comparten la misma convicción fundamental que las manifestantes que tienen frente a ellas. Porque, como repite insistentemente, el 8 de marzo también habla de ellas, de sus luchas, de sus derechos y de su lugar en una sociedad que todavía debe transformarse profundamente.