Cerca de 50 científicos mexicanos de diversas universidades e institutos de investigación colaboran con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) para transformar la estrategia climática del país. El nuevo enfoque va más allá de la mitigación de emisiones y pone en el centro a las personas y los ecosistemas.
Un cambio de paradigma
Incluso si México redujera a cero sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la vida de la población no cambiaría respecto a los impactos del cambio climático. Esto se debe a que esos efectos ya están en marcha y son cada vez más intensos, mientras el calentamiento global continúa acelerándose.
Ante la dificultad de contener las emisiones globales de GEI, la propuesta prioriza la disminución de daños sobre personas y ecosistemas mediante cuatro ejes: mitigación, adaptación, compensación y cobeneficios, explicó María Amparo Martínez Arroyo, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Integración del riesgo climático
El planteamiento busca incorporar el riesgo climático en todas las políticas públicas y decisiones de desarrollo, desde el combate a la pobreza y la educación hasta la infraestructura y la energía. La premisa es que hacerlo no solo es viable, sino necesario y de beneficio múltiple, porque los impactos ya están dentro del horizonte de planeación del país.
Los estudios han identificado “medidas habilitadoras” —acciones que detonan otras en cascada— y dos vertientes prioritarias: el agua, en todas sus dimensiones, y la energía, en particular la generación eléctrica.
Adaptación como prioridad
La adaptación, entendida más allá de la infraestructura o la gestión de riesgos, implica transformar prácticas productivas, sociales y territoriales. Estas acciones pueden implementarse de inmediato y generar resultados en el corto plazo, a diferencia de la mitigación, cuyos efectos toman décadas.
“Este enfoque es una filosofía distinta, centrada en las personas y la regeneración de los ecosistemas... de lo que se trata es reducir o evitar pérdidas humanas, ambientales y económicas vinculadas a la crisis climática”, reiteró Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM.
Vínculo con pobreza y desarrollo
Ambos investigadores coincidieron en que la adaptación está estrechamente ligada a la reducción de la pobreza, mejorar acceso a salud, educación y servicios básicos, y fortalecer la capacidad de respuesta frente a eventos climáticos. Así, políticas sociales tradicionales adquieren una dimensión climática.
“El combate a la pobreza es una política de adaptación. Ya no es posible diseñar políticas sociales sin considerar el impacto del clima en su efectividad”, sentenció Estrada Porrúa.
Compensación y cobeneficios
En cuanto a la compensación, Martínez Arroyo detalló que, aunque las ciudades son responsables de la mayor parte de las emisiones, los impactos recaen con mayor intensidad en regiones agrícolas o costeras, lo cual exige mecanismos para redistribuir costos y responsabilidades. Sobre los cobeneficios, dijo que decisiones en agua, energía, salud o educación pueden reducir simultáneamente la vulnerabilidad climática.
Aceleración del calentamiento
Estrada Porrúa advirtió que los umbrales antes lejanos ya están cerca y que la tasa de calentamiento global —y probablemente la de México— se acelera. La tasa de calentamiento global pasó de 1.9 a 3.5 grados por siglo después de 2012, evidenciando una aceleración.
En México, la situación es más crítica. Desde la era preindustrial, el país acumula cerca de 1.9 grados de aumento en la temperatura promedio. La tasa podría haber pasado de 3.4 a 5.5 grados por siglo tras 2010.
“Es una velocidad demasiado rápida para que nosotros y los ecosistemas podamos adaptarnos; en el caso de la temperatura global, alcanzar un calentamiento de 1.5 grados centígrados sobre niveles preindustriales se adelantó décadas a los escenarios previstos en el Acuerdo de París”, advirtió Estrada Porrúa.
Impactos económicos
El equipo científico estimó que las pérdidas económicas acumuladas del cambio climático en el sexenio actual equivaldrían a 25% del PIB de 2024, que fue de 35,323 billones de pesos. “Es una barbaridad, representa la mitad de la deuda pública”, dijo.
Estas pérdidas ocurren independientemente del escenario de emisiones. “Nos habla de un periodo de daños que ya no podemos evitar con mitigación”, añadió.
Agricultura afectada
En la agricultura, los rendimientos de cultivos como maíz, trigo y arroz han disminuido por aumentos en las temperaturas y cambios en los patrones de precipitación, así como por eventos extremos. Incluso con emisiones cero, la situación de los productores no cambiaría en el corto plazo.
“Los rendimientos de cultivos básicos han caído al punto de que la disminución en la capacidad productiva por cambio climático actualmente equivale a 70 kilocalorías por persona al día. Para mediados de siglo serían unas 166 kilocalorías y hacia finales, cerca de 500, lo que representa entre una tercera y una cuarta parte de la ingesta diaria necesaria”, explicó.
Implementación y retos
La colaboración con el INECC ha permitido incorporar esta visión en instrumentos como las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0) y en la Política Nacional de Adaptación, cuya elaboración está en marcha.
El principal reto sigue siendo la implementación. La viabilidad técnica está probada y el país cuenta con estudios que permitirían la acción en muchos casos; el desafío es traducir en decisiones concretas y coordinadas entre sectores y niveles de gobierno.
Plan México como oportunidad
Las mermas económicas para el país proyectadas para este sexenio, así como la aceleración del calentamiento, urgen a replantear prioridades. El objetivo del Plan México, en materia de inversión y polos de desarrollo, puede combinar inversión público-privada con financiamientos internacionales para el cambio climático.
Para que ello sea viable es necesario el análisis del lugar, qué y cómo se va a hacer tomando en cuenta todos los escenarios sobre el clima y sus extremos, además, compensar daños y restaurar los ecosistemas de los alrededores, explicó la investigadora.
Ejemplificó con la refinería de Dos Bocas: “si es necesaria para el país, entonces, debía haber compensación en los poblados de los alrededores, apostar por energías renovables, restaurar ecosistemas y generar empleos verdes; en este tipo de cosas hay que hacer los cambios adecuados para no perjudicar más al ambiente, porque técnica y tecnológicamente hay todo para hacerlo bien”.
Se trata, continuó, de analizar las poblaciones, los ecosistemas, el tipo de actividades que hay y hacer un ejercicio constructivo y de creatividad que “sólo implica tomar los conocimientos que se tienen e invertir en lo que se requiere, además de invertir en investigación a escala nacional y local”.
“No nos vayamos por la fórmula de siempre, la del costo-beneficio económico, sino por una cuestión estructural, porque lo que se esté haciendo ahí va a tener repercusión durante 30, 40 o más años, entonces si lo hacemos mal esa repercusión va para mal, si lo hacemos bien, esa repercusión va para bien, tan sencillo como eso”, argumentó Martínez Arroyo.
Agregó que el Plan México está en un momento de gran oportunidad: “si se hace bien puede ser ejemplar”, si se usan los conocimientos existentes para que las poblaciones de los alrededores cambien una serie de prácticas nocivas, tengan otro tipo de energía, de cuidados, o sea, “podemos hacer un cambio real y con una mayor participación, y, en este sentido, la educación y la información hacia la gente es importantísima”.
Estrada Porrúa subrayó que no se trata de cualquier tipo de desarrollo, sino uno que “nos proteja climáticamente” sin poner toda la atención en mitigar, uno de los cuatro pilares. “Si se pone toda la atención ahí, se deja de cuidar adaptación, compensación y cobeneficios. Y eso es un problema, porque entonces tendría que ser una estrategia de mitigación perfecta y muy profunda… además, el país va a estar lo mejor preparado posible para los escenarios más complicados de calentamiento… y ya no hay tiempo que perder”, concluyó.



