Valentina lo menciona sin rodeos. “Aunque se escuche duro, Jero es el que importa, el que está aquí con nosotros”, afirma, dejando ver una reconstrucción familiar donde el presente exige atención y cuidado.
Dos años después: el amor como ancla
A dos años de la muerte de Mateo Díaz, su historia sigue encontrando nuevas formas de contarse. Si en un primer momento fue el padre, Homero Díaz, quien transformó en familia el dolor en acción con la creación de Infinito Bike Park, hoy es la madre, Valentina Martínez, quien abre el corazón y revela la otra cara del duelo: la que se sostiene desde el amor.
“El mensaje más difícil que hemos hecho en nuestras vidas”, recuerda Valentina al evocar el momento en que confirmaron la muerte de su hijo. Mateo, de 14 años, falleció el 22 de marzo de 2024 tras una caída durante un entrenamiento de motocross en Texas, que le provocó una lesión cerebral severa. Aquel día, dice, no solo marcó una despedida, sino también una decisión.
“Estamos pasando por un momento muy difícil, pero estamos tranquilos porque Mateo se fue feliz, haciendo lo que más amaba”, expresa.
El amor como ancla
Dos años después, el duelo no desaparece, pero encuentra una narrativa distinta. Valentina lo resume en una frase que se ha convertido en eje de su proceso: “Vamos agarrados del amor de Mateo”.
Para ella, cada aniversario implica revivir el momento más doloroso, pero también reconectar con el vínculo que permanece. “Es un día difícil, pero me lleva a pensar en el amor infinito que siento por él”, señala.
Ese amor tomó forma también en una de las decisiones más complejas: la donación de órganos. Mateo se convirtió en donador multiorgánico. Su corazón, riñones, segmentos de hígado, córneas y tejidos dieron vida a otras personas. Para la familia, ese gesto no es solo un acto médico, sino emocional.
“Es un apapacho al corazón… pensar que algo de él sigue aquí”, dice Valentina, quien define la decisión como “el acto más hermoso y generoso de esta vida”.
Jerónimo: el centro que permanece
En medio del duelo, hay otro eje fundamental: Jerónimo, el hermano menor. Valentina lo menciona sin rodeos. “Aunque se escuche duro, él es el que importa, el que está aquí con nosotros”, afirma, dejando ver una reconstrucción familiar donde el presente exige atención y cuidado.
El parque, en ese sentido, no solo honra a Mateo. También es un espacio para acompañar a Gerónimo en su propio proceso.
Un lugar con sentido
Infinito Bike Park, ubicado en Lerma, Estado de México, se ha convertido en el punto donde convergen memoria, comunidad y actividad. Más que una pista, es un espacio cargado de simbolismo. “Este lugar está lleno de amor, es energía pura”, describe Valentina.
La invitación es abierta: familias, ciclistas y visitantes pueden recorrer el circuito, convivir y, de alguna forma, ser parte del legado.
Una historia que continúa
Lejos de cerrar, la historia de Mateo sigue en construcción. Vive en quienes recibieron sus órganos, en cada rodada dentro del parque y en el testimonio de sus padres, que han decidido compartir el proceso sin filtros. Al final, el mensaje es claro y directo: acompañar, recordar y, sobre todo, amar. Porque, como insiste Valentina, es desde ahí —y solo desde ahí— donde se puede seguir adelante.



