La reforma electoral y el coro orquestado de la 4T
La Presidenta de México insiste en que ya cumplió con su deber al enviar la reforma electoral, afirmando que el pueblo la pidió a gritos. Para quienes no escucharon esos gritos, se aclara que "el pueblo", en este contexto, se refiere a un grupo específico que, según la narrativa oficial, reside simbólicamente en Palenque. Esta postura ha generado un intenso debate político, especialmente en un momento donde la prioridad económica debería ser recuperar el crecimiento.
La estrategia de "perdimos compadre" y su impacto
Ya se había discutido anteriormente la táctica de "perdimos compadre", que implica cambiar las reglas democráticas. Esta maniobra no envía un buen mensaje a los inversionistas, quienes buscan estabilidad en medio de la incertidumbre. Paralelamente, un amplio grupo de columnistas identificados con Morena o con el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha salido en coro a defender una narrativa peculiar: argumentan que Claudia, al perder la votación de la reforma, en realidad gana credibilidad política.
Según estos analistas, el costo político de no aprobar la reforma recaería sobre los partidos aliados, como el Verde y el PT, y no sobre la Presidenta. Aunque esto podría parecer una coincidencia en la interpretación de los hechos, en el medio político suena más a un coro orquestado y dirigido desde Palacio Nacional, con el objetivo claro de hacer control de daños ante un posible fracaso legislativo.
Los obstáculos en la aprobación y la reacción de los aliados
La reforma electoral comenzó a mostrar debilidades desde el momento en que la Presidenta de Morena y la Presidenta de la República insistieron en que no se cambiara ni una coma del texto original. Esta rigidez llevó a que se negara a construir una propuesta conjunta, no solo con la oposición –lo cual sería esperado en una reforma al sistema electoral– sino incluso con sus propios aliados políticos.
La gran incógnita es cómo reaccionará "el pueblo" ante este desaire. Para ninguno de los tres partidos de la alianza –Morena, PT y Verde– conviene deshacer su pacto electoral de cara a las elecciones de diputados en 2027. Sin embargo, en las elecciones de gobernador, la situación es diferente: a Morena le resulta indiferente ganar con un 35% o con un 50% de los votos.
- La alianza en gubernaturas solo tiene sentido en estados donde gobierna la oposición, como Chihuahua, Aguascalientes y Querétaro, actualmente bajo el PAN, y en Nuevo León, gobernado por MC.
- Existen estados donde el gobierno de Morena ha sido un desastre, como Colima, que enfrenta el riesgo de perder o tener elecciones muy comprometidas.
- Aun en gobiernos considerados fatales, como el de Guerrero, no parecen tener problemas significativos para mantener el control.
El desprestigio y los cálculos políticos futuros
El coro de columnistas insiste en que el PT y el Verde cargarán con el desprestigio de no haber aprobado la reforma. Sin embargo, en un análisis sincero, no se puede perder lo que no se tiene: ninguno de estos partidos posee una credibilidad sólida en la opinión pública, y lo mismo aplica para otros como MC, PRI, PAN y PRD, que tampoco destacan por su confiabilidad.
Sí, es posible que "el pueblo" se enoje por unos días ante este escenario. No obstante, cuando se hagan los cálculos electorales de cara al control de la Cámara de Diputados, ese enfado probablemente se disipará. Los tres partidos terminarán acordando, y los llamados "niños cantores de la 4T" celebrarán la alianza, porque en la política, lo que está en juego no es la congruencia, sino los intereses y el poder.
En resumen, esta situación refleja cómo la estrategia de la 4T busca manejar la narrativa pública, mientras los aliados navegan entre lealtades y conveniencias electorales. El futuro de la reforma y de las alianzas dependerá de estos juegos de poder, donde la credibilidad a menudo se sacrifica en aras de los objetivos políticos.
