Jaime Rivera concluye su etapa en el INE con advertencias sobre asedio institucional
Jaime Rivera, consejero electoral del Instituto Nacional Electoral (INE), se despide de su cargo este 4 de abril, marcando el fin no solo de un periodo legal, sino de una vida dedicada a la arquitectura electoral mexicana. Con una trayectoria que incluye la dirección de organización electoral y un activismo constante por la democratización, Rivera deja el Consejo General con la satisfacción del deber cumplido, pero con severas advertencias sobre los riesgos que amenazan la autonomía institucional.
Del "idilio democrático" al asedio sistemático
Rivera llegó al INE en 2017, respaldado por una mayoría calificada en una Cámara de Diputados plural, considerando el cargo como la "coronación" de su carrera profesional. Sin embargo, esta estabilidad se vio interrumpida por lo que describe como una serie de ataques sistemáticos iniciados tras las elecciones de 2018.
El consejero recuerda con claridad el primer gran enfrentamiento con el poder: la investigación sobre el fideicomiso de Morena para los damnificados del sismo de 2017. El INE detectó irregularidades y posibles indicios de financiamiento electoral oculto, lo que provocó una "reacción airada" del entonces presidente electo.
A este episodio le siguieron otros conflictos:
- Descalificaciones públicas por no reducir los salarios de los consejeros.
- Decisiones legales estrictas, como la cancelación de candidaturas por falta de informes de gastos de precampaña.
"Cumplimos con la ley", afirma Rivera con serenidad, aunque reconoce que le pesó tomar decisiones contra figuras conocidas del ámbito político.
Fortalezas y debilidades del sistema electoral
Para el consejero saliente, la mayor fortaleza del INE reside en su diseño constitucional y en el Servicio Profesional Electoral, un cuerpo de funcionarios cuya lealtad pertenece a la ley y no a los partidos políticos. No obstante, identifica debilidades crecientes en la designación de nuevos integrantes y la desaparición de otros órganos autónomos como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
El factor OIC: represalias y amedrentamiento
Un aspecto que merece mención especial es el actual procedimiento de responsabilidad administrativa iniciado por el Órgano Interno de Control (OIC) contra Rivera y otros dos colegas consejeros. El funcionario es tajante al respecto:
"Es una represalia por decisiones que hemos tomado", afirma.
Rivera advierte que este proceso, al que considera carente de sustento jurídico sólido, busca amedrentar a quienes permanezcan en el Consejo General. "Si esto prospera... estarán pensando: 'si voto así e inconforma a alguien, el Órgano Interno de Control me puede sancionar'", explica, subrayando el riesgo para la independencia de los futuros consejeros.
Un legado técnico más allá de la política
Más allá de las controversias mediáticas, Jaime Rivera deja una huella técnica profunda en el sistema electoral mexicano, con logros concretos que incluyen:
- Simplificación de actas: Impulsó formatos de casilla más sencillos y accesibles para facilitar la labor ciudadana durante las jornadas electorales.
- Innovación tecnológica: Lideró las pruebas piloto de la urna electrónica, un avance significativo en la modernización del proceso de votación.
Estas contribuciones reflejan su compromiso con mejorar la eficiencia y transparencia del sistema electoral, incluso en medio de un contexto político complejo.



