México activa escudo contra alza de gasolina por guerra en Golfo Pérsico
Escudo mexicano contra alza de gasolina por guerra en Golfo

México activa mecanismo de protección ante crisis energética global

La escalada del precio del crudo a nivel internacional, derivada del conflicto bélico en el Golfo Pérsico y el cierre estratégico del Estrecho de Ormuz, ha generado una crisis energética que obliga a las naciones a reevaluar sus reservas petroleras y políticas de precios. Por este crucial canal marítimo transita aproximadamente el 25% del petróleo y el 20% del gas natural que consume el planeta, lo que explica la presión alcista sobre los combustibles.

En este contexto de turbulencia global, México ha implementado un escudo protector para su mercado interno. El gobierno federal, en coordinación con representantes del sector empresarial gasolinero, renovó este martes un acuerdo voluntario para mantener el precio máximo de la gasolina regular, conocida como Magna, en 24.00 pesos por litro durante los próximos seis meses.

El mecanismo creado por López Obrador

La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que esta medida es posible gracias a un mecanismo fiscal diseñado durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, precisamente como respuesta preventiva ante los crecientes temores de un conflicto con Irán. Este sistema se activó inicialmente en 2022 durante la crisis por la guerra en Ucrania y ahora se reactiva once días después del estallido del nuevo conflicto en Medio Oriente.

"Si aumenta el precio de la gasolina, hay un mecanismo a través de la disminución del IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) para que no aumente en nuestro país", declaró Sheinbaum, enfatizando que "mientras en el mundo sube el precio de la gasolina, en México protegemos la economía de las familias".

El cálculo económico detrás del subsidio

Arnulfo Rodríguez, economista principal del BBVA México, realizó un análisis detallado sobre el impacto fiscal de esta medida. En un escenario de seis semanas de conflicto, estimó que:

  • Un incremento semanal del 14% en precios de gasolinas generaría una pérdida recaudatoria cercana a 38,000 millones de pesos por concepto de IEPS.
  • Sin embargo, este efecto negativo se compensaría con creces por el mayor precio de exportación del crudo mexicano.
  • Si la mezcla mexicana subiera de 55 a 75 dólares por barril, las ganancias por exportación ascenderían a unos 53,000 millones de pesos.
  • Esto resultaría en una ganancia neta aproximada de 15,000 millones de pesos durante el período de seis semanas acordado.

La realidad supera estos cálculos conservadores, ya que el barril mexicano cerró recientemente en 92 dólares, lo que sugiere ganancias aún mayores. Parte de estos recursos adicionales podrían destinarse a reducir la deuda de Pemex y sanear sus finanzas, complementando el presupuesto de 517 mil millones de pesos aprobado para la paraestatal en 2026.

Riesgos de una guerra prolongada

El panorama se complicaría significativamente si el conflicto se extiende más allá de las seis semanas proyectadas. El discurso del nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, quien advirtió que no se rendirán y mantendrán cerrado el Estrecho de Ormuz, genera nerviosismo en los mercados internacionales.

A pesar de los esfuerzos coordinados de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) -que acordó liberar 400 millones de barriles- y del anuncio de Estados Unidos sobre la liberación de 172 millones de barriles adicionales de sus reservas estratégicas, los precios futuros del petróleo continúan disparados.

Con el barril acercándose a la barrera psicológica de los 100 dólares, se generaría una presión inflacionaria generalizada que afectaría cualquier bien que requiera combustible para su transporte, con el riesgo añadido de ruptura de las cadenas de distribución globales.

La vulnerabilidad estructural de México

México enfrenta un desafío adicional a mediano plazo: el agotamiento progresivo de sus reservas petroleras. Actualmente, las reservas probadas rondan apenas 6,120 millones de barriles, equivalentes a menos de 10 años de producción al ritmo actual de extracción.

Esta situación contrasta marcadamente con países como Venezuela (300 mil millones de barriles) o Arabia Saudí (260 mil millones), y coloca a México en una posición de vulnerabilidad ante crisis energéticas prolongadas.

Si bien México fue admitido en 2018 como miembro de pleno derecho de la AIE por su "ambiciosa y exitosa" reforma energética y compromiso con renovables, y disfruta junto con Canadá y Noruega de la exención de mantener reservas estratégicas almacenadas artificialmente (gracias a sus bolsas naturales de petróleo), la disminución de sus reservas exige una reevaluación estratégica.

¿Hacia dónde debe dirigirse México?

La pregunta fundamental que enfrenta el país es: "¿Debería México invertir en gigantescas cuevas de sal como las de Texas, o apostarlo todo a los paneles solares?"

Las opciones estratégicas incluyen:

  1. Desarrollar una red de depósitos estratégicos artificiales para almacenamiento petrolero
  2. Invertir en métodos más efectivos de exploración y extracción
  3. Acelerar la transición hacia energías renovables, siguiendo ejemplos como China o España
  4. Implementar una combinación de todas estas medidas simultáneamente

La actual crisis energética global, exacerbada por el conflicto en el Golfo Pérsico, subraya la urgencia de que México defina un modelo energético que garantice su seguridad nacional a largo plazo, más allá de los mecanismos temporales de contención de precios.