Coyotes en La Michilia: estudio del INECOL revela patrones reproductivos únicos
Los coyotes (Canis latrans) habitan ese espacio liminal entre lo visible y lo oculto, entre la percepción humana y el mundo silvestre que les pertenece por derecho ancestral. Como escribió N. Scott Momaday, "sus voces están llenas de autoridad y reproche" en la oscuridad nocturna. Sin embargo, esta especie emblemática carga con un estigma persistente en el imaginario colectivo mexicano, donde frecuentemente se le percibe como problema antes que como componente vital de nuestros ecosistemas.
El peso del estigma y la ciencia empobrecida
Los encuentros cada vez más frecuentes con humanos, los daños al ganado y su presencia en entornos urbanos han alimentado una reputación negativa que distorsiona nuestra comprensión científica. Cuando una especie se etiqueta únicamente como "problema", la ciencia se empobrece: se prioriza conocer cómo controlarla, se normalizan intervenciones como la caza, y se asume que, por ser "común" y "adaptable", siempre "estará bien". Esta lógica simplista hace que perdamos interés por comprender sus complejos procesos ecológicos, fisiológicos y los límites reales de sus poblaciones.
Reservas naturales: laboratorios vivos para comprender procesos completos
Las reservas naturales protegidas, como la Reserva de la Biosfera La Michilia en Durango, ofrecen una oportunidad única para estudiar procesos ecológicos completos, no solo la mera presencia de especies. En estos espacios relativamente estables, es posible observar conducta, estrés y reproducción en condiciones que reflejan mejor el funcionamiento natural de los ecosistemas.
Aunque existen numerosos estudios sobre coyotes, la mayoría se han realizado en zonas ganaderas, agrícolas, periurbanas o contextos de conflicto humano-fauna. En contraste, hay menos investigaciones en reservas bien conservadas, donde podemos entender cómo deberían funcionar sus poblaciones con menor influencia de presiones humanas directas.
Fisiología reproductiva: cuando el cuerpo revela secretos ecológicos
La fisiología reproductiva ofrece pistas cruciales sobre cómo los coyotes interactúan con su ambiente y ajustan su ciclo de vida. Los coyotes son monoestricos, es decir, se reproducen de forma estacional con un único ciclo reproductivo anual, cuyo inicio y duración varían según la localización latitudinal, el fotoperiodo y otros factores ambientales.
Para comprender estos procesos, investigadores realizaron un estudio durante 2024 con una población silvestre en La Michilia, recolectando excretas frescas y analizando concentraciones de hormonas sexuales mediante métodos de inmunoanálisis no invasivos. Esta metodología permitió comprender la temporalidad de la reproducción y observar cómo varían las concentraciones hormonales a lo largo del año.
Los resultados revelaron diferencias significativas en la temporalidad reproductiva comparada con lo conocido para poblaciones en latitudes más norteñas. Aunque se esperaba un único ciclo anual, los datos apuntan a que podría haber más de uno, sugiriendo que los coyotes de esta reserva no siempre siguen el patrón esperado. Algunos individuos podrían estar listos para reproducirse al inicio del año, mientras que otros lo estarían más tarde.
La pregunta incómoda: ¿ciencia para controlar o para comprender?
Durante la presentación de estos resultados en un congreso, surgió una pregunta reveladora: si conocemos los ciclos reproductivos de los coyotes, ¿por qué no intervenir (cazarlos) en los periodos clave para controlar poblaciones? Esta pregunta refleja una lógica extendida en el manejo de fauna, donde el conocimiento biológico se interpreta como herramienta para el control más que para la comprensión.
Sin embargo, la reproducción es uno de los procesos más sensibles a la presión humana. Alterar estos periodos puede traer consecuencias impredecibles en la conformación de grupos sociales animales y generar respuestas compensatorias que compliquen el manejo poblacional. Resultó llamativo que la pregunta no apuntara a explorar alternativas como anticonceptivos u otras estrategias, sino directamente a la caza durante el periodo reproductivo.
Comprender para conservar: lecciones del coyote en México
En el Instituto de Ecología (INECOL), estudiar especies estigmatizadas como el coyote permite mirar la conservación desde otra perspectiva: no se trata de decidir qué animales merecen estar, sino de entender los procesos que mantienen la vida. Cada ciclo reproductivo, cada cambio hormonal y cada interacción con el entorno forman parte de una red compleja que sostiene comunidades ecológicas completas.
Proteger las reservas naturales implica reconocer y valorar a todas las especies que las habitan, incluso a aquellas que no siempre gozan de buena reputación. Observar los cambios hormonales a lo largo del año permitió identificar patrones claros del ciclo reproductivo y evidenció la plasticidad de la especie, información fundamental para entender cómo se regulan sus poblaciones dentro de la reserva.
Incorporar este enfoque en la ecología de las reservas ayuda a desmontar estigmas: ver a los coyotes como parte integral de los ecosistemas que buscamos conservar, en lugar de como amenaza, permite un manejo más informado y menos antagónico hacia especies frecuentemente malinterpretadas. La naturaleza sigue su curso, se adapta y se reproduce, recordándonos que su equilibrio depende tanto del conocimiento científico riguroso como del respeto que le otorgamos como sociedad.
