Defensores del territorio: el eslabón más débil frente al crimen organizado en México
Defensores del territorio: el eslabón más débil en México

Defensores del territorio: el eslabón más vulnerable frente a la violencia organizada

Otro ataque violento contra otro defensor del territorio en México. En esta ocasión, la víctima fue Erik Saracho, un incansable protector del jaguar en la Sierra de Vallejo a través de la fundación Alianza Jaguar, quien en los últimos años también se había destacado como activista frente a los abusos de desarrollos inmobiliarios en la Playa San Francisco, ubicada en Bahía de Banderas, Nayarit.

El atentado contra un defensor ambiental

Saracho fue atacado cuando llegaba a su vivienda después de haber dejado a su hija en la escuela. Los agresores le dispararon de frente con una pistola de 9 milímetros. Afortunadamente, los proyectiles no causaron su muerte, impactando principalmente en el brazo con el que intentó cubrirse el rostro. Las balas no alcanzaron la cabeza ni ningún órgano vital, permitiendo su supervivencia.

Erik, al igual que otros compañeros en la defensa de la playa San Pancho, contaba con un mecanismo de protección: un sistema electrónico para solicitar auxilio, conocido comúnmente como botón de pánico. Tras el atentado, activó inmediatamente este dispositivo. Sin embargo, la policía tardó una hora completa en llegar al lugar, una lamentable costumbre de las corporaciones municipales en todo el país que cínicamente denominan "protocolo para evitar enfrentamientos".

La alarmante estadística de violencia contra defensores

Los defensores del territorio se han convertido en el eslabón más débil de la sociedad mexicana frente al crimen organizado. El año pasado fueron asesinados 14 defensores sociales, ambientales y de derechos humanos en México, según cifras de organismos no gubernamentales. Otros conteos, también realizados por organizaciones de la sociedad civil, estiman en 40 el número de luchadores sociales asesinados o desaparecidos durante el mismo período.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la cifra acumulada alcanzó los 123 asesinatos y 1,428 agresiones, de acuerdo con datos del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA). Esto representa un promedio de poco más de diez ataques por semana, evidenciando que en este país los luchadores sociales viven literalmente bajo fuego constante.

La estructura criminal detrás de la violencia

¿Por qué el crimen organizado se ensaña particularmente con los luchadores sociales y defensores del territorio? La clave se encuentra en la figura denominada "jefes de plaza", quienes funcionan simultáneamente como controladores del territorio y como el gozne que articula toda la cadena del crimen. Esta estructura abarca desde los capos, políticos, jueces y empresarios, hasta los policías municipales, sicarios locales, vendedores de droga, cobradores de piso y halcones en las esquinas.

El control territorial es fundamental para que los negocios ilegales florezcan, y los principales obstáculos para estos "jefes de plaza" son precisamente los defensores del territorio. Estos luchadores sociales y ambientales articulan la protesta, dan rostro a los abusos y frecuentemente incomodan también a los poderes políticos establecidos.

La necesidad de recuperar los territorios

Eliminar, detener o incluso extraditar capos ayuda a debilitar temporalmente a los cárteles, pero deja completamente intacta la estructura social sobre la cual se sostiene el crimen organizado y la violencia sistémica. Recuperar los territorios y liberarlos de estas figuras denominadas "jefes de plaza" representa la única forma viable de construir una paz verdadera y duradera, en lugar de mantener esa pax narca con la que México ha convivido durante décadas.

La protección efectiva de los defensores ambientales y sociales requiere no solo mecanismos de alerta, sino una respuesta institucional inmediata y una estrategia integral para desmantelar las redes criminales que controlan territorios. Mientras esto no ocurra, los defensores seguirán siendo el eslabón más débil frente a una maquinaria criminal bien organizada y profundamente arraigada en numerosas regiones del país.