El Ultimátum a Veracruz: La Estrategia de Scott en la Guerra México-Americana
Con la guerra México-Americana en pleno desarrollo entre 1846 y 1848, el conflicto se trasladó al corazón del Golfo de México. En esta segunda parte, detallamos la audaz estrategia del general Winfield Scott para invadir el centro del país mediante un desembarco sin precedentes en el puerto de Veracruz, un episodio que marcó un giro decisivo en la contienda.
La Decisión Estratégica y el Desembarco Histórico
Los primeros enfrentamientos con Estados Unidos ocurrieron en la frontera norte de México, donde el Ejército mexicano se vio obligado a replegarse hacia el sur debido a las derrotas sucesivas. Ante el lento avance norteamericano, agravado por las vastas distancias, el gobierno estadounidense consideró una idea radical propuesta por el general Winfield Scott, inspirada en la táctica de Hernán Cortés: avanzar desde la costa del golfo hacia el centro del país.
La flota estadounidense, al mando del comodoro David Conner, se reunió en la Isla de Lobos, frente a Tamaulipas, antes de dirigirse a Veracruz. Temiendo ser barridos por los cañones de la fortaleza de San Juan de Ulúa, Conner intentó entrar por el río Papaloapan para tomar el puerto de Alvarado, pero fue rechazado dos veces por la férrea defensa local. Ante esto, el cuerpo general del ejército decidió arriesgarse a un desembarco cerca de la ciudad amurallada, frente a la Isla de Sacrificios, en la playa de Collado, a unos tres kilómetros de Veracruz.
El 9 de marzo de 1847, se llevó a cabo el primer gran desembarco anfibio de la historia moderna. Con 144 botes, arribaron tres divisiones con casi 13 mil hombres y 100 caballos a las playas veracruzanas. Scott inicialmente consideró que no era necesario usar artillería pesada de asedio, optando por aislar la ciudad mediante un corredor de seguridad de sur a norte para rendirla por hambre.
Para el 22 de marzo, Scott envió un ultimátum exigiendo la rendición del puerto, con un plazo hasta las cuatro de la tarde del mismo día. Ante la negativa de las autoridades locales, y con puntualidad heredada de los ingleses, a las cuatro en punto comenzó el bombardeo de Veracruz, un evento que cambiaría el curso de la guerra.
La Ciudad Amurallada y Sus Defensores
Veracruz en 1847 aún conservaba sus antiguas murallas, construidas en los siglos XVII y XVIII para protegerse de ataques piratas. Con aproximadamente 7 mil habitantes, la ciudad ya había sufrido la insurgencia de 1821, el bombardeo español de 1823 y la invasión francesa de 1838. Fundada por Hernán Cortés en 1521, era considerada la llave del reino debido a su importancia comercial.
La ciudad contaba con ocho baluartes defensivos, siendo los más dotados el de la Concepción en el norte y Santiago en el sur. Sus defensores, alrededor de 5 mil soldados, eran en su mayoría de origen indígena, pardos y mulatos, con escaso entrenamiento militar, una práctica común en los gobiernos hispanoamericanos que tuvo consecuencias fatales.
El armamento disponible era de segunda mano, principalmente de las guerras napoleónicas comprado a los ingleses, junto con algunas armas españolas antiguas. Testigos de la época documentaron el uso de fusiles de chispa Tower y la escasez de pedernales, lo que obligaba a los soldados a aprender a fumar para contar con llama de ignición.
La fortaleza de San Juan de Ulúa, última esperanza de defensa, sufría carencias básicas tras ser saqueada por los franceses en 1838. Políticamente, la situación era desesperante, con constantes cambios de régimen y la llegada del expresidente Antonio López de Santa Anna en agosto de 1846, que provocó que algunos estados se declararan neutrales.
Los Temores de Scott y el Bombardeo
El verdadero enemigo para Scott no eran las guerrillas veracruzanas, mal organizadas y sin apoyo pleno de las poblaciones aledañas, sino el "vómito negro", una enfermedad causada por el mal clima de la costa que afectaba a los extranjeros. Comerciantes como Francisco Lerdo de Tejada ya habían documentado en 1812 cómo expediciones españolas perdían vidas por enfermedades similares.
Scott también temía "fantasías" sobre la barbarie mexicana, influenciado por libros como La conquista de México de William Hickling Prescott. Sus oficiales, aunque querían emular a Hernán Cortés, temían que sus corazones fueran ofrecidos a dioses aztecas si eran capturados. Además, sabían que, de morir, sus cuerpos podrían quedar insepultos por ser considerados herejes en tierra consagrada.
El bombardeo de Veracruz, del 22 al 27 de marzo de 1847, fue devastador. Se lanzaron 6 mil balas y explosivos, causando daños estimados en 5 millones de dólares de la época. El ejército estadounidense probó armamentos pesados como cañones de a 24, obuses de ocho pulgadas, cohetes y bombas incendiarias. Políticos como William Jay calificaron la guerra como "el crimen más atroz".
Entre escombros y el miedo al "vómito negro", la resistencia veracruzana enfrentó desafíos abrumadores. Este episodio no solo demostró la superioridad militar estadounidense, sino también las profundas divisiones y carencias de México en un momento crítico de su historia.