Hasta una hora de espera para abordar alguno de los seis trenes que dieron servicio en ambos sentidos entre Buenavista y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) fue la realidad que vivieron los usuarios un día después de la inauguración oficial. Aglomeraciones, conatos de bronca entre pasajeros que, tras más de 60 minutos de espera, intentaban entrar a los saturados convoyes, marcaron el inicio de las operaciones caóticas de esta nueva ruta del Tren Suburbano.
Usuarios aplauden la nueva ruta, pero critican la saturación
Juanita y su papá, Manuel, experimentaron el 27 de abril lo que pensaban sería un día normal después de la inauguración del Tren Felipe Ángeles. Optaron por utilizar esta nueva ruta para cambiar su traslado cotidiano. Llegaron a la estación Prados Sur, que no está concluida y cuya escalinata de acceso fue improvisada para el banderazo de la presidenta Claudia Sheinbaum, con estructura tubular-metálica.
Para llegar a la estación, tomaron un pesero en Coacalco que los llevó hasta la base en una zona conocida como las vías, a unos 50 pasos de la estación Prados Sur, a la que arribaron pasadas las 6:35 de la mañana. Trabajadores de la obra, apoyados con banderines naranjas, auxiliaban para detener el tránsito vehicular y permitir el paso de quienes deseaban ingresar.
Pesadilla en el andén
La entrada fue rápida y sin problemas, ya que la tarjeta es la misma del Tren Suburbano, aunque también se venden tarjetas de Movilidad Integrada para conectar con Metro, Mexibús, RTP y Cablebús. Manuel y su hija pensaban que el traslado sería normal, como en el ramal Buenavista-Cuautitlán, donde los trenes llegan cada 10 minutos máximo. Pero la pesadilla comenzó: el andén hacia Buenavista estaba lleno, era un mar de gente que casi apretujados guardaban su espacio para abordar el próximo tren.
Cecilia, cajera de Bancomer que trabaja cerca de la Glorieta de Insurgentes, se mostraba nerviosa. Llegó desde las 6:00 de la mañana, pasó un convoy lleno del que nadie bajó y solo tres personas pudieron entrar entre empujones. "Si veo que en el próximo tren no hay manera, mejor me voy por mi ruta de siempre: Mexibús hacia Lechería y de ahí tomo el otro tren", comentó.
Pasadas las 6:35 arribó a Prados Sur uno de los seis trenes en servicio. Fue imposible abordarlo: al abrirse las puertas no cabía ni un alfiler. Impotentes por el avance del tiempo, algunos comenzaron a empujar, provocando intercambios de palabras y empujones que estuvieron cerca de acabar en golpes.
Espera de una hora para abordar
El convoy cerró puertas y siguió su camino. Arribó un tren con destino al AIFA que prácticamente iba vacío; nadie bajó ni subió. Juanita dijo con disgusto que no había otra opción más que esperar. Fue pasadas las 7:40, una hora después, cuando tuvieron la fortuna de encontrar un pequeño espacio dentro de uno de los cinco vagones articulados.
Gerardo, estudiante de Conalep que venía desde la terminal AIFA, comentó que el tren aguardaba varios minutos en cada estación porque era imposible cerrar las puertas debido a que algunos querían entrar a toda costa. "Ojalá suelten más trenes, si esto sigue así podría ocurrir un accidente", advirtió un usuario.
Respiro en Tlalnepantla
El ascenso y descenso de pasajeros fue el mismo: empujones para subir y para bajar. Fue hasta la estación Tlalnepantla cuando hubo un respiro a bordo, ya que un número importante de pasajeros descendió, aunque la marabunta humana continuaba en el interior.
Después de una hora de espera para abordar y 50 minutos de recorrido desde Prados Sur hasta Buenavista, se logró el objetivo. La experiencia y pesadilla del día después de la inauguración quedarán como un día de caos en el nuevo sistema de transporte.



