El problema en Paisajes del Tesoro
Lo que comienza como el zumbido aislado de un motor puede convertirse, en cuestión de minutos, en un estruendo continuo que invade casas, interrumpe conversaciones y pone en riesgo la vida de quienes transitan la calle. Así lo describe un vecino del fraccionamiento Paisajes del Tesoro, en San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, quien a través de un testimonio detallado expone una problemática que, lejos de ser reciente, se ha prolongado durante años sin una solución efectiva.
Zonas afectadas y dinámica
El punto de conflicto se concentra en dos vialidades: avenida Paisaje de los Valles —entre Vista a la Campiña y Paisaje de Luna— y Prolongación Las Fuentes —entre avenida de los Paisajes y el condominio Panorama Las Fuentes—. Ambas comparten características que, según el relato, las vuelven particularmente atractivas para los motociclistas: amplitud, bajo flujo vehicular y trayectos continuos que permiten acelerar, maniobrar y repetir circuitos sin mayores obstáculos.
Durante el día, la presencia de motocicletas es intermitente. “A veces basta con que llegue una sola moto a hacer arrancones para que el ruido sea insoportable”, señala el vecino. Sin embargo, el problema se intensifica de forma drástica al caer la noche. A partir de las siete u ocho, comienzan a reunirse grupos cada vez más numerosos. No se trata de una concentración fija, sino de un flujo constante: unos se retiran, otros llegan; se dispersan en una avenida y reaparecen en la otra. El resultado es una actividad prácticamente continua que puede extenderse hasta la una de la madrugada.
Horario crítico y maniobras peligrosas
El horario más crítico, explica, se ubica entre las nueve y las once de la noche. En ese lapso, las calles se transforman en una suerte de pista improvisada. Los motociclistas realizan “caballitos” —levantando la rueda delantera mientras avanzan—, arrancones, frenadas bruscas y recorridos en sentido contrario. Suben y bajan por los mismos carriles, ocupan tramos completos de la avenida y repiten las maniobras una y otra vez.
Consecuencias para los residentes
Las consecuencias son múltiples. En primer lugar, el ruido: motores acelerados, llantas derrapando y explosiones de velocidad que se perciben con intensidad dentro de las viviendas. “Hemos tenido que detener conversaciones porque no nos escuchamos. Para ver la televisión tenemos que cerrar todo, y aun así es difícil”, relata. La experiencia no es esporádica, sino diaria. De lunes a domingo, con mayor intensidad los viernes y sábados, el descanso se ve interrumpido por un sonido que, según describe, “no da tregua”.
Pero más allá de la incomodidad, el testimonio pone el foco en el peligro. La combinación de velocidad, maniobras riesgosas y falta de control ha derivado en múltiples incidentes: caídas, choques contra automóviles y situaciones cercanas a atropellos. “Hay jóvenes que no dominan la moto, pierden el equilibrio en plena pirueta y se caen. Ya ha pasado varias veces”, advierte. La circulación en sentido contrario agrava el escenario: conductores que creen tener el camino libre se encuentran de frente con motocicletas que bajan a alta velocidad por el carril equivocado.
El propio vecino afirma haber estado cerca de colisionar en más de diez ocasiones. A ello se suma una preocupación latente: la geografía del lugar. En algunos tramos, la pendiente y la cercanía de desniveles aumentan el riesgo de que un accidente tenga consecuencias graves. “Un día de estos alguien se va a ir por la barranca o va a atropellar seriamente a un peatón”, señala.
Respuesta insuficiente de las autoridades
La problemática no es nueva. Según el testimonio, lleva al menos tres años —posiblemente más— repitiéndose con variaciones, pero sin desaparecer. A lo largo de este tiempo, los vecinos han intentado múltiples vías para buscar una solución. Han enviado cartas a autoridades de seguridad estatal y municipal, incluyendo solicitudes dirigidas a funcionarios y a la presidencia municipal de Tlaquepaque. Sin embargo, aseguran no haber recibido respuestas efectivas.
En algunos casos, la reacción institucional ha sido insuficiente o desfasada. Se menciona, por ejemplo, el envío de una patrulla en horario diurno, cuando la actividad problemática ocurre principalmente por la noche. En otras ocasiones, la intervención ha dependido de la disponibilidad de recursos: patrullas que acuden tras reportes vecinales, pero que no pueden permanecer en la zona debido a otras emergencias prioritarias.
“Nos dicen que tienen pocos elementos y que hay situaciones más graves que atender. Lo entendemos, pero eso no resuelve el problema”, explica el vecino. Actualmente, algunos residentes mantienen contacto directo con mandos policiales a través de mensajería, lo que permite respuestas relativamente rápidas en momentos críticos. Aun así, la solución es temporal: en cuanto la patrulla se retira, los motociclistas regresan.
También se han realizado operativos más amplios en coordinación con autoridades de vialidad, en los que se han asegurado decenas de motocicletas. Estos despliegues, que incluyen el cierre de calles y el uso de grúas, han tenido resultados visibles, pero su baja frecuencia limita su impacto a largo plazo. “Han sido dos operativos en años. No es suficiente para cambiar el comportamiento”, afirma.
Propuestas de los vecinos
Frente a la persistencia del problema, la comunidad ha comenzado a plantear alternativas más estructurales. Una de ellas es el cierre nocturno de las vialidades más afectadas mediante rejas o controles de acceso, con el objetivo de eliminar los espacios que funcionan como pista. Otra propuesta es la presencia permanente de vigilancia en los horarios críticos, ya sea mediante turnos rotativos entre distintas corporaciones. También se sugiere aumentar la frecuencia de los operativos, de manera que generen un efecto disuasivo real.
Desgaste colectivo y espera de solución
El testimonio, más allá de la denuncia, revela una sensación de desgaste colectivo. No se trata únicamente del ruido o del peligro, sino de la repetición constante de una situación que no encuentra solución. “Es todos los días. No hay descanso”, resume.
En Paisajes del Tesoro, las noches siguen marcadas por el mismo patrón: motores que irrumpen en la tranquilidad, calles convertidas en circuito y vecinos que, entre la resignación y la insistencia, continúan esperando una respuesta que logre devolverles algo tan básico como el silencio y la seguridad.



