Itacate: el antojito triangular de Tepoztlán que debes probar
Itacate: el antojito triangular de Tepoztlán

El viaje a Tepoztlán no inició con la subida al cerro, sino frente a un comal. Ahí apareció una pieza de masa azul, triangular, crujiente por fuera y rellena por dentro. A primera vista podía parecer una gordita o un tlacoyo, pero en este Pueblo Mágico de Morelos, el más cercano al Estadio Azteca, tiene nombre propio: itacate, una comida tradicional capaz de contar la historia del pueblo mejor que cualquier postal.

Este antojito, común en el mercado y en distintos puestos del Pueblo Mágico, se ha convertido en una parada casi obligada para quienes visitan Tepoztlán, Morelos. Su forma triangular lo vuelve reconocible, pero su historia va más allá de la curiosidad visual: habla del maíz, de la milpa, de la comida pensada para llevar y de la manera en que un platillo cotidiano terminó convertido en parte de la experiencia turística del pueblo.

¿Qué son los itacates de Tepoztlán?

Los itacates son preparaciones hechas con masa de maíz, generalmente en forma triangular, que se cocinan en comal hasta quedar doradas y con una textura ligeramente crujiente. Pueden servirse solos o abrirse para rellenarse con distintos guisos, como frijol, queso, flor de calabaza, papa con chorizo, tinga, chicharrón, requesón o carne.

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Aunque para muchos visitantes la primera impresión puede ser la de una “gordita triangular”, el itacate tiene una identidad. Su encanto está precisamente en esa mezcla entre lo familiar y lo distinto: parece algo que ya se conoce, pero al probarlo se descubre que pertenece a una tradición local específica.

Una comida nacida para acompañar el trabajo

El nombre “itacate” está relacionado con la idea de comida para llevar. En México, usamos esta palabra para referirse a los alimentos que alguien guarda o transporta para comer después. En Tepoztlán, esa función ayuda a entender el origen del platillo: una preparación útil para quienes pasaban largas jornadas fuera de casa.

Antes de convertirse en un antojito buscado por visitantes, el itacate era parte de una lógica campesina. Debía ser resistente, fácil de transportar y capaz de comerse sin demasiadas complicaciones. La masa de maíz cumplía esa función: alimentaba, se podía preparar en casa y acompañaba el trabajo diario.

El maíz como mapa de Tepoztlán

Tepoztlán suele asociarse con el cerro del Tepozteco, con su ambiente místico, sus calles empedradas, sus nieves y su mercado. Pero el maíz también es una manera de recorrerlo. Los itacates conectan al visitante con una tradición alimentaria que no nació para el turismo, aunque hoy forme parte de él.

La Secretaría de Turismo describe a Tepoztlán como un destino de historia, cultura, belleza natural, gastronomía y artesanía, ubicado al norte de Morelos, cerca de Cuernavaca. Esa combinación explica por qué el pueblo no se agota en una sola experiencia: se puede subir al cerro, visitar el exconvento, caminar por el centro o detenerse a comer algo que tiene raíz local.

El itacate entra en esa categoría de alimentos que funcionan como una pequeña cápsula cultural. No necesita una presentación complicada: basta verlo salir del comal, partirlo y rellenarlo para entender por qué se volvió parte del viaje.

¿Por qué probarlos en el mercado?

Una de las mejores formas de acercarse a los itacates es buscarlos en el mercado o en puestos tradicionales del centro. Ahí, el platillo está en puestos ambulantes, junto a la barbacoa o a la cecina que también es característica de ese estado.

El comal le da esa capa dorada que lo distingue. Luego vienen los rellenos, la crema, el queso, la salsa o el acompañamiento que cada puesto ofrece. Esa variedad también permite que cada visitante tenga una versión distinta del mismo platillo.

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