Durante toda su gestión, la presidenta Sheinbaum había privilegiado una actitud de “cabeza fría” en la compleja relación que nuestro país sostiene con la administración Trump. Esa templanza se esfumó. Pasamos del hielo que calculaba y ponderaba consecuencias a un fuego discursivo abrazador que podría “evaporar” muchos avances estructurales que se habían forjado a través de los años.
El impacto de las acusaciones contra Rocha
Las acusaciones contra Rubén Rocha y sus allegados le pegaron en el centro de gravedad al gobierno de México y a su coalición gobernante. Morena sintió el rigor de casos judiciales concretos y la entrega voluntaria de dos de los indiciados prendió todas las alertas del movimiento. Se perciben acorralados. Actúan a la defensiva.
Blindaje político y reforma constitucional
La “cruzada contra la injerencia” se tradujo en un blindaje político que no se tenía en el guion original. A marchas forzadas, el Congreso aprobó una reforma constitucional, al artículo 41 de la Constitución, que establece la intervención extranjera como una nueva causal para anular elecciones federales y locales.
El discurso presidencial y sus contradicciones
El paso siguiente se dio en la arena política. En un mitin partidario, la Presidenta dobló la apuesta que había lanzado anteriormente. El Departamento de Justicia de Estados Unidos, que encabeza el exabogado personal de Trump, Todd Blanche, pretende convertirse, de la mano de la “ultraderecha mexicana”, en un “elector” que sustituya la voluntad de todos los mexicanos. Ante la dureza inusual de la perorata dominguera, vino la corrección al día siguiente. El lunes, la Presidenta descartó que Donald Trump esté detrás de las presiones y señalamientos recientes contra su gobierno. “Les confieso que yo no creo que sea el presidente Trump quien anda encabezando esta ofensiva en distintos temas, no lo creo”, afirmó en conferencia mañanera.
El control de daños ante los excesos discursivos no parece convincente y contradice el sentido original de los alegatos domingueros. Ahora resulta que la “campaña injerencista” no tiene liderazgo político visible. Las pretensiones de tutelaje externo escapan al férreo control que Trump ejerce sobre su gobierno. Como en los viejos tiempos, los “enemigos de México” son anónimos. Ni chicha ni limonada.
El futuro de las investigaciones en EU
Esto es sólo el comienzo. Las cortes y fiscalías federales estadounidenses continuarán pesquisas, acusaciones y largos juicios penales. La baraja de nombres está en su etapa inicial. Como el propio gobierno lo ha reconocido, gracias a la corrupción y la impunidad, extensos territorios son controlados por grupos criminales que encuentran en políticos sin escrúpulos a los mejores socios para poder operar con libertad.
Balance de la negociación comercial
Estamos en medio de una negociación comercial que anticipa dificultades excepcionales. El propio secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha reconocido que Estados Unidos está diseñando un nuevo sistema comercial, en el que “el libre comercio dejó de existir”. El futuro económico de México depende en gran medida de que los resultados de este proceso mantengan al menos el statu quo que se ha venido consolidando en las últimas décadas. Con una relación bilateral fracturada como nunca antes, los intereses comerciales del país tendrán que navegar una nueva estructura arancelaria donde se busca alcanzar la mejor posición posible, donde las tarifas sean más bajas que las que se apliquen a otras naciones.
El cambio de tono en el discurso de la Presidenta en relación con su principal socio comercial está motivado por una valoración política que busca anticipar daños y diluir responsabilidades. La “vacuna anti injerencia” es un prolegómeno que anticipa tiempos oscuros para la gobernabilidad interna y el desarrollo económico. La defensa a ultranza de Rocha y sus secuaces tendrá efectos desastrosos para el país. Lo peor está por venir.



