En su nuevo libro La economía del bien común, la economista Mariana Mazzucato plantea una crítica al orden económico digital actual, al que califica de tecnofeudalismo. Para Mazzucato, las grandes corporaciones tecnológicas no solo venden productos, sino que son dueñas de las tierras digitales, mientras los usuarios, con cada clic y dato, trabajan gratis para ellas. Frente a este escenario, la autora propone un marco de gobernanza colectiva que evite que el poder se concentre en una decena de multimillonarios cuyos patrimonios eclipsan el PIB de naciones enteras.
La brújula del bien común
Mazzucato sostiene que este libro cierra una década de trabajo, pasando del “qué” puede hacer el Estado al “cómo” gobernamos de forma colectiva. Su propuesta central es la “Brújula del Bien Común”, un conjunto de cinco elementos prácticos que deben funcionar en sintonía para traducir el concepto de bien común en contratos, cláusulas y leyes tangibles. La economista recuerda la experiencia de Audrey Tang, exprimera ministra digital de Taiwán, quien hablaba de la tecnología como un “tequio digital”.
Los cinco pilares prácticos
El primer pilar es el propósito y la direccionalidad: establecer misiones claras para alinear la innovación. Mazzucato cita el caso de Barbados, que convirtió la cultura en el eje de su estrategia económica para sanar las heridas del colonialismo. El segundo es la cocreación y la participación, donde los ciudadanos deciden el rumbo, como hizo el ayuntamiento de Camden, en Reino Unido, al incluir asambleas ciudadanas en el rediseño de servicios de salud.
Aprendizaje colectivo y acceso equitativo
El tercer pilar es el aprendizaje colectivo y el intercambio de conocimientos, gestionando las patentes como bienes públicos. El cuarto es el acceso para todos y el reparto de beneficios, implementando la predistribución para que las ganancias se compartan cuando el gobierno arriesga dinero público. El quinto, base de todo, es la transparencia y la rendición de cuentas, con soberanía digital como la de Barcelona con CityOS, que trata los datos municipales como un recurso compartido.
El riesgo del mision-washing
Mazzucato alerta sobre el mission-washing o lavado de imagen mediante misiones. Gobiernos de México, Brasil y corporaciones de Silicon Valley hablan de “misiones” y “propósito”, pero detrás mantienen relaciones parasitarias: el gasto es público, el algoritmo es privado y los datos se expropian. Para hackear esto, propone cambiar las reglas del diseño institucional: si una empresa tecnológica quiere subsidios o acceso a datos públicos, el Estado debe exigir condicionalidades estrictas desde el principio.
El problema del precio del huevo
La autora advierte sobre “el problema del precio del huevo”: la estrategia industrial global gasta cientos de miles de millones en semiconductores y energía verde, pero sufre una crisis de legitimidad porque los votantes no ven el impacto en sus vidas. Si las misiones son tecnocráticas, la ciudadanía las rechaza. La economía del bien común no es una utopía, sino un proyecto práctico, medible y gobernable. En los años decisivos, o configuramos los mercados tecnológicos bajo una lógica democrática, o nos resignamos a ser siervos digitales de un nuevo feudo.



