La felicidad como motor humano
Desde que el ser humano tomó conciencia de sí mismo, uno de sus mayores motivadores es la sensación de felicidad. Nuestro cerebro aprende con base en pruebas, errores y recompensas que generan descargas de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y las endorfinas. Aunque no entendamos cómo funciona nuestra materia gris, cada individuo tiene su propio concepto de felicidad y de qué la provoca. Nadie es feliz todo el tiempo, pues si así lo fuera no podríamos reconocer la felicidad por no conocer la tristeza.
El lado oscuro de la felicidad
Es irónico que mucho de lo que nos produce felicidad también se pueda convertir en nuestra condena más grande: la comida, alguna persona, el alcohol, las drogas, el sexo, la adrenalina, las apuestas —por mencionar algunas cosas— también pueden convertirse en peligros para cualquier individuo que, al no encontrar en su vida las satisfacciones y alegrías que lo motiven, busque en los excesos la felicidad artificial que provocan las adicciones.
La felicidad en las constituciones
La declaración de independencia de Estados Unidos proclama el derecho de los ciudadanos a “la vida, libertad y la búsqueda de la felicidad”; los Emiratos Árabes Unidos establecieron el primer Ministerio de Felicidad y Bienestar. En México, la Constitución de Apatzingán de 1814 declaraba que “la felicidad del pueblo y de cada uno de los ciudadanos, consiste en el goce de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad” —concepto que ya no existe en la Constitución que nos rige.
La paradoja mexicana
Los mexicanos tratamos de ser felices pese a las vicisitudes de la vida. Esto es nuestra bendición y tragedia: ponerle buena cara al mal tiempo y ser felices, en lugar de cambiar las condiciones que generan nuestra miseria. Pensamos que la felicidad nos llega por gracia divina, amigos, familia, suerte o a través de un tequila. Nunca reparamos en que la felicidad depende de uno mismo: es una condición mental y espiritual. Afortunadamente, hay quienes su felicidad contempla aprender, superarse, vencer miedos, ser el mejor en algún área o simplemente ser mejor que ayer. Es muy triste escuchar a una persona decir “a mi edad yo ya no voy a cambiar”; la mente humana es tan extraordinaria que nos permite hacerlo hasta el último día de nuestra vida.
El juego como fuente de felicidad
Algo que provoca felicidad desde la niñez es de lo más elemental: jugar. Lo lúdico provoca emoción, risa, estimula los sentidos porque también tiene el objetivo de ganar, ser mejor que el resto. El proceso para lograrlo es tan importante como el triunfo mismo. Hay quienes utilizan trampas para tratar de imponerse, pero nada es más satisfactorio que la victoria alcanzada con todas las de la ley. Igual de importante es aprender a perder, es parte de la vida misma representada en un juego o en un deporte organizado. Aprender a ser magnánimo y humilde cuando se gana, pero también aprender a perder, a ser motivados por la frustración, la tristeza o el enojo para ser mejores. Reconocer el éxito como un ejemplo a seguir y no como un pecado a través de la envidia.
El peligro de la mediocridad
Actualmente, estamos cometiendo el error de dejar de premiar el éxito para que quienes no son tan buenos no se sientan mal, provocando que los mejores ya no se esfuercen por tener recompensas y que los que no triunfaron estén confiados en que igual serán recompensados, fomentando la mediocridad. La vida se encarga de enseñar esta lección, muchas veces con consecuencias mucho más serias que perder en un juego o reprobar un año escolar.
El Mundial como unión nacional
A México le urgía ser feliz, por lo menos dos semanas (esperando que sean cuatro), gracias al Mundial. Porque estamos jugando juntos, no sólo en la cancha, sino en el Ángel, en las plazas, en los Fan Fest y en cada hogar. Ojalá que nos demos cuenta de que somos mejores unidos que divididos, que no sólo nos une un deporte o las tragedias. Que nos unen las alegrías, el deseo del bien común, de la justicia y de nuestra identidad. Si lo hacemos, ya no pensaremos en el quinto partido, estaremos trabajando para ser los mejores en todo, no sólo en el futbol.



