La falta de claridad al decidir: el riesgo más caro para las empresas
Falta de claridad al decidir: riesgo caro para empresas

La falta de claridad al tomar decisiones es el riesgo más costoso que enfrentan los negocios hoy en día. Así lo afirma Gabriel Uribe, CEO y fundador de Rising Up, en su columna de opinión publicada en Expansión. Según Uribe, muchas decisiones fallan no por falta de información, sino porque la claridad mental no está presente. Las empresas tienen más datos que nunca: dashboards, indicadores de desempeño y herramientas analíticas. Sin embargo, las decisiones se toman con prisas, bajo presión y sin un entendimiento profundo de la situación real.

El costo oculto de decidir sin claridad

Uribe señala que hay decisiones que cuestan millones pero no dejan rastro en los estados financieros. Se disfrazan de rapidez, capacidad de reacción y liderazgo. La velocidad se ha convertido en un valor incuestionable, y la presión por moverse antes que los demás ha instalado la lógica de que decidir rápido equivale a decidir bien. Esto explica por qué los equipos avanzan en direcciones incorrectas con absoluta convicción.

El problema no está en la falta de información. Las empresas tienen más datos que nunca, pero las decisiones fallan porque la información no reemplaza la claridad. El reto está en entender qué ocurre realmente, diferenciar entre lo urgente y lo importante, y distinguir entre las variables vitales y las que solo generan ruido. Esto exige una pausa que muchos líderes consideran un lujo, pero que en realidad es una inversión.

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Los tres efectos críticos de la falta de claridad

Cuando la urgencia domina, el criterio se deteriora. La mente prioriza la acción sobre la comprensión, y la toma de decisiones deja de ser un proceso estructurado para convertirse en una reacción. El costo aparece después con proyectos que no generan valor, tareas duplicadas y equipos con objetivos confusos.

Uribe identifica tres efectos críticos de la falta de claridad:

  • Fragmentación: Cada equipo avanza con una lectura distinta del problema. Los objetivos dejan de alinearse y comienzan a competir por recursos, tiempo y atención.
  • Desgaste: Tomar decisiones sin claridad demanda correcciones constantes. El talento entra en ciclos de retrabajo que consumen energía y afectan la motivación.
  • Pérdida de confianza: Cuando el rumbo cambia con frecuencia o no se logran los resultados esperados, el liderazgo pierde fuerza.

Estos efectos no aparecen de forma aislada, se acumulan con el tiempo y afectan la velocidad de la ejecución, justo el valor que se intenta proteger.

Claridad mental como ventaja competitiva

La claridad mental no depende únicamente del acceso a información, sino del estado interno desde el cual se interpretan los datos. Aquí entra un elemento que pocas organizaciones consideran: el autoconocimiento. Un líder que no reconoce sus propios sesgos, presiones y patrones de reacción toma decisiones condicionadas por factores que no siempre logra detectar. El estrés, la necesidad de control, el miedo a equivocarse o la urgencia por demostrar resultados influyen más de lo que se admite.

Uribe comenta que ha visto organizaciones mejorar considerablemente su desempeño cuando incorporan espacios estructurados para pensar antes de actuar. No se trata de detener la operación, sino de introducir momentos que eleven la calidad de las decisiones.

Decidir mejor también es disciplina

La claridad no depende de una intención individual, requiere estructura. Uribe propone cuatro pasos:

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  1. Ser consciente de cómo se siente la situación. Esto determinará el estado emocional con el que se observa lo que está pasando. Reconocer la incomodidad o la confusión genera acciones muy distintas para llegar al resultado.
  2. Definir con precisión. No todas las situaciones merecen el mismo nivel de atención, ni todo está en nuestro control, ni toda la información que se tiene es real. Por ejemplo: “tenemos un gran problema con un proveedor” no es real, pero “el embarque llegará 5 días después de lo previsto” sí.
  3. Establecer criterios de decisión. Qué información se considera relevante, quién participa y qué criterios determinan el éxito. Cuando está definido, la claridad se convierte en un proceso replicable. Uribe recuerda que antes de tomar una decisión es necesario verificar cómo se siente en el cuerpo: una decisión tomada desde la claridad normalmente se siente ligera y no tiene prisa, aunque sea urgente.
  4. Evaluar acciones pasadas con honestidad. No para señalar errores, sino para entender cómo y por qué se tomaron esas decisiones. Esta revisión construye aprendizaje y cohesión de equipo.

Conclusión: velocidad no es efectividad

Las empresas que logran sostener resultados a lo largo del tiempo cuentan con líderes que piensan y sienten mejor antes de actuar. No confunden velocidad con efectividad y comprenden que cada decisión importante define una cadena de consecuencias. Al final, tomar decisiones siempre tiene un costo. A veces aparece en los resultados, en el desgaste y otras más en oportunidades que nunca se concretan.

Nota del editor: Gabriel Uribe es CEO y fundador de Rising Up. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.