Un Mundial extraordinario
Terminó el Mundial para nosotros, en la cancha y en el suelo patrio. Fueron 25 días extraordinarios. Creo que hay que llamarlos así. Que no se olvide este lunes que los pronósticos de hace tres o cuatro meses apuntaban a una mala, peligrosa experiencia, tanto en el futbol como en las calles.
Éxito futbolístico sin precedentes
Escribo esto al acabar el partido, sin saber cómo transcurrió la noche en la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y el resto del país. Si no ocurrió una tragedia de violencia e insensatez, nuestro Mundial habrá sido un éxito. Un gran éxito. Lo ha sido en lo futbolístico. Cualquier análisis concluirá que nunca la Selección había ganado cuatro partidos, etcétera. Pero, sobre todo, jamás había bombardeado durante los últimos 20 minutos del partido a una de las grandes potencias: Inglaterra, cuya nómina superaba en 6.7 veces a la de nuestro equipo.
Una metáfora de lucha
Me quedo con esa metáfora. Mi generación, que ha seguido 16 Copas del Mundo, nunca presenció algo similar. Y en las calles, el Mundial fue una gustosa, pacífica, colosal fiesta. Un éxito.
Imagen de un México vivo
Lo dijimos aquí hace unos días: el Mundial nos deja la imagen panorámica de un México vivo, alegre, cordial y razonablemente ordenado y seguro. No sé a quién haya que agradecerle esto, pero gracias. Porque quienes tuvimos la suerte de vivir el verano de 2026 sabemos que ese verano bien nos podrá acompañar siempre. Gracias, México.



