Un suceso extraordinario confirmó la sospecha de navegantes, científicos y aventureros: la existencia de una corriente en el mar congelado del Polo Norte. El 13 de junio de 1881, el barco Jeannette, una vieja cañonera británica de 43.3 metros de eslora con tres mástiles y bandera estadounidense, se hundió a unos 560 kilómetros al norte de la costa de Siberia. Fue una lacerante tragedia: solo sobrevivieron 14 de sus 33 tripulantes. La presión de los hielos enroscó, trituró y engulló la nave. Tres años después, el 18 de junio de 1884, sus restos aparecieron meciéndose en las ondas marinas al suroeste de Groenlandia.
Este hallazgo despertó y acentuó el interés por descubrir el paso del Noroeste. Décadas antes, otras expediciones habían fracasado con finales dramáticos, como la de los barcos ingleses Terror y Erebus, que conmovieron al mundo. La sociedad victoriana no aceptaba que en la lucha por sobrevivir los marineros hubieran practicado la antropofagia, algo que sí ocurrió en el accidente aéreo de Los Andes en 1972.
El audaz proyecto de Nansen
Con el suceso del Jeannette, el noruego Fridtjof Nansen (1861-1930), científico, explorador, campeón de esquí y patinaje, y premio Nobel de la Paz, convenció a la Sociedad Geográfica de Noruega —a pesar de la oposición de la mayoría de los científicos extranjeros— de apoyar su audaz proyecto: construir un barco para navegar a la deriva por el hielo del océano Ártico, lo que comprobaría su teoría del paso del Noroeste.
El barco fue construido por Colin Archer siguiendo las especificaciones de Nansen y Otto Sverdrup, asesor y explorador. Era una nave de madera, liviana y resistente, diseñada para elevarse con la presión de los hielos. Se le llamó Fram, que significa “Adelante”. El Fram escribió historia: fue la primera nave en navegar más cerca del Polo Norte y del Polo Sur. Roald Amundsen lo tripuló en su expedición al Polo Sur. Actualmente se conserva en el museo Bygdoy, en Oslo, muy cerca de la balsa Kon-Tiki de Thor Heyerdahl.
Hazañas que marcaron época
Cuántos episodios desfilaron por mi mente al contemplar estas naves en 2005. Los incas y algunos polinesios adoraban un dios común, el Sol, Kon-Tiki, un puente de comunicación entre América y Oceanía. Amundsen, el primero en surcar el paso del Noroeste, plantó la bandera noruega en el Polo Sur el 14 de diciembre de 1911. El inglés Robert Falcon Scott llegó 33 días después y murió de frío e inanición junto con sus compañeros durante el regreso a la base de abastecimiento.
La atmósfera de aquella época era de investigación, aventura, exploración y competencia, una agresiva caballerosidad. Camino al Polo, Amundsen envió un telegrama a Scott: “Me permito informarle que la Fram se dirige a la Antártida”. Las hazañas de estos héroes precursores influyeron y motivaron el espíritu de lucha de la humanidad y el deporte. Alcanzados los polos, el hombre miró hacia las alturas: las desafiantes nevadas cumbres del Himalaya. El 3 de junio y el 29 de mayo son fechas inolvidables en el montañismo.



