Sheinbaum: renunciar a Madrid por APEC es elegir lo mejor para México
Sheinbaum: renunciar a Madrid por APEC es elegir lo mejor

La filosofía de la renuncia según André Gide

En Los alimentos terrestres (1897), André Gide afirmó que elegir es renunciar para siempre a todo lo demás. Esta obra, un homenaje a la liberación individual, se erige como un manifiesto del desprendimiento. En México, dos líderes han renunciado a la superficialidad de las clases medias altas y altas —buenos restaurantes, cabinas caras de avión, hoteles de lujo—: la presidenta Claudia Sheinbaum y el expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Claudia y Andrés Manuel se desprendieron, desde jóvenes, de la obsesión por los placeres pequeñoburgueses. Eligieron entregarse a un proyecto que, aunque antes utópico, hoy tiene posibilidades reales: mejorar sustancialmente la vida de la gente abandonada por el sistema neoliberal, que solo benefició a unos cuantos. México ha aportado demasiados multimillonarios a las listas de las personas más ricas del mundo, una vergüenza porque se han enriquecido brutalmente sin innovar y sin enfrentar competencia, gracias a un sistema que condenó a decenas de millones al empobrecimiento.

Elegir es renunciar, pero sin culpas

Elegir es renunciar, es verdad, pero la elección de un camino, independientemente de lo que se deje atrás, no debe paralizar a nadie. Gide lo sabía: exigía aceptar sin culpas, dogmas o nostalgias la renuncia implícita en cada decisión. Los alimentos terrestres de los que habla Gide son las cosas sencillas: el amor y la sexualidad sin restricciones moralistas; la amistad; la curiosidad y el descubrimiento; la naturaleza; los paisajes; el sol; el mar; la fruta; el vino no contaminado por la mercadotecnia; el arte; la lectura; el rechazo de los dogmas y la experiencia de la libertad personal.

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André Gide fue un destructor de dogmas. Así lo veía Jean-Paul Sartre. No es incorrecto calificarlo como precursor del existencialismo. Formado en la ortodoxia protestante, Gide fue un hombre sin Dios. Defendió su homosexualidad en Corydon en un tiempo en que costaba hacerlo, y le costó. Logró renunciar a la culpa puritana al decidir seguir el llamado de su propia naturaleza, tras haber tenido contacto en África con Oscar Wilde. Fue además un comunista que se horrorizó de este sistema, bellísimo en teoría pero atroz en la práctica en la Unión Soviética que conoció.

Claudia Sheinbaum: elegir lo mejor para México

Llegué a André Gide reflexionando sobre por qué Claudia Sheinbaum tendría que renunciar a dar gusto a la derecha mexicana, tan cursimente hispanista, a esos grupos conservadores y monárquicos —que imitan el acento español—, cuyo mayor deseo es ver a la presidenta de México conviviendo con el rey Felipe VI en la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid, en noviembre próximo. Pero esa reunión sería un conciliábulo de ultraderechas latinoamericanas. Por más que el anfitrión sea el progresista Pedro Sánchez, la mayoría de los participantes son conservadores: el argentino Javier Milei, fanático del libre mercado; el colombiano Abelardo de la Espriella, misógino y homofóbico; el ecuatoriano Daniel Noboa, enemigo declarado de la izquierda mexicana; y el salvadoreño Nayib Bukele, represor aspirante a dictador.

Tales presidentes no conocen los límites verbales. Malos imitadores de Donald Trump, probablemente insultarían al anfitrión y a la líder de izquierda más importante, Sheinbaum. No podemos ignorar que en Madrid habría un mal ambiente callejero contra la mexicana, alentado por la gobernante de la ciudad, Isabel Díaz Ayuso.

APEC en China: una oportunidad estratégica

Dos semanas después de la Cumbre Iberoamericana de Madrid (4 y 5 de noviembre), se celebrará el 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, China, la 33ª Reunión de Líderes Económicos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). ¿Qué evento es más relevante? Los países iberoamericanos, con alrededor de 670 millones de habitantes, representan menos del 9% del PIB mundial. Las naciones de APEC —Estados Unidos, China, Japón, Australia, Rusia, México, Canadá, Corea del Sur, etcétera—, con más de 3 mil millones de personas, suman el 61% del PIB global.

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Sheinbaum en Madrid se encontraría con poca gente valiosa: Felipe VI, Pedro Sánchez y Lula si este ganara su reelección. En Shenzhen, ciudad cercana a Hong Kong, dialogaría con el presidente de China, Xi Jinping; el de Estados Unidos, Donald Trump; el de Rusia, Vladimir Putin; la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi; el primer ministro de Canadá, Mark Carney, entre otros.

Logística de los vuelos y el desfile de la Revolución

Es fácil llegar a Madrid. Aeroméxico e Iberia tienen vuelos directos. La presidenta se subiría al avión —en CDMX, Guadalajara o Monterrey—; descansaría lo que pudiera durante las 11 horas de trayecto en cabina turista, que es la que utiliza para no derrochar dinero público, y tras aterrizar dormiría en un hotel de precio medio antes de trabajar al día siguiente. El viaje a China sería mucho más complicado: vuelo de 30 horas con escalas, lo que le impediría regresar a tiempo para el desfile de la Revolución mexicana.

¿Vale la pena posponer unos días ese desfile o retrasarlo una semana para estar con Putin, Trump y Xi Jinping, los líderes más importantes del mundo? Pienso que sí. Claramente es adecuado renunciar a una ceremonia por elegir un evento fundamental para México, no solo por su significado económico, sino también porque sería una oportunidad de convivir con el poderoso vecino del norte y con sus rivales a quienes sí teme. Sería una manera de estar con el aliado más fuerte, el presidente Trump, pero al mismo tiempo con los grandes adversarios de este, los presidentes Putin y Xi Jinping. Así, sin palabras ni confrontación, marcaría una posición firme: estar cerca del poder dominante que tenemos al lado, pero con límites porque el mundo es enorme.