Voto femenino: conquista histórica, no un regalo que ceder al hombre
Voto femenino: conquista, no regalo

La idea de que las mujeres deben renunciar a su derecho al voto y a ser votadas, cediéndolo al hombre de la familia, ha ganado terreno en ciertos círculos conservadores. Pero esta noción, promovida por figuras como Erika Kirk, viuda del activista Charlie Kirk, y el panista mexicano Javier Albarrán, ignora la historia de lucha que ha permitido a las mujeres conquistar —arrebatar, diría yo— cada uno de sus derechos políticos.

Una lucha que comenzó hace un siglo

Mientras los hombres, al menos en los últimos cien años, nacieron con derecho a la educación, la salud y el voto, las mujeres tuvieron que perseguir a expresidentes y presionar incansablemente para que se les reconociera como ciudadanas. En Yucatán, por ejemplo, ese derecho se logró desde 1923, pero a nivel federal las mexicanas no pudieron votar hasta 1953. En Estados Unidos, la lucha fue igualmente ardua, y hoy vemos peligrosos intentos de retroceder.

El voto es inalienable: no se cede ni se presta

El voto es un derecho inalienable. No se puede transmitir, ceder, prestar ni vender. La idea de que las mujeres entreguen su sufragio al esposo, padre o hijo no fortalece a la familia, como afirma Kirk, sino que borra de un plumazo la lucha de millones de mujeres que arriesgaron su libertad y su vida para que hoy seamos tomadas en cuenta como ciudadanas con voz, autonomía y derechos.

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Erika Kirk, en sus declaraciones, ha promovido la idea del voto familiar unificado, donde la mujer cede su decisión al varón. Esta postura no solo es un retroceso, sino una ofensa a la memoria de las sufragistas. En México, el panista Javier Albarrán también ha impulsado estas tendencias, reduciendo a las mujeres a una extensión de la voluntad masculina.

Ejemplos globales de retroceso en derechos

La historia reciente muestra que los derechos de las mujeres son frágiles. En Afganistán, Irán, Rusia, Letonia, Venezuela y varios países de África, las mujeres han visto cómo sus derechos se desvanecen. En Estados Unidos, la revocación del derecho al aborto es una señal de alarma. Como dice el dicho: avanzamos tres pasos y retrocedemos diez.

Las mujeres se convierten en botines de guerra en cualquier conflicto civil o bélico. En México, no somos ajenas a esta realidad. Hay líderes de opinión que promueven la dependencia económica de la mujer, animándola a no trabajar y depender de la pareja. Estas posturas, reforzadas por influencers, ignoran que cada derecho que tenemos —desde las leyes contra la violencia de género hasta los derechos políticos— fue logrado por mujeres que se organizaron, investigaron, propusieron y presionaron hasta verlos materializados en leyes.

No es un regalo, es una conquista

Nadie nos ha regalado nada. Cada derecho fue peleado en las calles, en los congresos, en la lucha diaria. Ignorar esa realidad es desdeñar el esfuerzo de aquellas que vivieron la violencia machista en carne propia. Si creemos que estamos lejos de un escenario como el de El cuento de la criada, recordemos que en cualquier crisis, las mujeres son las primeras en perder sus derechos.

No es momento de mirar hacia otro lado ni de hacer scroll con indiferencia ante lo que sucede en Estados Unidos. Hoy tenemos derechos, pero hubo un día en que las mujeres no podían opinar sin permiso de un hombre. Y por desgracia, sí podemos regresar a esa época. Defender el voto propio no es solo un acto político, es un homenaje a quienes allanaron el camino.

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