La titular de la alcaldía de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, fungió de anfitriona en la Ciudad de México de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Ayuso, cabeza visible del sector más radical del conservador Partido Popular (PP), ha encontrado una manera exitosa de evitar que en España se hable de los escándalos de corrupción de su novio: desviar la atención hacia otros asuntos que generan polémica, como la Conquista y sus ataques a los gobiernos “comunistas” tanto en España como en México. Lo está logrando. La actual visita de Ayuso a México está haciendo mucho más ruido mediático que las dos realizadas por Santiago Abascal, el líder del partido ultraderechista Vox, y eso que en su viaje en 2021, invitado por senadores del PAN, no ahorró graves insultos al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, acusándolo directamente de ser un “traidor a la patria”.
Con la escopeta cargada
La presidenta madrileña llegó a México con la escopeta cargada (o en sus sueños imperialistas, con el arcabuz de las tropas de Hernán Cortés). En política, los tiempos importan y no es producto de la casualidad que Ayuso haya programado una inaudita gira de diez días a México (los viajes de presidentes de regiones españolas al extranjero son muy raros o no pasan de tres días), dos semanas después de que viajara la presidenta Claudia Sheinbaum a Barcelona, donde selló el abrazo de la reconciliación con el presidente Pedro Sánchez, tras siete años de enfriamiento, luego de que AMLO pusiera las relaciones de ambos países en el modo “pausa”, a cuenta de la negativa del rey a pedir perdón por los crímenes de los españoles durante la conquista.
Tampoco se entiende la justificación para tan extenso viaje, que fue anunciado como una “misión para atraer inversión extranjera y promover la región”, como si la pujante capital española necesitara promocionarse en México, cuando lleva cuatro años siendo el destino favorito de empresarios y mexicanos de alto poder adquisitivo para invertir o vivir en sus barrios de moda. Que Ayuso planeó su gira mexicana con una clara intención política y con ánimo de provocar quedó patente cuando empezó a calentar el ambiente previo a su llegada, al acusar a Sheinbaum de “dictadora” y de presidir un “narcoestado”.
“Espero que pronto Cuba, Nicaragua y otros países como México rompan esas mismas cadenas, como ha sucedido con Argentina (con el triunfo de Milei, que puso fin a la era Kirchner); que recuperen su libertad y se ponga fin a los narcoestados que los dictadores de ultraizquierda están implantando allá donde pueden o se les deja; destruyendo familias, vidas muy jóvenes, creando sucios negocios que destrozan nuestra convivencia, seguridad y prosperidad”. Ni Trump en sus ataques de furia ha concentrado en una frase tantas calumnias.
Ya en México, Ayuso no dejó escapar la ocasión de incluir en el mismo paquete a España. En una conferencia el martes en la Universidad de la Libertad, fundada por el magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego, advirtió a estudiantes y líderes empresariales que “las cadenas del socialismo” están provocando la muerte de la democracia en México y en España. “Así es como mueren las democracias, así es como está pasando en México, así es como está pasando en España, exactamente de la misma manera”, dijo en tono apocalíptico, obviando que el informe de abril del FMI (organismo nada sospechoso de simpatizar con la izquierda) dijo todo lo contrario: que España volverá a ser la mejor economía de las potencias europeas. Este mismo miércoles, en un ejercicio de psicología invertida, Ayuso se hizo la víctima al asegurar que ella “jamás ha hablado de ella”, en referencia a Sheinbaum, “porque tengo respeto por las personas que han sido elegidas en las urnas”, y se mostró dolida porque, según aseguró, está utilizando su presencia en el país “para dividir y enfrentar”.
Sheinbaum, contra la derecha “trasnochada”
El miércoles, Sheinbaum dejó claro que la presencia de Ayuso en el país no le quita el sueño ni va a conseguir su objetivo: “¿Ella por venir a México va a minar una relación diplomática (entre México y España)? Pues no creo, no. Yo no le veo tanta importancia”. De hecho, la presidenta se mostró más molesta con los dirigentes panistas que arroparon a Ayuso y sus alabanzas a la conquista. “¿Cómo creen que les va a dar legitimidad una persona que adora a Hernán Cortés? Pues si están medio trasnochados, ¿no?”, se preguntó, en alusión a los líderes panistas que han participado en el besamanos a Ayuso.
Sheinbaum no mencionó por nombre a los dirigentes del PAN que acompañaron a la dirigente ultraconservadora española, pero sí lanzó frases directas contra los que presumieron fotos con Ayuso, en referencia a los gobernadores Teresa Jiménez (Aguascalientes), Mauricio Kuri (Querétaro), Diego Sinhue (Guanajuato), Mauricio Vila (Yucatán) y Maru Campos (Chihuahua), así como a la titular de la alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México, Alessandra Rojo de la Vega. “¿Quién la trajo? ¿Por qué andan presumiendo alcaldes, alcaldesas y gobernadores de la oposición fotos con ella? Entonces, ¿qué quiere decir? Pues que piensan como ella”, declaró, dejando revolotear en la imaginación el renacer de una suerte de malinchismo neocolonialista y clasista, mezclado con postulados de la nueva derecha internacional, afín a los postulados ultraliberales y antisociales de Trump o Milei.
No es casualidad que uno de los primeros actos de Ayuso a su llegada a México fuese acudir al Frontón México para un evento organizado por Nacho Cano llamado “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés”, cuya intención era haberse celebrado en la Catedral Metropolitana, pero finalmente se canceló.
¿Por qué la Iglesia mexicana no mordió el anzuelo?
Tras el breve revuelo causado por el veto de la Iglesia al evento organizado por el antiguo componente de Mecano y creador del musical La Malinche, la Arquidiócesis justificó su negativa señalando, entre otras cosas, que la misa tiene como fin la glorificación de Dios, no la exaltación de personajes históricos. Pero la decisión de la Iglesia mexicana de no involucrarse en la polémica visita de Ayuso tiene mucha más relevancia de la que parece, al punto de que responde en gran parte al meollo de la cuestión: ¿Por qué la derecha española ha resucitado el tema de la conquista, cuando parecía asunto enterrado, y está provocando ondas sísmicas en México?
Las dos cartas de la discordia
El 25 de marzo de 2019, el entonces presidente López Obrador envió dos cartas: una al rey Felipe VI de España y otra de la que casi nadie habla, la que envió al entonces papa Francisco. En ambas pedía lo mismo: solicitó que España y la Iglesia Católica reconocieran los abusos cometidos durante la conquista y pidieran perdón a los pueblos originarios de México. Según AMLO, se trataba de un gesto de reconciliación histórica de cara al 2021, año en que se conmemoraron los 500 años de la caída de Tenochtitlán. El gobierno español rechazó la petición, afirmando que la conquista no podía juzgarse con criterios actuales y que España siempre ha mantenido una relación de respeto y amistad con México. Francisco no respondió directamente en ese momento. Pero en 2021 sí lo hizo con una misiva en la que reconoció que se cometieron “acciones muy dolorosas” durante la conquista y el proceso de evangelización.
La carta de Francisco fue la chispa que provocó el despertar del ultranacionalismo español. Abascal llamó al papa “ciudadano Bergoglio” para intentar humillarlo, mientras que su portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, declaró: “No entiendo muy bien qué hace un Papa de nacionalidad argentina disculpándose en nombre de otros” y rechazó cualquier atisbo de crítica a la colonización. Pero fue Ayuso quien usó las palabras más duras, augurando un cisma creciente entre la Iglesia humanista y la extrema derecha antisocial que ha calado también en México: “Estoy horrorizada de que un católico que habla español pida perdón por una conquista que llevó la civilización y la libertad” a América. Así empezó todo.



