El debate público reciente se ha centrado en la soberanía, planteando una pregunta fundamental: ¿quién gobierna en México? La presidenta Claudia Sheinbaum ha afirmado que la decisión recae en los mexicanos, no en el exterior. Sin embargo, la realidad muestra una gobernanza híbrida donde el crimen organizado ejerce funciones estatales en diversos territorios.
El concepto de soberanía dual
Vanda Felbab-Brown, de Brookings Institution, denomina este fenómeno como soberanía dual, donde coexisten autoridades legales y grupos criminales que comparten funciones del Estado. Investigaciones de la UNAM, el CIDE y México Evalúa documentan la existencia de un Estado paralelo que otorga sustento a los argumentos de Donald Trump sobre el control criminal en México.
Ejemplos de gobernanza híbrida
- Monopolio de la fuerza: En Culiacán, los grupos criminales imponen toques de queda, controlan retenes y determinan zonas restringidas, evidenciando el fracaso de la estrategia de seguridad gubernamental.
- Control del libre tránsito: El crimen organizado mantiene sistemas de vigilancia con halcones, drones y control de C-4 y C-5, además de retenes en carreteras y cobro de impuestos a migrantes.
- Administración de justicia informal: Mediante el método de plata o plomo, resuelven disputas y sancionan delitos, incluyendo el control de notarios para despojos de propiedades.
- Doble tributación: El cobro de piso obliga a comerciantes y transportistas a pagar impuestos criminales, como ocurre con aguacateros en Michoacán o mineros en el norte.
- Regulación económica: En mercados y bienes raíces, el crimen organizado fija precios, controla cadenas de suministro e impone sindicatos, regulando el mercado laboral.
La pregunta de quién manda en México es válida, pero debe matizarse: formalmente el Gobierno, pero en la práctica, el crimen organizado comparte el poder. La presidenta Sheinbaum ha usado el término soberanía hasta 100 veces desde abril, pero el debate debe centrarse en quién ejerce realmente la soberanía: el Estado o los grupos criminales. La respuesta, según Felbab-Brown, es una soberanía dual en esta gobernanza híbrida.



