Dinamarca advierte que Trump mantiene su interés en Groenlandia pese a distensión aparente
Dinamarca: Trump no ha cambiado su interés por Groenlandia

Dinamarca advierte que la crisis por Groenlandia sigue abierta pese a aparente distensión

La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ha declarado de manera contundente que la crisis diplomática con Estados Unidos por el futuro de Groenlandia no ha concluido, ya que el presidente estadounidense, Donald Trump, “no ha cambiado de opinión” respecto a su intención de ampliar el control de Washington sobre la isla ártica. Sus afirmaciones se produjeron durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, uno de los principales foros internacionales en materia de defensa y política exterior, donde la mandataria danesa expuso las graves preocupaciones de su gobierno.

Preocupaciones danesas y el escenario más grave

Frederiksen planteó el escenario más grave posible: un eventual ataque de Estados Unidos contra Groenlandia para forzar su control. “Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, se acaba la OTAN. Fin del juego”, afirmó, en referencia al impacto devastador que tendría una acción de ese tipo sobre la Alianza Atlántica, de la que forman parte tanto Dinamarca como Estados Unidos. Esta advertencia subraya la fragilidad de la cohesión dentro de la organización en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.

Groenlandia, con una población aproximada de 57 mil habitantes, es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con amplias competencias internas y control sobre sus recursos naturales. Su posición estratégica en el Ártico, en una región cada vez más relevante debido al deshielo y la apertura de nuevas rutas marítimas, ha incrementado exponencialmente su valor geopolítico, atrayendo la atención de potencias globales.

Origen de la tensión y posturas internacionales

La tensión se originó cuando Trump expresó abiertamente su deseo de anexionarse la isla, argumentando razones de seguridad nacional y advirtiendo que, si Washington no asumía un mayor control, podrían hacerlo Rusia o China. Aunque recientemente el mandatario estadounidense suavizó su postura tras anunciar un supuesto “acuerdo marco” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para reforzar la influencia estadounidense en la zona, Copenhague sostiene firmemente que el trasfondo del desacuerdo persiste sin cambios significativos.

Durante su intervención en Múnich, Frederiksen estuvo acompañada por el presidente de Finlandia, Alexander Stubb; el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; y el senador demócrata estadounidense Chris Coons. La mandataria insistió en que la soberanía y el derecho de autodeterminación son principios fundamentales del orden internacional. “No puedes poner precio a Groenlandia como no se puede poner precio a una parte de España”, declaró, subrayando que la población groenlandesa aspira a mantener su identidad propia y autonomía.

Reacciones de Rusia y medidas preventivas

En paralelo, Rusia ha adoptado una posición cautelosa pero firme. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, afirmó que, si se produjera una militarización de la isla con capacidades dirigidas contra su país, Moscú respondería con “medidas técnico-militares”. No obstante, sostuvo que el asunto debe resolverse entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, teniendo en cuenta la voluntad de sus habitantes. Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, señaló que los planes de anexión no son una idea aislada, sino que tienen antecedentes históricos, aunque reiteró que el Ártico debe seguir siendo una zona de paz y cooperación.

En las últimas semanas, varios países europeos han desplegado pequeños contingentes militares en Groenlandia como medida preventiva, en un contexto de creciente competencia estratégica en el Ártico. Mientras tanto, el Gobierno groenlandés ha fijado como “línea roja” cualquier cuestionamiento de su integridad territorial, reafirmando su compromiso con la autodeterminación.

Conclusión: una crisis latente

La primera ministra danesa concluyó que, pese a la aparente distensión, la crisis permanece abierta y latente. Para Copenhague y sus aliados europeos, el desafío consiste en preservar la cohesión de la OTAN y evitar una escalada que altere el equilibrio de seguridad en el Atlántico Norte. La situación refleja cómo las ambiciones geopolíticas en el Ártico están redefiniendo alianzas y generando nuevas fricciones internacionales, con Groenlandia como epicentro de esta disputa estratégica.