Enfermedad Renal en México: Hábitos Cotidianos que Dañan tus Riñones Silenciosamente
En México, la enfermedad renal crónica (ERC) se ha convertido en una de las afecciones más prevalentes y peligrosas, debido a su naturaleza silenciosa. Se estima que afecta aproximadamente a uno de cada nueve o diez adultos, aunque estudios recientes sugieren que podría alcanzar entre el 12 y el 15 por ciento de la población. El problema radica en que muchas personas viven con daño renal sin ser conscientes de ello, ya que los riñones pueden perder gran parte de su función sin presentar síntomas evidentes.
La Amenaza Silenciosa de la Enfermedad Renal
Como explica el nefrólogo Nathan Berman Park, los síntomas como cansancio extremo, náuseas, hinchazón, comezón o pérdida del apetito suelen manifestarse cuando los riñones ya funcionan a un 15 o 20 por ciento de su capacidad. En ese punto, las toxinas que normalmente el cuerpo elimina comienzan a acumularse en la sangre, lo que puede llevar a complicaciones graves. La buena noticia es que detectar problemas a tiempo es relativamente sencillo: basta con un análisis de sangre que mida la creatinina y una revisión básica de orina. Estos estudios permiten estimar el funcionamiento renal y detectar alteraciones antes de que el daño sea irreversible.
Cinco Hábitos Cotidianos que Dañan tus Riñones
Sin embargo, varios hábitos cotidianos pueden afectar el funcionamiento de los riñones sin que lo notemos. A continuación, se presentan cinco de los más comunes:
- Automedicarte con analgésicos o antiinflamatorios: Tomar medicamentos como ibuprofeno, naproxeno o paracetamol de forma frecuente puede parecer inofensivo, pero cuando se consumen durante semanas o meses sin supervisión médica, pueden provocar daño renal. Muchos de estos fármacos tienen potencial nefrotóxico, es decir, pueden afectar directamente a los riñones. Berman advierte que el automedicarse es un riesgo importante, por lo que deben usarse bajo indicación médica y evitando el uso prolongado o innecesario.
- Consumir exceso de sal (aunque no lo notes): La sal no solo está en el salero; gran parte del sodio que consumimos proviene de alimentos ultraprocesados, como snacks, embutidos, sopas instantáneas, salsas industriales y comida rápida. El exceso de sodio eleva la presión arterial, uno de los principales factores que dañan los pequeños filtros del riñón llamados glomérulos. Con el tiempo, la hipertensión puede deteriorar progresivamente estos filtros y provocar enfermedad renal. Reducir alimentos ultraprocesados y cocinar más en casa puede hacer una gran diferencia.
- No controlar el azúcar en sangre: La diabetes es la principal causa de enfermedad renal crónica en el mundo. Los niveles elevados de glucosa en sangre dañan los vasos sanguíneos que alimentan los riñones y afectan su capacidad de filtración. Dietas ricas en azúcares, refrescos y carbohidratos refinados pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes o prediabetes. El especialista recomienda apostar por una alimentación más equilibrada y, cuando sea posible, basada en plantas, evitando el exceso de carbohidratos y ultraprocesados.
- Deshidratarte de forma constante: Aunque no es necesario obsesionarse con beber tres litros de agua al día, la hidratación sigue siendo clave para el funcionamiento de los riñones. Cuando el cuerpo está constantemente deshidratado, el flujo sanguíneo hacia los riñones puede disminuir y dificultar su trabajo de filtrado. Según el nefrólogo, alrededor de 1.5 litros de agua al día suele ser suficiente para la mayoría de las personas, aunque esta cantidad puede aumentar en climas calurosos o durante actividad física. Escuchar las señales del cuerpo y mantenerse hidratado ayuda a mantener los riñones funcionando correctamente.
- No hacerte chequeos preventivos: Uno de los mayores problemas de la enfermedad renal es que puede avanzar sin síntomas durante años. Muchas personas solo descubren que tienen daño renal cuando ya necesitan tratamientos como diálisis o incluso un trasplante. Por eso, especialistas recomiendan incluir en los chequeos de rutina una medición de creatinina en sangre, revisión de orina y control de la presión arterial. Esto es especialmente importante para quienes tienen diabetes, hipertensión o antecedentes familiares de enfermedad renal.
¿Por Qué Empezar a Cuidarlos Hoy?
Los riñones cumplen funciones vitales: filtran toxinas, equilibran minerales en la sangre y ayudan a regular la presión arterial. Cuando dejan de funcionar correctamente, el cuerpo pierde ese sistema de limpieza natural. La prevención puede marcar la diferencia. Cambios sencillos como no automedicarse, reducir el consumo de sal, mantener una alimentación equilibrada, hidratarse bien y realizar chequeos médicos pueden ayudar a frenar el avance del daño renal. En México, miles de personas viven con insuficiencia renal avanzada y muchas esperan un trasplante, por lo que cada vez más especialistas insisten en la importancia de detectar el problema antes de que aparezcan los síntomas.
De la Salud Renal al Cuidado del Planeta
Además de su trabajo como nefrólogo, Nathan Berman Park también impulsa una iniciativa que conecta la salud con el medio ambiente. Su proyecto Rep BC se dedica a recolectar bolsas de diálisis peritoneal utilizadas por pacientes en casa, un material hecho de PVC de grado médico que normalmente termina en vertederos o es incinerado. En lugar de desecharlo, el proyecto procesa este material para integrarlo en procesos de reciclaje y transformarlo en nuevos productos, como tenis sustentables creados en colaboración con la marca mexicana Panam. Actualmente, más de 300 pacientes participan en la recolección de estos residuos en la Ciudad de México, lo que permite evitar que toneladas de plástico médico terminen contaminando el medio ambiente. La iniciativa demuestra que incluso en tratamientos complejos como la diálisis es posible pensar en soluciones que beneficien tanto a los pacientes como al planeta. Al final, cuidar la salud renal no solo implica prevenir enfermedades, sino también entender que nuestras decisiones —desde los hábitos diarios hasta la forma en que gestionamos los residuos médicos— pueden tener un impacto mucho más amplio.
