El edema es uno de los signos o síntomas más relevantes y frecuentes en la práctica médica. Puede manifestarse como un síntoma que el paciente percibe, le incomoda o le preocupa, llevándolo a consultar al médico, o bien como un signo descubierto durante la exploración física que el enfermo no había notado.
Composición de los tejidos y el espacio intersticial
Los tejidos del organismo están formados por células específicas de cada órgano, como las neuronas y la glía en el cerebro o los hepatocitos en el hígado. Además, cuentan con vasos sanguíneos que constituyen la microcirculación, donde se conectan las arterias con las venas, y un espacio denominado intersticial. Este espacio puede ser muy denso si contiene proteínas como el colágeno, como ocurre en los huesos, o muy laxo si sus componentes son menos rígidos, como en el tejido celular subcutáneo.
En condiciones fisiológicas normales, el espacio intersticial debe albergar una cantidad precisa de líquido con una concentración exacta de cada uno de sus componentes, permitiendo que las células inmersas realicen sus funciones adecuadamente. Claude Bernard, considerado el padre de la fisiología, denominó a este entorno el "medio interno" (milieu intérieur). Los componentes incluyen sustancias inorgánicas como oxígeno, agua, sal, potasio, calcio, fósforo e hidrógeno, así como compuestos orgánicos como glucosa, aminoácidos y vitaminas.
Homeostasis y edema
El objetivo de todos los procesos fisiológicos es mantener la estabilidad del líquido intersticial, fenómeno conocido como homeostasis. Cuando se produce un exceso de líquido en el intersticio, se habla de edema. Este puede ser de bajo riesgo si se localiza en el tejido celular subcutáneo, pero resulta muy peligroso si afecta el intersticio pulmonar, ya que dificulta el paso de oxígeno entre los alvéolos y la sangre, o si ocurre en el cerebro, donde el cráneo impide la expansión y genera hipertensión endocraneana.
Mecanismos de regulación del líquido intersticial
La cantidad de líquido en los tejidos se mantiene estable gracias a un equilibrio de fuerzas. La presión hidráulica dentro de los capilares tiende a expulsar líquido hacia el intersticio, mientras que la presión osmótica ejercida por las proteínas del plasma, como la albúmina, favorece su retorno. En el extremo arterial del capilar, la presión hidráulica predomina y el líquido sale; en el extremo venoso, la fuerza oncótica de las proteínas gana y el líquido regresa a los capilares. Este intercambio permite la comunicación entre los componentes del plasma y el intersticio, siempre que la anatomía de los capilares sanguíneos se mantenga íntegra.
En muchos tejidos, existe un ligero predominio de la fuerza de salida sobre la de entrada. El líquido que no retorna es drenado por la circulación linfática.
Causas principales del edema
El edema puede originarse por diversas razones:
- Aumento de la presión hidráulica intracapilar: debido a un exceso de líquido en la sangre, como en la insuficiencia cardíaca o renal.
- Obstrucción del lado venoso: que incrementa la presión hidráulica intracapilar, como ocurre en varices o trombos venosos.
- Disminución de las proteínas plasmáticas: por falta de producción (desnutrición, insuficiencia hepática) o por pérdida excesiva (síndrome nefrótico).
- Fallo de la circulación linfática: por obstrucción debida a infecciones o extirpación quirúrgica.
- Aumento de la permeabilidad capilar: provocado por mediadores inflamatorios, como en la picadura de un mosquito o una infección local.
Cuándo preocuparse por el edema
Exceptuando los casos locales y benignos, como la picadura de un insecto inofensivo, el edema generalmente indica enfermedades serias que requieren diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado. Puede tratarse desde un problema local, como las varices en miembros inferiores que necesitan manejo, hasta afecciones graves del corazón, hígado o riñones.
Dr. Gerardo Gamba, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.



