Estudio de la UAEH expone crisis de venta irregular de antibióticos en Hidalgo
La adquisición de medicamentos sin receta médica se ha transformado en una práctica cotidiana que, con el tiempo, dejó de percibirse como un acto riesgoso para convertirse en un hábito socialmente aceptado. Esta normalización, impulsada por la facilidad de acceso, la desinformación generalizada y una confianza excesiva en la automedicación, ha ocultado las graves consecuencias reales que implica el consumo de fármacos sin una evaluación profesional previa.
Un problema de salud pública invisibilizado
Evidenciar este fenómeno resulta indispensable no solo para comprender su dimensión actual, sino para reconocer que detrás de cada decisión individual existe una responsabilidad ética relacionada con el cuidado del propio cuerpo y con el impacto colectivo en los sistemas de salud. Ignorar este contexto genera prácticas que privilegian el alivio inmediato sin considerar:
- Los efectos secundarios potencialmente graves
- Las posibles interacciones peligrosas entre medicamentos
- Las complicaciones a largo plazo para la salud
Analizar el problema con mirada crítica permite cuestionar una conducta que, aunque común y socialmente aceptada, está lejos de ser inofensiva. El uso indiscriminado sin prescripción médica puede generar daños acumulativos que se manifiestan a mediano y largo plazo, como la resistencia a los antibióticos, el enmascaramiento de enfermedades más graves o el deterioro progresivo de órganos vitales.
Investigación reveladora en el estado de Hidalgo
Ante esta situación preocupante, Laura Cristina Vargas López, profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), desarrolló un proyecto exhaustivo para examinar esta realidad que se presenta con frecuencia alarmante. El objetivo principal era crear conciencia respecto al peligro de este hábito y hacer un llamado urgente a optimizar las políticas públicas asociadas con la salud.
Si bien los fármacos tienen la tarea de producir mejoría al cuerpo humano respecto a diversos padecimientos y enfermedades, la naturaleza de su composición podría generar complicaciones significativas. De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tenga décadas insistiendo en que el uso de todo tipo de fármacos debe ser racional y sujeto a indicaciones médicas específicas.
Estadísticas alarmantes en zonas rurales y urbanas
Para conocer de manera profunda esta situación en el estado de Hidalgo, Vargas López realizó un estudio meticuloso que evidenció un patrón persistente en torno a la venta de antibióticos sin prescripción médica. En la fase cuantitativa se recolectaron muestras en 30 farmacias rurales y 80 urbanas, con el objetivo específico de evaluar la disponibilidad de antibióticos sin receta.
Los resultados mostraron un nivel alarmantemente alto de venta irregular en zonas rurales, donde el 96.7% de los establecimientos evaluados incurre en esta práctica ilegal. En contraste, en el área urbana, el porcentaje de farmacias que surtieron sin receta fue del 62.5%, cifra que, aunque menor, continúa representando un riesgo importante para la salud pública de toda la región.
"Estos hallazgos reflejan una debilidad estructural en los mecanismos de control sanitario, por lo que es urgente que las autoridades competentes refuercen las acciones regulatorias", indicó la investigadora de la UAEH durante la presentación de los resultados.
Factores clave que perpetúan el problema
Esta problemática se centra principalmente en dos sectores fundamentales: el personal encargado de la venta en las farmacias y la sociedad que adquiere los medicamentos sin presentar receta. A fin de conocer su percepción ante dicha situación, se realizaron 21 entrevistas exhaustivas que ayudaron a comprender no solo la magnitud del fenómeno, sino también las razones sociales, económicas y culturales que lo sostienen en el contexto actual.
Desde la perspectiva del personal encargado de las farmacias, la venta de medicinas sin receta se percibió como una práctica habitual, motivada principalmente por:
- La presión económica para mantener ventas
- La relación de confianza establecida con clientes frecuentes
- El desconocimiento sobre la resistencia antimicrobiana
- Una vigilancia insuficiente por parte de las autoridades sanitarias
Por su parte, las y los consumidores justifican su conducta en el uso de tratamientos previos (automedicación), la falta de acceso oportuno a servicios médicos y la necesidad inmediata por atender algún malestar sin recibir un diagnóstico profesional adecuado.
Regulación que se diluye con el tiempo
Durante décadas, en México fue habitual que las personas adquirieran antibióticos sin receta médica, una conducta profundamente arraigada que se convirtió casi en norma social pese a sus implicaciones sanitarias. Sin embargo, a partir de una reforma regulatoria impulsada por las autoridades de salud en 2010, esta costumbre comenzó a ser cuestionada y modificada con fuerza.
La medida, articulada por la Secretaría de Salud y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), prohibió la venta libre de antibióticos y exigió que su dispensación se efectúe únicamente con una receta válida emitida por un médico autorizado. Esta regulación buscaba frenar su uso indiscriminado y contener un problema sanitario que, de otro modo, continúa creciendo silenciosamente.
"Como toda política pública, cuando fue recién emitida, se estaba cumpliendo al pie de la letra, sin embargo, con el paso del tiempo esto se fue diluyendo y al no haber un seguimiento oportuno la sociedad le restó importancia. Por ello, es importante realizar una evaluación continua de dichas políticas, para ajustarlas oportunamente y asegurarnos de que sean efectivas", refirió la investigadora Vargas López.
Llamado urgente a la acción
"Estos hallazgos son un llamado urgente a implementar una política de supervisión más estricta, pero también a promover estrategias educativas adaptadas a la realidad social en Hidalgo, orientadas a concientizar sobre un uso racional de antibióticos y los riesgos asociados con la resistencia antimicrobiana", concluyó Laura Vargas.
Resulta fundamental visibilizar las implicaciones de esta práctica, fomentar la reflexión informada y abrir un espacio de diálogo que permita replantear la relación que la sociedad mantiene con los medicamentos, entendidos no como soluciones inmediatas, sino como herramientas terapéuticas que requieren conocimiento especializado, criterio médico y acompañamiento profesional constante.



