Dos personas pueden desayunar exactamente lo mismo y experimentar efectos distintos: una mantiene energía estable, la otra siente somnolencia. La diferencia está en adecuar la dieta a las necesidades y nivel de actividad diaria.
Diferencias en el gasto energético
En México, el gasto energético varía: una persona sedentaria requiere entre 1,800 y 2,200 calorías al día, mientras que quien hace actividad física constante puede superar las 3,500. Esta brecha contrasta con la homogeneidad de los hábitos alimenticios. Según la OMS, más del 60% de los adultos no alcanza los niveles recomendados de actividad física.
La nutrióloga Blanca Azucena Becerra Correa señala: “Cuando la alimentación no está alineada con la actividad, el cuerpo lo resiente: fatiga, bajo rendimiento o dificultad para mantener hábitos”.
Avena y carbohidratos complejos
Los carbohidratos complejos permiten una liberación progresiva de energía. La avena contiene fibra soluble (betaglucanos) que mejora la digestión, reduce el colesterol y regula la glucosa. Aporta 13 gramos de proteína vegetal por cada 100 gramos, magnesio, hierro, zinc y fósforo, esenciales para la función muscular y recuperación.
Su versatilidad permite incorporarla en desayunos o colaciones. Marcas como Granvita ofrecen alternativas prácticas a base de avena para distintos momentos del día.
Nutrición táctica y hábitos sostenibles
“No es lo mismo comer para moverte que para concentrarte”, añade Becerra. La nutrición táctica propone ajustar la ingesta según el tipo de jornada. La OIT reporta que una nutrición inadecuada puede reducir la productividad laboral hasta en un 20%.
La tendencia se aleja de dietas restrictivas y busca soluciones prácticas y sostenibles. Ajustar la dieta a las demandas reales del cuerpo mejora el rendimiento y la constancia al retomar el ejercicio. La clave es entender para qué se come.



