Tengo un amigo "cascarrabias", como posiblemente tú tengas uno. Aunque nos conocemos desde la escuela, siempre ha sido negativo, enojón, se queja de todo, y nuestras charlas son una letanía de quejas: las noticias nacionales, que ciertamente van mal, los asesinatos, los desaparecidos, la falta de medicamentos, etcétera. Platicar con él no es fácil; es una buena persona, pero su aspecto es cada día más avinagrado, no ríe nunca, en las reuniones está silencioso, y al llegar el tema de la salud, recuerda que no tenemos medicinas, y si comentamos algún delito, nos recuerda que somos el número uno en desaparecidos. Total que, al parecer, siempre está "de malas".
Querido viejo: ¿eres o te estás volviendo como mi amigo? ¿Ya no ríes como antes? ¿Tienes insomnio pensando en los problemas de México? ¿Sufres por tus problemas médicos o financieros? Si es así, te unes a los millones de viejos que no aprenden a vivir todos los días de sus vidas, porque creen que ser viejo es ser inútil, que ser viejo es algo malo.
Reflexiones sobre la vejez
Por eso, querido viejo, quiero recordarte que desde siempre hay autores que reflexionan sobre los últimos años de la vida y estimulan con sus textos a vivir felices esos años, aun cuando haya enfermedades o achaques. Tenemos Ahora te toca ser feliz de Curro Cañete, Ser feliz es para valientes de Valentina Luján, y muchos más. Pero hay uno que vale la pena leer, de la autora Adriana Guadalupe Camarena Pliego, Piah Capli, originaria de Toluca, terapeuta Gestalt en energía humana. Su libro Un recordatorio para vivir con intención, vivir bonito muestra que todos podemos, independientemente de nuestra edad, vivir bonito. Te copio algo de su texto, espero que te guste.
Decidí vivir bonito
"Decidí vivir bonito. No porque la vida sea perfecta ni porque todo esté en su lugar, sino porque entendí que seguir respirando ya es motivo suficiente. Ya no tengo 40 ni 50 años, pero eso dejó de importarme cuando comprendí que para vivir bonito no se necesita juventud, se necesita conciencia. Vivir bonito es despertar y agradecer, aunque el cuerpo duela un poco. Es tomarte el café despacio, aunque se enfríe, es mirar por la ventana y encontrar belleza en una nube, en un pájaro, en el silencio. Vivir bonito no es tenerlo todo, es aprender a disfrutar lo que tienes, sin compararte, sin correr, sin exigirle más a la vida de lo que hoy puede dar. Antes quería más cosas, más certezas, más personas. Hoy quiero paz, hoy quiero momentos, hoy quiero conversaciones honestas y risas que salgan del alma. Hoy abrazo mis arrugas porque cuentan mi historia, y mis nostalgias porque me recuerdan de dónde vengo. He aprendido que la edad no te quita nada; te enseña, te enseña a soltar, a elegir mejor, a quedarte con lo esencial, te enseña que lo pequeño es enorme: un pan caliente, una canción vieja, una flor creciendo donde nadie la sembró. Hoy disfruto este pequeño instante porque todavía puedo sentir, recordar, amar, porque este corazón, aunque remendado, sigue latiendo. Y eso ya es un milagro. Así que sí, decidí vivir bonito. Con cicatrices, con pausas, con fe, sin prisa, sin máscaras, con gratitud, porque mientras haya vida, siempre habrá motivos. Te invito a vivir bonito y les mando un fuerte abrazo".
¿Qué te parece, querido viejo?



