Sarampión en México: Brote Nacional Expone Crisis en Vacunación y Presupuesto
Sarampión: Brote Nacional Expone Crisis en Vacunación

Sarampión en México: Un Brote Nacional que Expone Fallas Estructurales

En las últimas semanas, el sarampión ha regresado con fuerza a la conversación pública mexicana, pero no como un tema meramente sanitario sino como una disputa política que distrae de la emergencia real. Mientras los actores políticos intercambian culpas y descargos de responsabilidad, el virus avanza implacablemente, sin atender a narrativas partidistas. Los datos oficiales al 16 de febrero de 2025-2026 son contundentes y alarmantes: 9,850 casos confirmados acumulados, 25,799 casos probables, 31 defunciones asociadas, una tasa de incidencia nacional de 4.82 por cada 100,000 habitantes, y presencia del brote en las 32 entidades federativas y 354 municipios. Esto no es un episodio aislado ni un problema focalizado: es un brote nacional de proporciones preocupantes.

Tres Hechos Críticos que Explican la Emergencia

Existen tres dimensiones fundamentales que merecen atención prioritaria para comprender la magnitud de esta crisis sanitaria.

1. El Impacto Epidemiológico en la Población Más Vulnerable

El grupo más afectado por este brote no son los adultos escépticos ni poblaciones marginales invisibilizadas: son las niñas y niños pequeños. Los datos revelan que los menores de un año registran una tasa de incidencia de 54.12 casos por cada 100,000 habitantes, una cifra extraordinariamente elevada. Les siguen las niñas y niños de 1 a 4 años con 16.73 casos, y el grupo de 5 a 9 años con 11.37 casos. En otras palabras, quienes aún no completan sus esquemas de vacunación o dependen críticamente de la inmunidad colectiva son hoy los más expuestos al virus. Cuando la cobertura vacunal cae, el primer y más severo impacto se concentra inevitablemente en la primera infancia.

2. El Deterioro Estructural en la Cobertura de Vacunación

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la cobertura de vacunación contra el sarampión en México se ha deteriorado significativamente en los últimos años. La primera dosis pasó de 97% en 2018 a apenas 79.8% en 2024, con un desplome particularmente marcado tras la pandemia de COVID-19. La segunda dosis experimentó una caída aún más pronunciada: de 99% en 2018 a 68.9% en 2024. En enfermedades altamente contagiosas como el sarampión —cuyo número reproductivo básico es de los más elevados en epidemiología— pequeñas disminuciones en la cobertura generan inevitablemente grandes brotes epidémicos.

3. El Subejercicio Presupuestal Persistente

Según los Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, entre 2022 y 2025 el programa de vacunación acumuló un subejercicio de 40,905.7 millones de pesos, lo que representa casi 60% del presupuesto originalmente aprobado para ese periodo (alrededor de 63 mil millones de pesos). En 2022 se ejerció apenas el 25% de lo aprobado, dejando sin utilizar 22,668 millones de pesos en plena etapa de recuperación post pandemia. En 2023 y 2024 el patrón se repitió, con más de 9 mil millones de pesos sin ejercer cada año. No se trata de un ajuste marginal ni de una falla administrativa puntual: es una reducción persistente y sistemática en una de las intervenciones más costo-efectivas del sistema de salud mexicano.

Consecuencias y Reflexiones sobre el Futuro de la Salud Pública

Tres hechos incontrovertibles. Tres fuentes oficiales que se entrelazan: la caída en la cobertura de vacunación precedió al brote; el subejercicio presupuestal acompañó esa caída, y hoy el impacto se observa de manera dramática en la población más vulnerable. México ha sido históricamente un país que cree firmemente en las vacunas. Las campañas nacionales lograron, durante décadas, coberturas superiores al 95% y la eliminación de enfermedades que antes llenaban los hospitales pediátricos. Esa cultura sanitaria no ha desaparecido. De hecho, se refleja en la respuesta actual: brigadas desplegadas, jornadas intensivas y una Secretaría de Salud que ha salido decididamente a inmunizar. Esa es, sin duda, la ruta correcta.

El regreso del sarampión no es una casualidad ni un evento aislado. Es la primera consecuencia visible de un sistema de salud que fue debilitado durante el sexenio anterior: menor cobertura de vacunación, subejercicios presupuestales persistentes y una red de servicios fragmentada. Y puede no ser la única señal de alerta. La caída en consultas de especialidad, el retroceso en la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) y el aumento del gasto de bolsillo en salud son otros síntomas que ya se han documentado y que podrían profundizarse si no se corrige el rumbo de manera urgente.

Las enfermedades prevenibles suelen ser el primer termómetro del deterioro institucional en cualquier sistema de salud. Si no se reconstruyen capacidades básicas —financiamiento oportuno, planeación multianual y ejecución efectiva— el sarampión no será una excepción aislada, sino el aviso premonitorio de problemas mayores que podrían afectar a toda la población. México cree en las vacunas y lo demuestra contundentemente cuando se le convoca a participar en campañas de inmunización. Ahora toca que la política pública, más allá de la reacción inmediata ante la emergencia, esté a la altura de esa convicción ciudadana y reconstruya de manera estructural lo que se debilitó en años anteriores.