Sarampión: Una amenaza grave para los más vulnerables
El sarampión, a menudo recordado como una enfermedad infantil con fiebre y erupciones cutáneas, en realidad es una infección viral que sigue cobrando miles de vidas anualmente en todo el mundo. A pesar de la existencia de una vacuna segura y eficaz, los datos más recientes revelan que los niños menores de cinco años y los adultos mayores son los grupos más afectados por complicaciones mortales.
Vulnerabilidad en la primera infancia
En los niños pequeños, el sistema inmunológico se encuentra en pleno desarrollo, lo que limita su capacidad para combatir infecciones agresivas como el sarampión. Esta inmadurez inmunológica los expone a complicaciones graves, entre las que destacan:
- Neumonía: La principal causa de muerte asociada al sarampión, ya que el virus debilita las vías respiratorias.
- Encefalitis: Una inflamación cerebral que puede provocar daños neurológicos permanentes o incluso la muerte.
- Diarrea severa y deshidratación: En menores, la pérdida rápida de líquidos puede llevar a un colapso orgánico si no se trata a tiempo.
Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya que la mayoría de los fallecimientos en este grupo ocurren en niños no vacunados o con esquemas incompletos. Un fenómeno menos conocido, llamado "amnesia inmune", agrava la situación: el sarampión puede borrar parte de la memoria del sistema inmunológico, dejando a los niños más susceptibles a otras infecciones durante meses o años después de superar la enfermedad.
Riesgos en la tercera edad
En los adultos mayores, el peligro del sarampión se intensifica debido a la inmunosenescencia, un proceso natural de envejecimiento del sistema inmunológico que reduce su eficacia. A esto se suman factores clave como:
- Comorbilidades: Enfermedades crónicas como diabetes, padecimientos cardiacos o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) complican el curso del sarampión.
- Falta de vacunación: Muchos adultos no recuerdan si fueron inmunizados o solo recibieron una dosis, dejándolos desprotegidos ante brotes recientes.
La OMS y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que complicaciones como neumonía y encefalitis son más frecuentes y graves en este grupo, elevando el riesgo de hospitalización, secuelas permanentes o muerte.
Factores que incrementan el peligro
El principal factor de riesgo para morir por sarampión es la falta de vacunación. En 2024, solo el 84% de los niños a nivel global recibió la primera dosis, una cifra inferior a los niveles prepandemia. Otros elementos que disparan el riesgo incluyen:
- Desnutrición, especialmente deficiencia de vitamina A, que debilita la respuesta inmunológica.
- Inmunodeficiencias como VIH o tratamientos oncológicos.
- Acceso limitado a servicios de salud, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento oportuno.
Recomendaciones para la prevención
La mejor herramienta contra el sarampión sigue siendo la prevención. Se recomienda:
- Vacunación completa: Dos dosis de la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) ofrecen una protección superior al 95%.
- Atención médica inmediata: Ante síntomas como fiebre alta, dificultad respiratoria o somnolencia extrema.
- Aislamiento de casos confirmados: Para evitar contagios en entornos como guarderías, escuelas y hogares con adultos mayores.
- Suplementación con vitamina A: Bajo supervisión médica, puede reducir la gravedad y el riesgo de muerte en casos severos.
En resumen, niños menores de cinco años y adultos mayores enfrentan una combinación peligrosa de sistemas inmunitarios vulnerables, condiciones fisiológicas y, en muchos casos, factores sociales como desnutrición o falta de acceso a la salud. A pesar de contar con una vacuna eficaz, las muertes por sarampión se concentran en quienes no están inmunizados, destacando la urgencia de fortalecer los programas de vacunación y concienciación pública.