EE.UU. acusa a China de prueba nuclear secreta; Beijing rechaza como 'mentira descarada'
EE.UU. acusa a China de prueba nuclear secreta en 2020

Estados Unidos acusa a China de realizar prueba nuclear secreta en 2020

La tensión entre Estados Unidos y China escaló considerablemente esta semana luego de que Washington acusara formalmente a Beijing de haber realizado una prueba nuclear secreta en junio de 2020, una imputación que el gobierno chino rechazó de manera categórica calificándola como una "mentira descarada" y una "manipulación política".

El detonante en la Conferencia de Desarme de la ONU

La controversia internacional estalló durante la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas en Ginebra, donde el subsecretario estadounidense para el control de armas, Thomas DiNanno, presentó formalmente la acusación. Según la versión de Washington, China habría llevado a cabo pruebas nucleares encubiertas, incluyendo una específicamente el 22 de junio de 2020, y se estaría preparando para nuevos ensayos en el futuro cercano.

Un día después de estas declaraciones, el subsecretario de Estado Christopher Yeaw ofreció detalles técnicos durante un evento en el centro de estudios Hudson Institute en Washington. Yeaw, quien posee un doctorado en ingeniería nuclear y experiencia como analista de inteligencia, explicó que una estación sísmica remota ubicada en Kazajistán detectó una explosión de magnitud 2.75 a aproximadamente 720 kilómetros de distancia, específicamente en el campo de pruebas de Lop Nor, en el oeste de China.

"He examinado datos adicionales desde entonces. Hay muy pocas posibilidades, diría yo, de que no sea una explosión, una explosión singular", afirmó Yeaw con contundencia. "Tampoco concuerda en absoluto con un terremoto. Es lo que cabría esperar de una prueba con explosivos nucleares".

La técnica del "desacoplamiento" y la respuesta cautelosa de la CTBTO

El funcionario estadounidense sostuvo además que los datos sísmicos recopilados no eran compatibles con detonaciones mineras convencionales y aseguró que China habría intentado ocultar la prueba mediante un método conocido como "desacoplamiento". Esta técnica consiste en detonar el dispositivo nuclear dentro de una gran cavidad subterránea especialmente construida para amortiguar las ondas sísmicas y dificultar significativamente su detección por parte de los sistemas internacionales de vigilancia.

Sin embargo, la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), responsable del sistema global de monitoreo, adoptó una postura considerablemente más cautelosa. Su secretario ejecutivo, Robert Floyd, indicó que la estación sísmica PS23 había registrado "dos eventos sísmicos muy pequeños" con apenas 12 segundos de diferencia entre ellos.

"Estos dos eventos estuvieron muy por debajo de ese nivel. Por lo tanto, solo con estos datos, no es posible evaluar con certeza la causa de estos eventos", afirmó Floyd al explicar que el sistema de la CTBTO puede detectar explosiones compatibles con ensayos nucleares a partir de 500 toneladas métricas de TNT, un umbral que los eventos reportados no habrían alcanzado.

La firme respuesta china y el contexto del desarme nuclear

Beijing respondió con una firmeza inusual a las acusaciones estadounidenses. El Ministerio de Relaciones Exteriores chino calificó los señalamientos como "completamente infundados" y acusó directamente a Washington de fabricar pretextos para reanudar sus propias pruebas nucleares.

"Las acusaciones de Estados Unidos son completamente infundadas y son mentiras descaradas. China se opone firmemente al intento de Estados Unidos de fabricar excusas para reanudar sus propias pruebas nucleares", señaló la cancillería china en un mensaje oficial enviado a la agencia AFP.

Un portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu, fue aún más lejos al denunciar lo que calificó como una instrumentalización política del tema. "Se trata de una manipulación política destinada a perseguir la hegemonía nuclear y eludir sus propias responsabilidades en materia de desarme nuclear", afirmó en un comunicado oficial.

China, que firmó pero no ha ratificado el tratado de 1996 que prohíbe los ensayos nucleares, aseguró que su último ensayo subterráneo oficial tuvo lugar precisamente en 1996. Curiosamente, Estados Unidos se encuentra en una situación similar: también ha firmado pero no ratificado ese mismo acuerdo, por lo que ambos países están obligados, según el derecho internacional, a no actuar en contra de su objeto y propósito.

El trasfondo geopolítico: la expiración del Nuevo START

Este cruce de acusaciones ocurre en un momento especialmente delicado para el régimen internacional de desarme nuclear. El trasfondo inmediato de la disputa es la expiración del tratado Nuevo START, el último acuerdo estratégico entre Estados Unidos y Rusia sobre limitación de armas nucleares, que venció formalmente el 5 de febrero de 2026.

El presidente Donald Trump ha presionado activamente para negociar un nuevo pacto que incluya obligatoriamente a China y ha advertido que Washington está dispuesto a realizar ensayos nucleares de baja potencia "en igualdad de condiciones" con otras potencias atómicas.

"No vamos a seguir en una intolerable desventaja", afirmó el subsecretario Yeaw durante su intervención, al insistir en que cualquier decisión final sobre posibles pruebas nucleares estadounidenses recaerá exclusivamente en el mandatario.

La combinación de acusaciones cruzadas, el fin de los principales acuerdos de control de armamentos y la posibilidad real de que varias potencias reanuden pruebas nucleares ha avivado considerablemente el temor entre analistas internacionales de que el mundo pueda estar ingresando en una nueva carrera armamentística atómica, reviviendo fantasmas de la Guerra Fría que se creían superados.