La maquinaria de la Copa del Mundo 2026, que promete ser la más lucrativa y extensa de la historia, ha comenzado a mostrar fisuras en la confianza del aficionado. Mientras el organismo rector del fútbol mundial presume el certamen más grande de la historia y una logística sin precedentes, una sombra de irregularidades financieras se extiende sobre su plataforma oficial de reventa.
Denuncias por retención de pagos
Decenas de usuarios han alzado la voz contra la FIFA, acusando al organismo de retener de forma indebida miles de dólares correspondientes a la venta de entradas. Lo que debería ser un proceso automatizado y transparente se ha transformado, para muchos, en un laberinto burocrático que parece ignorar los propios términos y condiciones que la institución actualizó el pasado 6 de mayo de 2026.
La problemática radica en el incumplimiento del plazo de 60 días naturales que la FIFA establece para reembolsar el dinero a quienes pusieron sus boletos a disposición de otros fanáticos. A pesar de que el comprador final paga de inmediato, incluyendo una comisión del 15 por ciento que el organismo cobra a ambas partes, el dinero no fluye de vuelta con la misma velocidad hacia los vendedores originales.
El laberinto del reembolso inexistente
The Athletic reportó la situación realizando entrevistas con varios afectados. Para Marcos Medeiros, un aficionado residente en Florida, la experiencia de apoyar el crecimiento del fútbol en Norteamérica se ha vuelto amarga. Tras revender varios lotes de entradas, su espera superó los 100 días, una cifra que duplica los márgenes legales establecidos por el ente deportivo.
“Es una locura lo que está pasando”, afirmó Medeiros en declaraciones que reflejan el sentir de cientos de usuarios en foros digitales. Ante la falta de respuestas claras, ha tenido que escalar su reclamo a instancias federales en Estados Unidos, buscando que la presión institucional logre lo que el servicio al cliente de la FIFA no ha podido. “Presenté una queja ante la Oficina de Mejores Negocios (Better Business Bureau), la Comisión Federal de Comercio (FTC) y otras entidades con la esperanza de que los aficionados exijan responsabilidades a la FIFA”, sentenció el afectado.
El discurso oficial de la organización, sin embargo, se mantiene en un tono de prudencia técnica. En respuesta a los cuestionamientos sobre estos retrasos, la FIFA emitió un comunicado donde justifica las demoras bajo el argumento de la seguridad financiera y la prevención de ilícitos. “Si bien la mayoría de los casos se resuelven según lo previsto, algunos casos más complejos requieren una revisión adicional y, por lo tanto, tardan más en procesarse. Los plazos de pago también pueden verse afectados cuando la información proporcionada por el cliente, como los datos bancarios, está incompleta o requiere una verificación adicional”, señaló el organismo.
La trampa del servicio al cliente
La inconsistencia es el factor común en los testimonios. Algunos vendedores relatan cómo la FIFA logró reembolsar una transacción a su tarjeta de crédito sin contratiempos, pero falló inexplicablemente en una segunda operación realizada el mismo día con el mismo plástico. Cuando el sistema falla, la solución propuesta, solicitar transferencias bancarias directas, suele ser el inicio de un bucle de correos electrónicos automatizados que no ofrecen soluciones reales.
Matthew Elias, un seguidor radicado en Toronto, personifica esta frustración. Su objetivo era simple: utilizar el dinero de la reventa para financiar su viaje y ver a la selección de Portugal. Cinco meses después, sigue esperando. Las capturas de pantalla de sus comunicaciones con el Centro de Venta de Entradas muestran un patrón de respuestas idénticas que prometen contacto en cinco o siete días hábiles, una promesa que se renueva cíclicamente sin que los fondos aparezcan en su cuenta.
“No tiene ningún sentido. Realmente están arruinando esto para el aficionado común”, lamentó Elias, quien después de 136 días de gestiones infructuosas aún no recibe una actualización real sobre el paradero de su dinero. La FIFA argumenta que, si el monto a devolver supera el pago original, las normativas internacionales contra el blanqueo de capitales impiden el reembolso directo a la tarjeta, exigiendo métodos alternativos. Sin embargo, esta explicación no justifica por qué, una vez entregados los datos bancarios, el proceso se congela durante meses.
Una odisea por el capital propio
La falta de canales de comunicación directos es otra de las barreras que enfrentan los usuarios. Robert Rodriguez, desde Texas, tuvo que emprender una labor de investigación casi detectivesca para encontrar un número telefónico o una dirección de correo válida para reclamar los 1,615 dólares que se le adeudaban. “Ha sido toda una odisea”, declaró Rodriguez, quien finalmente recibió su dinero tres meses después de la transacción. Su caso, aunque con final exitoso, deja una advertencia para los miles de aficionados que planean utilizar el mercado oficial de cara a los torneos de fútbol, béisbol o baloncesto que mueven masas en la región.
Mientras la FIFA asegura mantener su compromiso con la “eficiencia, seguridad y cumplimiento”, la realidad en las pantallas de los aficionados muestra una historia distinta: una donde el organizador es rápido para cobrar su comisión, pero lento para cumplir su palabra. Con el Mundial 2026 en el horizonte, la reputación del Marketplace oficial pende de un hilo, o mejor dicho, de una transferencia que parece no llegar nunca.



