El gobierno de Estados Unidos ha reconocido en su nueva Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 que el flujo de armas hacia México es un factor determinante en la violencia de los cárteles. En respuesta, ha anunciado una serie de acciones para frenar el tráfico ilegal de armamento desde su territorio. Según el documento, este fenómeno no solo fortalece la capacidad operativa de las organizaciones criminales, sino que también facilita el tráfico de drogas hacia el norte, consolidando un circuito binacional de violencia y mercado ilegal.
¿Cuántas armas cruzan de EE. UU. a México?
En un diagnóstico del gobierno estadounidense, publicado en enero de 2025, se sostienen cifras que ya habían sido advertidas en años recientes. Según estimaciones de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), más de 200 mil armas de origen estadounidense cruzan cada año hacia México. Además, datos de 2024 muestran que el 70.5% de las armas rastreadas en México provenían de Estados Unidos, lo que refuerza el señalamiento de que el problema tiene un origen directo al norte de la frontera. El mismo reporte advierte que solo una fracción de las armas es rastreada, lo que sugiere que la magnitud real del tráfico podría ser mayor.
EE. UU. reconoce vínculo entre armas y cárteles
La estrategia antidrogas identifica al tráfico de armas como una actividad estrechamente ligada a las organizaciones criminales trasnacionales, algunas de ellas catalogadas como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO). Según el documento, el acceso a armamento permite a estos grupos ejercer violencia y control territorial, asegurar rutas de tráfico de drogas y enfrentar a fuerzas de seguridad. El punto central es que gran parte de estas armas son traficadas ilegalmente desde Estados Unidos hacia México, lo que convierte el tema en un problema compartido.
Medidas de EE. UU. para frenar el tráfico de armas
A partir de este reconocimiento, el plan antidrogas plantea acciones enfocadas en reducir el flujo de armas hacia los cárteles. Entre las principales medidas destacan:
- Operativos de investigación encabezados por grupos especializados como los Homeland Security Task Forces (HSTF).
- Participación de agencias como la ATF para desmantelar redes de tráfico ilegal.
- Uso de inteligencia balística (Crime Gun Intelligence).
- Implementación de sistemas como NIBIN para rastrear armas utilizadas en distintos hechos violentos.
El objetivo estratégico es claro: debilitar la capacidad de fuego de los cárteles para hacer más vulnerables sus operaciones.
Armas compradas en EE. UU. terminan en manos de cárteles de México
Apenas unos días antes de la publicación de la estrategia, el Departamento de Justicia de Estados Unidos dio a conocer un caso que ilustra el alcance del problema. Se trata de Bobby Brandon Galván, alias “Puravidarecia”, vinculado a La Nueva Familia Michoacana, quien participó en la compra y tráfico de armas hacia México. La investigación reveló que entre 2023 y 2024 adquirió al menos 24 rifles tipo AK-47 en Texas, los cuales terminaron en territorio mexicano y fueron utilizados por cárteles. El caso también permitió identificar a líderes de la organización, entre ellos Johnny Hurtado Olascoaga, “El Pez”, y José Alfredo Hurtado Olascoaga, “El Fresa”. Galván enfrenta hasta 40 años de prisión por cada cargo, en un proceso que forma parte de una ofensiva más amplia contra el tráfico de armas.
El tráfico de armas, un punto de presión bilateral
El reconocimiento oficial de este fenómeno ocurre en un contexto donde el Gobierno de México ha impulsado demandas civiles contra fabricantes y distribuidores de armas en Estados Unidos, buscando corresponsabilidad en el problema. Ahora, con la nueva estrategia antidrogas, Washington reconoce el papel de su propio territorio como origen del armamento, y plantea acciones para contenerlo.



