Nitacenos: la nueva amenaza más letal que el fentanilo en EE. UU.
Nitacenos: más peligrosos que el fentanilo en EE. UU.

Este lunes, el gobierno de Donald Trump publicó su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, detallando las acciones contra el narcotráfico hacia Estados Unidos. El documento destaca los riesgos del fentanilo y los nitacenos, pero ¿qué son estas sustancias?

¿Qué son los nitacenos?

Catalogados por el gobierno estadounidense como una sustancia hasta 10 veces más potente y peligrosa que el fentanilo, los nitacenos ya aparecen en mercados de drogas globales, a menudo sin que los consumidores lo sepan. Son opioides sintéticos derivados de compuestos como el clonitaceno y el etonitaceno, sustancias bajo fiscalización internacional. Aunque se desarrollaron en la década de 1950 como posibles analgésicos alternativos a la morfina, nunca se aprobaron para uso médico y permanecieron fuera del mercado ilegal durante décadas.

Sin embargo, desde 2019 comenzaron a detectarse con mayor frecuencia en Europa y América. Su expansión ha sido rápida: el Sistema de Alerta Temprana de la ONU reportó un solo nitaceno identificado en 2019, frente a 13 variantes distintas en 2023. Estas sustancias ya se han notificado en América del Norte, América del Sur, Europa, Asia y Oceanía, confirmando su propagación global. En Europa, desde 2021, el número de nitacenos detectados ha superado al de análogos del fentanilo. En América del Norte, ambas categorías presentan cifras similares, con Estados Unidos y Canadá a la cabeza, seguidos por Letonia, Estonia, Reino Unido, Suecia y Alemania.

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¿Por qué son tan peligrosos?

Su principal riesgo radica en su potencia. Algunos nitacenos pueden ser varias veces más fuertes que el fentanilo, que ya es entre 25 y 50 veces más potente que la heroína. Por ejemplo, el isotonitaceno, uno de los más comunes, puede ser entre 250 y 900 veces más potente que la morfina, mientras que otros compuestos alcanzan niveles aún mayores.

Además, estas sustancias suelen mezclarse con drogas como heroína, fentanilo o benzodiacepinas para aumentar su potencia o reducir costos. Esto implica que muchos consumidores no saben que las están ingiriendo, lo que eleva significativamente el riesgo de sobredosis. Los datos disponibles, aunque limitados, ya muestran consecuencias graves: desde 2019, la ONU ha registrado al menos 179 casos de toxicología relacionados con nitacenos, de los cuales el 89% corresponde a casos post mortem. En al menos 27 de esos casos, fue la única sustancia identificada como causa o factor contribuyente de muerte.

El problema se agrava porque su detección no siempre está incluida en los análisis toxicológicos estándar, lo que sugiere que su impacto podría estar subestimado. En América, por ejemplo, aún no existen datos claros sobre su presencia en varios países, incluido México.

Especialistas advierten que los nitacenos representan una nueva fase en la crisis de opioides: más potentes, más difíciles de detectar y más propensos a circular de forma encubierta. Su rápida evolución química, con nuevas variantes que surgen constantemente, complica aún más su regulación y control. La aparición de los nitacenos no solo amplía el problema del fentanilo, sino que redefine el escenario: una amenaza más silenciosa, más potente y potencialmente más letal.

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