Con desconfianza y temor, los pobladores de Xicotlán, en Chilapa, Guerrero, comenzaron a regresar a sus hogares luego de cinco días de haber huido de los ataques de grupos criminales. Francisco Tlalcorral fue uno de los primeros en llegar, acompañado de su familia, alrededor de las 11:30 de la mañana. Antes de permitir que su familia ingresara, revisó la casa por su cuenta para asegurarse de que no hubiera delincuentes armados esperándolos.
Regreso bajo promesas de seguridad
Los desplazados, que se habían refugiado en la comunidad de Coatzingo, decidieron regresar tras la promesa de las autoridades de atender sus necesidades y brindarles seguridad. Sin embargo, hasta las cinco de la tarde no se habían instalado equipos médicos ni cocinas comunitarias, lo que aumentó la incertidumbre entre los habitantes.
“Pues aquí, todo bien, y aquí también, creo porque está encerrado”, comentó Francisco después de inspeccionar su vivienda. Al preguntarle si aún sentía desconfianza, respondió: “Sí”. Y al cuestionarlo sobre el miedo, agregó: “Sí pues, como es aquí cerca, a lo mejor por ahí están, pero más o menos aquí lo chequé y sí está bien, ya para entrar, como quien dice, ya vine a checar, no hay nada”.
La vida después del desplazamiento
Otro habitante de Xicotlán expresó su temor: “Porque nosotros deveras tenemos miedo, de hasta allá arriba nos vivimos”. María, otra residente, al llegar a su casa se preocupó primero por alimentar a sus animales, que sobrevivieron cinco días sin comida. “Se quedaron sin nada, nomás le eché un poquito de masa, lo que pude, lo que no, me salí pues, ya. Toda mi casa la dejé así”, relató.
Los desplazados intentan retomar sus vidas, pero saben que su tranquilidad es frágil. Solo se sienten seguros mientras cuentan con resguardo militar. Una vez que este desaparezca, temen sufrir nuevos ataques por parte de los grupos criminales que los tienen sometidos.



