La batalla por el título póstumo de Verónica Soto, estudiante de la UNAM víctima de feminicidio
El 1 de noviembre de 2019, el feminicidio de Verónica Soto Hernández truncó su futuro. La joven, quien acababa de concluir sus estudios de enfermería en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue asesinada, y desde entonces, su caso permanece sin resolverse. Su madre, Andrea Soto, ha emprendido una lucha incansable para que la máxima casa de estudios le entregue el título póstumo a su hija, un reconocimiento que simboliza memoria y justicia en medio de la impunidad.
Una promesa incumplida y una lucha persistente
En 2019, durante el funeral de Verónica, la directora de la entonces Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO), hoy Facultad de Enfermería y Obstetricia (FENO), se comprometió a otorgar el título post-mortem. Sin embargo, esa promesa no se cumplió. En 2024, Andrea Soto solicitó formalmente el título ante funcionarios universitarios, pero la institución argumentó que no podía concederlo porque Verónica no había terminado el servicio social, a pesar de haber completado el 100% de los créditos con un promedio de 9.6.
La situación tomó un giro en marzo de 2026, cuando se supo que la UNAM entregó el título póstumo a Berenice Giles, una estudiante fallecida en el festival Axe Ceremonia. Este hecho impulsó a Andrea Soto a continuar su exigencia, cuestionando la falta de criterios claros en la universidad para otorgar estos reconocimientos. "Para mí es un reconocimiento a los logros de su corta vida. Un símbolo de memoria para mi hija. Y un poco de justicia (...) Los culpables no están pagando, y sigue impune su caso", expresó Andrea Soto en entrevista.
El estancamiento en la justicia y la revictimización
En México, la justicia para las víctimas de feminicidio a menudo se pierde en la burocracia. El caso de Verónica Soto no es la excepción: la carpeta de investigación no ha sido judicializada y está estancada en la Fiscalía Regional de Justicia de Tlalnepantla, conocida como Fiscalía de Barrientos. "Ya van a ser 7 años (...) No han dado con los responsables. Fiscales van, fiscales vienen (...) me cambian a cada rato el ministerio público y ninguno hace nada", lamentó Andrea Soto.
Según datos del Censo de Procuración de Justicia 2025, solo el 15% de los casos de feminicidio en las fiscalías del país se judicializaron. Andrea Soto ha enfrentado revictimización por parte de las autoridades, teniendo que repetir su declaración al menos tres veces, lo que la obliga a revivir sucesos dolorosos. Para dar seguimiento al proceso, vendió un negocio de alimentos que tuvo por 13 años y ahora se dedica a planchar, sacrificando su estabilidad económica en busca de justicia.
La exigencia a la UNAM y el contexto de violencia feminicida
El miércoles 8 de abril de 2026, la explanada de la Rectoría de la UNAM se llenó de flores, fotos y recuerdos de Verónica Soto en un acto para exigir el título post-mortem. Cerca de 30 personas, incluyendo activistas, amigas y familiares, participaron en el mitin, donde funcionarios universitarios recibieron la solicitud por escrito de Andrea Soto, con fecha límite de respuesta en la primera semana de mayo.
El evento contó con la presencia de otras víctimas indirectas de feminicidio, como Araceli Osorio, madre de Lesvy Berlín Osorio, quien reclamó a la UNAM asumir acciones concretas contra la violencia de género, más allá de gestos simbólicos. "Se necesita para muchas que están olvidadas. Muchas que pasaron por esta casa de estudios, y que nadie las recuerda. De hecho, la UNAM siempre lo que ha hecho es tapar", afirmó Andrea Soto.
La colectiva Las Siemprevivas respaldó la exigencia, señalando que la entrega del título podría ser una medida reparatoria que contribuya a la no repetición de estos hechos. Sin embargo, la UNAM ha evitado tomar una postura clara: horas antes del evento, el área de comunicación de la rectoría negó tener conocimiento y dijo que "la postura es que no hay postura" hasta no contar con una solicitud formal.
Un llamado a la memoria y la justicia
A pocos meses de cumplirse siete años de la muerte de Verónica, Andrea Soto insiste en que su hija no sea olvidada. Pide un reconocimiento que permita "mantener su memoria y reconocerla como ser humano". La lucha por el título póstumo no es solo un reclamo personal, sino un símbolo de la impunidad que rodea a los feminicidios en México y la necesidad de que instituciones como la UNAM asuman su responsabilidad frente a la violencia de género.
Mientras los recién egresados de la UNAM celebran con sus títulos en mano, Verónica y Andrea no tuvieron esa oportunidad. La violencia feminicida se las arrebató cuando estaban a punto de lograrlo, dejando una herida abierta que solo la justicia y el reconocimiento institucional podrían comenzar a sanar.



