A 41 años de su muerte, el legado de Carl Schmitt revive en debates sobre soberanía estatal
Carl Schmitt: 41 años de su muerte y su teoría sobre soberanía

Cuatro décadas sin Carl Schmitt: el teórico que definió la soberanía moderna

Hace exactamente 41 años falleció el jurista y teórico político alemán Carl Schmitt, cuya obra continúa ejerciendo una profunda influencia en la teoría constitucional y la filosofía política del siglo XX y lo que va del XXI. Formado inicialmente en filosofía y posteriormente en derecho bajo la tutela intelectual de Max Weber, Schmitt desarrolló un pensamiento que sigue generando intensos debates académicos y políticos.

Un legado controvertido y vigente

La figura de Schmitt ha sido objeto de cuestionamientos persistentes debido a su apoyo intelectual y breve militancia en el Partido Nacionalsocialista durante la Alemania nazi. Sin embargo, paralelamente, numerosos académicos reconocen sus enormes contribuciones al análisis del ejercicio efectivo del poder y los mecanismos de soberanía estatal. Esta dualidad ha convertido su obra en un referente indispensable, aunque polémico, para comprender las dinámicas políticas contemporáneas.

En el contexto actual de conflictos armados y tensiones geopolíticas, las reflexiones de Schmitt adquieren renovada relevancia para analizar las amenazas que se ciernen sobre la soberanía política de los estados. Los enfrentamientos internacionales han devuelto al centro del debate una pregunta que muchos consideraban superada por la globalización y el derecho internacional: ¿quién decide realmente cuando el orden establecido se fractura?

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El Thomas Hobbes del siglo XX

Considerado por muchos como el Thomas Hobbes del siglo XX, Carl Schmitt desarrolló un aparato argumentativo coherente y unívoco para entender la soberanía. Este concepto, de origen medieval y etimología latina derivada de "super" (que significa "arriba"), indica la capacidad de una sociedad política para detentar el poder supremo, una competencia que no puede sufrir interferencia alguna.

Según la teoría schmittiana, el soberano está por encima de todos y posee el poder exclusivo sobre su propio territorio, independientemente de cualquier organización supranacional. En los sistemas democráticos, esta soberanía pertenece teóricamente al pueblo, quien la ejerce indirectamente mediante:

  • Órganos de representación como los parlamentos
  • Institutos de democracia directa como los referéndums

En contraste, en los ordenamientos no democráticos, la soberanía se concentra en:

  1. Las manos de un soberano individual, como en las monarquías absolutas
  2. Un pequeño grupo de poder, como en los sistemas de partido único típicos de los totalitarismos

Teología Política y la esencia de la soberanía

Schmitt expuso su teoría fundamental en una de sus obras más relevantes: "Teología Política", título que refleja su convicción sobre las analogías estructurales entre la dimensión religiosa y la dimensión política. El jurista alemán afirmaba que la teoría moderna del Estado se basa en conceptos teológicos secularizados, particularmente la noción política de soberanía, que proyecta la antigua concepción religiosa de la realeza divina.

Esta perspectiva reafirma la independencia de la esfera política respecto de otros espacios como la ética, la economía o el derecho. En su oposición al jurista Hans Kelsen, quien sostenía que el ordenamiento estatal se rige por una norma fundamental, Schmitt argumentaba que esta concepción procedimental solo captura las modalidades de decisión (cómo se decide), sin indicar quién es el sujeto titular de la soberanía (quién decide).

El Estado de Excepción: momento de verdad soberana

El punto débil de la teoría de Kelsen, según Schmitt, emerge al examinar el "Estado de Excepción", es decir, aquellos momentos críticos en los que la política y las leyes ordinarias no logran mantener el orden público. En estas situaciones excepcionales, la ley ordinaria se suspende, pero no así la soberanía. Si la soberanía se basara únicamente en la norma, ambas caerían simultáneamente.

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En el preciso instante en que las leyes son suspendidas, la administración del Estado pasa a las manos de quien detenta la soberanía. De esta manera, la auténtica naturaleza de la soberanía se revela: en situaciones críticas, los gobiernos reclaman una autoridad decisoria que trasciende la normalidad constitucional.

La guerra reactiva la distinción amigo-enemigo como núcleo de lo político, mientras que la soberanía se manifiesta como capacidad de actuar con rapidez decisoria. Pensar la soberanía desde la perspectiva de Carl Schmitt implica reconocer que, cuando el orden vacila, la política reaparece en su forma más intensa: como decisión sobre la continuidad misma del cuerpo social.

A cuatro décadas de su muerte, el pensamiento de Carl Schmitt continúa ofreciendo herramientas conceptuales para analizar las crisis políticas contemporáneas y los desafíos a la soberanía estatal en un mundo cada vez más interconectado pero fracturado por conflictos que reactualizan sus teorías sobre el poder y la excepción.