Procesión en Aguililla: Un clamor colectivo por la tranquilidad tras el abatimiento del 'Mencho'
En el corazón de la Tierra Caliente michoacana, Aguililla, lugar de nacimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como 'Mencho', se convirtió este viernes en el escenario de una emotiva manifestación de fe y esperanza. Cientos de residentes, acompañados por líderes eclesiásticos, marcharon en una procesión para exigir un futuro libre de miedo y violencia, tras la reciente muerte del líder criminal a manos de fuerzas federales.
La Iglesia como bastión de esperanza en medio del conflicto
La celebración del 60 aniversario del Colegio Diocesano de Aguililla sirvió como marco para que la Iglesia Católica enviara un poderoso mensaje de paz. Cristóbal Ascencio García, obispo de la diócesis de Apatzingán, expresó su solidaridad con una comunidad que ha sufrido durante años. "Mi intención es acompañar a este pueblo y animarlo para que no nos dejemos llevar por el desánimo o la desesperanza", declaró, destacando el compromiso de la institución religiosa en tiempos de crisis.
Desde el Colegio Diocesano, las familias emprendieron una caminata hasta la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, uniéndose en oración por la paz. Hermelinda Vázquez, habitante de Aguililla, compartió su ferviente deseo: "Para que haya paz en todo nuestro pueblo, porque sí lo ocupamos mucho. Confiamos en Dios y en la Virgen de Guadalupe para que intercedan por nosotros".
Una marcha simbólica marcada por el temor y la resiliencia
Aproximadamente 250 personas, vestidas de blanco como símbolo de paz, participaron en la procesión. Sin embargo, el evento no estuvo exento de sombras, ya que muchas familias optaron por no sumarse debido al persistente temor a represalias. Este miedo se refleja en los rastros visibles de la reciente violencia, como vehículos incendiados y bloqueos en la carretera que conecta Apatzingán con Aguililla, testimonios de la jornada violenta que siguió al abatimiento del 'Mencho'.
Gabriel Estrada, otro residente, hizo un llamado a la justicia: "Que busquen a los responsables de los hechos, no a gente inocente pagando por lo que no debe. El pueblo no tiene culpa de sus tonterías", exigiendo que la población no sea afectada por los conflictos entre grupos delictivos y autoridades.
La lenta normalización bajo la vigilancia militar
Con la presencia del Ejército Mexicano, que mantiene un resguardo activo en la zona, los habitantes de Aguililla comienzan a reanudar sus actividades cotidianas. Poco a poco, las calles recuperan su pulso, aunque la sombra de la violencia aún planea sobre la comunidad. Esta procesión no solo fue un acto religioso, sino un recordatorio de la urgencia de construir una paz duradera en una región históricamente golpeada por el crimen organizado.
La marcha en Aguililla subraya la profunda necesidad de reconciliación y seguridad, mientras Michoacán enfrenta los desafíos posteriores a la caída de una de las figuras más temidas del narcotráfico. La esperanza, tejida en oraciones y símbolos de paz, busca abrir un nuevo capítulo para esta tierra marcada por la adversidad.
