Cierre del espacio aéreo en El Paso por drones de cárteles mexicanos
La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos tomó una medida sin precedentes este miércoles al cerrar temporalmente el espacio aéreo alrededor del Aeropuerto Internacional de El Paso, Texas. La decisión respondió a la detección de drones operados por cárteles mexicanos que penetraron el espacio aéreo estadounidense, generando alertas de seguridad nacional.
Reapertura rápida tras amenaza de cierre prolongado
Inicialmente, la FAA anunció un cierre que podría haber durado hasta diez días, lo que habría suspendido todos los vuelos comerciales hacia y desde el importante aeropuerto fronterizo. Sin embargo, el espacio aéreo fue reabierto apenas unas horas después, aunque el incidente dejó en evidencia la creciente preocupación del gobierno estadounidense ante el uso de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas.
"Es solo cuestión de tiempo antes de que los estadounidenses o las fuerzas del orden sean blanco de ataques en la región fronteriza", advirtió Steven Willoughby, subdirector del programa contra drones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), durante una comparecencia ante el Senado estadounidense en julio pasado.
Uso diario de drones para actividades ilícitas
Según testimonios oficiales, los cárteles mexicanos utilizan drones casi a diario para intentar introducir drogas a través de la frontera entre Estados Unidos y México, además de vigilar los movimientos de los agentes de la Patrulla Fronteriza. En los últimos seis meses de 2024, se detectaron más de 27 mil drones operando a menos de 500 metros de la frontera sur, la mayoría durante las horas nocturnas.
El DHS ha confirmado que sus agentes han incautado miles de kilos de metanfetamina, fentanilo y otras drogas que los cárteles han intentado introducir mediante drones en los últimos años. Esta modalidad de narcotráfico representa un desafío tecnológico creciente para las autoridades de ambos países.
Evolución del uso criminal de drones
Los cárteles mexicanos llevan más de una década utilizando drones para diversas actividades ilícitas:
- Tráfico de drogas a través de la frontera
- Vigilancia de cruces migratorios
- Conflictos con cárteles rivales
- Monitoreo de operativos de autoridades
México emitió su primera alerta internacional sobre el uso de aeronaves teledirigidas con fines criminales en 2010, y desde entonces esta práctica no ha dejado de expandirse. Los cárteles suelen modificar drones comerciales, lo que les permite realizar actividades ilegales de manera más discreta y con menor riesgo personal.
Crecimiento exponencial de incursiones
Las estadísticas revelan un aumento alarmante en el uso de drones por parte de cárteles:
- Entre 2012 y 2014: 150 aeronaves teledirigidas detectadas cruzando la frontera
- En 2022: 10 mil incursiones de drones solo en la zona del valle del Río Grande
- Informes recientes indican que los cárteles prefieren drones para contrabando de fentanilo, con capacidad de transportar hasta 100 kilogramos de carga
Postura del gobierno estadounidense
El presidente Donald Trump ha advertido en múltiples ocasiones desde el inicio de su segundo mandato que está dispuesto a intervenir contra lo que califica como "objetivos narcoterroristas" en cualquier país al sur de la frontera estadounidense. Esta postura refleja la creciente preocupación por la influencia de los cárteles en la región.
"Los cárteles dirigen México. Es muy, muy triste ver y contemplar lo que ha pasado en ese país", declaró recientemente un analista en la cadena Fox News, reflejando la percepción de algunos sectores en Estados Unidos.
Reacción del gobierno mexicano
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido al cierre del espacio aéreo en El Paso afirmando que no cuenta con información que confirme que el incidente haya sido causado específicamente por drones de cárteles mexicanos. Esta postura oficial contrasta con las declaraciones de las autoridades estadounidenses y subraya las diferencias en la percepción del problema entre ambos gobiernos.
El incidente en El Paso representa un punto crítico en la creciente tensión alrededor del uso de tecnología por parte de organizaciones criminales transnacionales, y plantea serios desafíos para la seguridad fronteriza y la cooperación bilateral en materia de seguridad.