La 'normalidad' en Jalisco: ¿Ficción o realidad bajo el yugo del crimen organizado?
La 'normalidad' en Jalisco: ¿Ficción o realidad criminal?

La 'normalidad' en Jalisco: ¿Ficción o realidad bajo el yugo del crimen organizado?

La realidad en Jalisco se ha transformado de manera tan profunda y prolongada que lo que antes considerábamos anormal ahora constituye la verdadera normalidad. Volver a la normalidad tras los eventos del 22 de febrero significaría regresar a una anormalidad sin sobresaltos, una especie de ficción colectiva donde todo parece funcionar correctamente, aunque desde sus cimientos esté completamente podrido.

La cruda realidad municipal

Tras recorrer las doce regiones de Jalisco y numerosos municipios, resulta incomprensible cómo el Gobierno puede ignorar algo que todos los ciudadanos conocen y experimentan diariamente: las autoridades municipales están sometidas a los cárteles del narcotráfico. Peor aún, estamos presenciando cómo los propios cárteles se convierten en autoridades municipales, ya sea con discreción o con total descaro, como ocurrió recientemente en Tequila.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿A qué normalidad queremos volver?

  • ¿A la normalidad previa al sexenio de Vicente Fox, cuando todo comenzó a salirse de control?
  • ¿A la época anterior a Ernesto Zedillo, donde las autoridades controlaban a los cárteles mediante el reparto de dividendos?
  • ¿O tal vez a un periodo anterior a la presidencia de Abelardo Rodríguez, donde quizás todo comenzó, aunque ya desde Carranza se rumoreaba sobre el consumo de marihuana?

La economía del crimen organizado

La situación actual presenta mensajes contradictorios. Por un lado, los cárteles realizan gastos millonarios para sobornar autoridades de todos los niveles. Por otro, ofrecen "servicios de seguridad" a empresas, mercados y negocios de cualquier tamaño, protegiéndolos precisamente de sus propias agresiones.

¿Cuántos millones de pesos deben pagar los habitantes de Jalisco al crimen organizado no solo para mantener al estado como sede del Mundial, sino simplemente para regresar a la "normalidad" anterior a la muerte del famoso capo?

La evolución del narcotráfico

Nuestra historia reciente de veintiséis años demuestra que ninguna anormalidad es estática. Las organizaciones criminales operan como el sapo en la madriguera de los conejos: primero los dejan entrar, luego se inflan y finalmente expulsan a sus anfitriones.

Su crecimiento ha estado acompañado de una peligrosa diversificación:

  1. Comenzaron distribuyendo marihuana
  2. Se adueñaron de productores y transportistas
  3. Incorporaron cocaína, cristal y anfetaminas
  4. Diversificaron hacia el tráfico de personas, órganos, armas y dinero
  5. Controlaron metales, maderas, huachicol y autos robados
  6. Restablecieron aduanas locales e impusieron impuestos y peajes
  7. Establecieron cobros de piso y venta de seguridad
  8. Se constituyeron como protectores supremos de cualquier actividad ilícita

La institucionalización del crimen

Los cárteles se han convertido en "marcas" que pueden alquilarse como franquicias. Para blindar este imperio criminal, han formado un verdadero ejército: capacitado, bien armado y ubicuo. Cuentan con una red de inteligencia que va desde adolescentes "halcones" hasta sofisticados equipos de vigilancia que rivalizan con las cámaras de seguridad pública.

¿Y dónde estaba el Estado mexicano y su Gobierno durante esta transformación?

Para muchos, vincularse con estos capos se ha vuelto inevitable. Para otros, incluso deseable, dada la posibilidad de ganancias fáciles y rápidas. Mientras la delincuencia creaba empresas artificiales, otras empresas reales colaboraron activamente en la salud financiera de los delincuentes.

La impunidad como arma principal

La impunidad de los cárteles se sustenta en dos armas poderosas:

  • Poseen información abundante sobre sus nexos con instituciones gubernamentales
  • Manejan un terrorismo social temible que convierte tanto al Estado como a la ciudadanía en rehenes

La pregunta final sigue pendiente: ¿Qué normalidad es posible cuando la anormalidad se ha institucionalizado?