La captura y muerte de El Mencho: Un punto de inflexión en la lucha contra el crimen
La reciente captura y muerte de Nemesio Oseguera, conocido como 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha generado una ola de opiniones, especulaciones y análisis en México y más allá. El hecho incluso resonó en el Congreso de Estados Unidos, donde Donald Trump hizo referencia al caso. Sin embargo, a pesar de la eliminación de una figura clave, nadie duda que la estructura criminal permanecerá activa, adaptándose con nuevos líderes y métodos para mantener su operación.
Reacciones y vaticinios tras el deceso
Los medios y expertos se han centrado en predecir el futuro del CJNG: quién asumirá el liderazgo, si la organización se mantendrá cohesionada o se fragmentará, y cuántos aliados en el poder público, como policías, fuerzas armadas y sectores financieros, serán afectados. Una constante en estos análisis es la certeza de que el cártel sobrevivirá, con solo cambios superficiales en su jerarquía. Nadie ha afirmado que la justicia haya triunfado o que el estado de derecho se haya fortalecido significativamente.
Las crónicas sobre la vida de El Mencho en sus últimos días, incluyendo detalles como sus hábitos alimenticios, devociones religiosas y gastos personales, han generado más curiosidad y morbo que indignación por la violencia que ejerció. La Fiscalía General de la República compartió muestras que evidencian sus gustos y enfermedades, pero esto ha opacado el enojo por los miles de asesinatos, desapariciones y extorsiones que cometió su organización.
La respuesta criminal y la inacción estatal
Tras la muerte de El Mencho, la reacción del CJNG fue inmediata y coordinada: sus fuerzas se movilizaron para incendiar propiedades, disparar al aire y bloquear carreteras en lugares como Guadalajara, Puerto Vallarta y San Juan de Los Lagos en Jalisco. Esto generó dos días de miedo palpable, mientras las fuerzas del orden, incluyendo policías municipales, estatales y federales, se replegaron y guardaron silencio.
Este episodio plantea una pregunta crucial: ¿existe un 'nosotros' social capaz de movilizarse contra el crimen organizado? Mientras los criminales se movilizan por miles ante la caída de un líder, la sociedad, que paga las consecuencias con víctimas y violencia, parece permanecer pasiva. La estructura del crimen organizado impone sus leyes con impunidad, mientras el sistema constitucional de justicia, desde las fiscalías hasta los centros penitenciarios, a menudo falla en hacer cumplir las leyes.
Un llamado a la acción y la unidad
Esta descripción de la inseguridad en México no debe ser un punto final, sino un punto de quiebre para la acción colectiva. La brecha de desconfianza entre gobernantes y gobernados beneficia a los malhechores. Aunque soldados, guardias nacionales y policías arriesgan sus vidas, no ha sido suficiente para detener la violencia. Muchas personas, en su lucha por sobrevivir, se ven obligadas a adaptarse a reglas impuestas por 'la plaza' criminal, perdiendo la distinción moral entre el bien y el mal.
Para tomar control del destino nacional, es esencial trabajar unidos y edificar la confianza, manteniendo irrenunciables la libertad de expresión, el derecho a saber y la participación ciudadana en la deliberación pública. Quienes ocupan cargos públicos y no pueden enfrentar este desafío deben ser exigidos a rendir cuentas, en lugar de culpar a la gente y los medios por demandar verdad, seguridad y paz.
