De plañideras a la violencia narca: el duelo ritualizado en el México contemporáneo
Plañideras y violencia narca: el duelo ritualizado en México

De las lágrimas rituales a las llamas del terror: el duelo como espectáculo de poder

Desde las civilizaciones más antiguas hasta comunidades contemporáneas, la figura de la plañidera ha sido una constante antropológica. En el antiguo Egipto, en la Roma imperial, en pueblos rurales europeos y en diversas localidades africanas, existen registros de mujeres contratadas específicamente para llorar en funerales. Estas profesionales del duelo acompañaban frecuentemente sus llantos con cantos fúnebres, creando una atmósfera ritualizada de dolor colectivo.

La presencia de plañideras no era meramente emocional sino profundamente social y económica. Se trataba de una actividad remunerada que funcionaba como símbolo de estatus: cuantas más plañideras podía contratar una familia, mayor era su poder económico y social percibido. Estas mujeres especializadas buscaban expresar el dolor de forma ritualizada, utilizando el llanto y el canto para comunicar a la sociedad el vacío dejado por el fallecido.

Jalisco: cuando el duelo se convierte en incendio

En contraste brutal con estas tradiciones históricas, los recientes eventos en Jalisco presentan una manifestación contemporánea y violenta del duelo ritualizado. Hombres armados tomando ciudades, bloqueando carreteras, incendiando vehículos y sembrando el terror representan lo que algunos analistas describen como una forma distorsionada de expresión del dolor colectivo.

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"¿Para qué esta destrucción?", se pregunta la ciudadanía atónita. Algunas interpretaciones apuntan a que se trata de una marcación territorial entre cárteles rivales. Otras voces sugieren que es una venganza contra el Estado mexicano, una advertencia sobre el costo que tendrá cada intervención contra sus líderes. Pero también podemos analizarlo a través del prisma del duelo: un duelo feroz que expresa rabia a través de la violencia más extrema.

Esta violencia está cuidadosamente coreografiada para ser vista y sentida por la población general, pero su audiencia principal son aquellos que los perpetradores consideran sus iguales dentro del mundo criminal. La cultura de masculinidad tóxica vinculada a conceptos distorsionados de honor no es nueva en estos contextos.

El mandato patriarcal y la validación masculina

La antropóloga Rita Segato ha estudiado exhaustivamente cómo la violencia patriarcal contra las mujeres funciona como mandato de masculinidad. Este mandato exige no solamente el control de los cuerpos femeninos, sino una demostración constante de poder, ejercido principalmente a través de actos violentos que buscan, sobre todo, la validación de otros hombres.

La violencia machista opera así como un acto comunicativo y pedagógico dentro del orden patriarcal, dirigido principalmente hacia los congéneres masculinos. La violencia que literalmente quema regiones de México tiene una relación directa con este orden patriarcal exacerbado, donde solo el "más macho" -es decir, el más violento, el que ejerce mayor control, el que acumula más mujeres- se convierte en el más admirado y temido por sus subordinados.

En este contexto, la muerte de un líder criminal activa emociones intensas, algunas genuinas y otras completamente performativas. Al igual que las plañideras históricas, los miembros del cártel participan en rituales de duelo donde quien grita más fuerte, quien quema con más furia, quien muestra mayor rabia, parece demostrar mayor lealtad y cercanía al fallecido.

El caso emblemático: de la épica a la realidad

La narrativa alrededor de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", ilustra perfectamente estas dinámicas. Se construyó una épica alrededor de su figura: un líder enfermo escondiéndose en cabañas lúgubres, viajando clandestinamente mientras su esposa e hijo enfrentaban prisión. La realidad, según informaciones recientes, revela que frecuentaba un exclusivo club en Tapalpa y que su captura estuvo vinculada, como en el caso de Joaquín "El Chapo" Guzmán, a una mujer.

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Estas "mujeres que llevan a la perdición", como cantan numerosos corridos, forman parte de la mitología narca. El Mencho murió como uno de los hombres más poderosos del mundo en términos de capacidad para ejercer violencia e infligir dolor, acumulando fortunas incalculables que nunca aparecieron en listas de Forbes ni pagaron impuestos, sembrando el terror en un país entero incluso desde su desaparición física.

Las repercusiones políticas de estos rituales violentos son significativas: quien ejecuta la venganza más espectacular y eficiente frecuentemente se posiciona mejor para aspirar al liderazgo vacante. El duelo se convierte así en arena de competencia por el poder, donde la demostración de lealtad a través de la violencia funciona como currículum para ascender en la jerarquía criminal.

Por Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte y Mariana Espeleta Olivera, académicas del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia del ITESO