Dos rutas estratégicas de Tamaulipas bajo el dominio absoluto del crimen organizado
A pesar de que la incidencia delictiva en las carreteras fronterizas de Tamaulipas ha disminuido durante el actual sexenio, dos rutas fundamentales permanecen bajo el yugo del crimen organizado, convirtiéndolas en corredores de alto riesgo tanto para civiles como para las propias autoridades.
Las arterias del tráfico ilícito
Las carreteras federales San Fernando-Reynosa y Reynosa-Matamoros representan un interés vital para los grupos armados debido a su conectividad con cientos de brechas que atraviesan el estado desde el sur y centro hacia la frontera norte. Estas vías alternas son utilizadas sistemáticamente para el tráfico de indocumentados y el trasiego de drogas, creando una red logística que opera con impunidad.
"Una sola brecha puede atravesar la mitad del estado", explican fuentes de seguridad, destacando cómo desde municipios fronterizos como Reynosa o Matamoros se puede llegar hasta el Golfo de México y sus puertos marítimos, donde se presume el arribo de buques cargados con estupefacientes.
Violencia y control territorial
El tramo Matamoros-Reynosa, que comunica ambas ciudades en aproximadamente 45 minutos evitando municipios controlados por el Cártel del Golfo, ha sido escenario de numerosos incidentes violentos. Incluso autoridades han sido atacadas en esta zona, como ocurrió recientemente cuando elementos estatales resultaron heridos durante un tiroteo en Nuevo Progreso.
La lucha por el control entre facciones del mismo cártel ha exacerbado la violencia en la región. Desde 2018, cuando Evaristo Cruz, "El Vaquero", asumió el liderazgo del Cártel del Golfo en Matamoros, se intensificó el conflicto con los pistoleros de Reynosa, buscando imponer una hegemonía territorial.
- Entre 2020 y 2021 se han documentado numerosos retenes de civiles armados
- Despojo de vehículos a viajeros
- Enfrentamientos directos con agentes estatales
- Intervención limitada de fuerzas federales y militares
Conectividad criminal estratégica
La importancia geográfica de esta zona se amplifica por su proximidad a puentes internacionales como Pharr y Los Indios, además de la brecha E-99 que cuenta con cientos de ramificaciones. Esta red permite conectar el norte fronterizo con el sur del Golfo de México a lo largo de 281 kilómetros, facilitando el movimiento ilícito a gran escala.
Otras rutas como Del Becerro al norte de Reynosa llevan hasta Camargo y los límites con Nuevo León, mientras que hacia el sur cruzan municipios como Burgos y Méndez. En Valle Hermoso, la brecha conocida como 109 termina en el puerto marítimo de El Mezquital, conectando posteriormente con playa Bagdad y Estados Unidos.
Historial trágico y respuesta limitada
La peligrosidad de estas rutas quedó trágicamente evidenciada en 2019 cuando, en el ejido Palo Blanco perteneciente a San Fernando, desaparecieron 22 migrantes que viajaban en un autobús. Aunque el gobierno estatal respondió enviando personal de seguridad y el Grupo de Operaciones Especiales protagonizó enfrentamientos con el crimen organizado, las acciones no han logrado erradicar completamente la presencia criminal.
La disminución de la criminalidad registrada hasta abril pasado, cuando fue detenido un importante capo, se estancó particularmente entre Progreso y Río Bravo, municipios vecinos de Reynosa y Matamoros donde el nivel de peligro para viajeros y autoridades sigue siendo extremadamente alto.
Las dos carreteras que concentran la mayor peligrosidad por la presencia del crimen organizado son desde La Y de San Fernando hacia Reynosa y de Reynosa a Matamoros, esta última prácticamente paralela a la frontera con Estados Unidos, manteniendo a Tamaulipas como un territorio donde la sombra del crimen organizado sigue proyectándose sobre infraestructura vital para la economía y seguridad regional.