El ensordecedor silencio presidencial tras la muerte de 'El Mencho' en operativo federal
Silencio presidencial tras muerte de 'El Mencho' en operativo

El silencio que aturde tras el operativo contra 'El Mencho'

Seguro lo han experimentado: ese momento crítico donde nadie habla, los ruidos se desvanecen y el silencio se vuelve tan palpable que la tensión se siente en el aire. Aunque el sonido desaparece, nos sentimos abrumados por el peso de lo no dicho. Este domingo, México vivió precisamente esa sensación cuando un operativo conjunto de fuerzas federales y el Ejército Mexicano culminó con la muerte de Nemesio "El Mencho" Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desencadenando bloqueos e incendios en al menos 20 estados del país.

Un vacío de comunicación en medio del caos

La desolación e indefensión que han marcado los últimos 20 años de la llamada "guerra contra el narco" se caracterizan por este silencio constante. Sin embargo, hoy queremos profundizar en otro silencio ensordecedor: el de la presidenta y el gobierno federal tras el operativo. Aunque la mandataria declaró, al finalizar un evento en La Laguna, que el gabinete de seguridad informaría al respecto, la única comunicación recibida por la ciudadanía fueron comunicados oficiales repletos de detalles técnicos, pero carentes de un elemento fundamental: la conexión humana.

La magnitud de este operativo era evidente: se logró la captura y posterior muerte del principal líder criminal de México, al frente de una organización con alcance nacional e internacional, cuya capacidad de intervención quedó demostrada con los bloqueos coordinados en múltiples regiones. La respuesta violenta del CJNG obligó a los gobiernos de nueve estados a suspender clases y actividades económicas y administrativas, mientras circulaban imágenes, declaraciones y videos que alimentaban el miedo, la desinformación y la desconfianza colectiva.

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La ausencia presidencial en un momento crucial

En lugar de que la presidenta o el secretario de Seguridad Ciudadana se presentaran ante los medios para informar y tranquilizar a la población, optaron por refugiarse en textos impersonales. Lo que podría considerarse la acción más significativa de este sexenio en materia de seguridad se vio empañado por la orfandad comunicativa; nadie dio la cara para asumir la responsabilidad pública. Aunque se comprende la estrategia de centralizar la información en la mañanera presidencial, un espacio controlado, no se justifica en un contexto de crisis nacional.

Los vacíos de información tienden a llenarse con especulaciones, como ocurrió este domingo. Fue un error y una irresponsabilidad social no enfrentar a un país convulso por una acción concertada de miedo. Esta insistencia en la mañanera como único canal oficial revela, además, serias deficiencias en el manejo de crisis por parte del gobierno. Contra interpretaciones que sugieren que la presidenta es marginada en los grandes actos de su administración, lo preocupante es que su silencio transmite una imagen de indiferencia e indolencia.

La confianza erosionada por la falta de liderazgo

Diversas instituciones públicas y privadas, así como algunos gobiernos estatales, hicieron eco de la preocupación social y tomaron medidas para brindar seguridad a la población. No obstante, la ausencia presidencial fue sepulcral. Si la mandataria solo puede dirigirse al pueblo en un espacio que ella controla por completo, ¿qué confianza puede inspirar en momentos de emergencia? En una coyuntura como esta, donde lo primero que necesitaba México era un mensaje de seguridad y calma ante la crisis generada por el operativo, lo único que recibió fue un silencio ensordecedor.

En vez de ofrecer una explicación clara o una exposición que demostrara que su estrategia de seguridad funciona y brinda paz, al no dar la cara permitió que el miedo y la vulnerabilidad dictaran la narrativa del operativo. Ante lo que podría considerarse su principal logro en la lucha contra el narcotráfico, lo último que debía ofrecer era un vacío comunicativo. Este silencio no solo refleja una falla en la gestión de crisis, sino que profundiza la desconfianza ciudadana en las instituciones, dejando a México sumido en la incertidumbre.

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