Tres días de luto: el poder del crimen organizado tras la caída de un capo
En América Latina, tras la era de los dictadores, son los capos del narcotráfico quienes acaparan el foco mediático, convirtiéndose en objeto de novelas, telenovelas, series documentales, películas y una saturación inaudita en redes sociales. Esta mitificación, iniciada con figuras como Al Capone en Estados Unidos y llevada al máximo esplendor por obras como "El Padrino" de Mario Puzo, ha transformado a delincuentes de alta gama en héroes y, peor aún, en modelos a seguir. La exhibición de poder, dinero y glamour ha seducido a muchos, presentando un nuevo "sueño" americano basado en la ilegalidad.
La estrategia del caos: 470 puntos de disturbios en Jalisco
El camino de estos grupos criminales ha sido constante: ayudar a los pobres, sobornar a políticos y policías, crear redes interdelincuenciales y escalar la violencia. Recientemente, vivimos un capítulo más de esta serie interminable, pero con elementos cruciales que no deben ignorarse. Según informes gubernamentales, en Jalisco, las redes delincuenciales provocaron disturbios en 470 puntos diferentes, mostrando una impresionante capacidad de reacción. Las autoridades ni siquiera pudieron retirar los vehículos siniestrados posteriormente, evidenciando la magnitud del evento.
Esto revela que el cártel en cuestión ha implementado una estrategia de cuadriculación geográfica, con gente disponible en cada cuadro para actuar al primer aviso. Preliminarmente, se estima que controlan al menos 470 cuadros, lo que contrasta con la falta de una presencia descentralizada del gobierno. En el pasado, las fuerzas de seguridad utilizaban comisarías de barrio para una respuesta rápida, pero la centralización actual dificulta su movilidad debido a distancias y bloqueos organizados.
Consecuencias y reflexiones: terrorismo y daños colaterales
No se sabe con certeza de qué lado hubo más víctimas mortales, pero el terrorismo de los delincuentes y los códigos rojos gubernamentales paralizaron la vida y la economía de Jalisco y otras regiones del país durante tres días, un período de luto nacional. El hecho de que, mientras el líder era abatido, su estructura organizativa mostrara un músculo tan vigoroso, no augura nada bueno. Anular al cabecilla no significa disolver su estructura criminal; lo vivido podría ser tanto la despedida cruenta de un capo como la tarjeta de presentación de su sucesor.
El caos en Jalisco y otros estados era inevitable, dado la colusión o infiltración de autoridades por el crimen organizado, lo que imposibilitaba avisos previos. Estos son daños colaterales graves, y la ciudadanía está dispuesta a sobrellevarlos si constata beneficios reales, como el cese de cobros de piso y desapariciones forzadas. De lo contrario, tales acciones operarán siempre en contra del gobierno.
No debemos olvidar a los miembros del Ejército, la Guardia Nacional y otros que fueron asesinados cumpliendo su deber. Trabajemos para que tantas muertes y el dolor de sus familias no hayan sido en vano, reforzando la seguridad y la justicia en nuestro país.
