El apagón silencioso: la atención como recurso escaso en el siglo XXI
Apagón silencioso: atención, el recurso más escaso

Hace una semana hablábamos del silencio que contaminó Europa, recordando el accidente nuclear en Chernóbil. Esta semana propongo reflexionar sobre otro silencio, el que invade la sociedad en la que vivimos. Basta con observar una sala de espera, un aula universitaria, una junta de trabajo o una mesa familiar: el silencio ha sido sustituido por el desplazamiento del dedo en la pantalla.

La crisis de la atención en el siglo XXI

Uno de los problemas más acuciantes de nuestra era es la falta de atención sostenida. A todos nos cuesta concentrarnos porque estamos bombardeados por notificaciones constantes de todo tipo y una sensación de urgencia permanente. Nunca habíamos tenido un acceso tan rápido y fácil a la información y, paradójicamente, tampoco en ninguna otra época había sido tan difícil pensar con claridad. Entre otras cosas, porque hemos dejado de lado la pausa reflexiva, las lecturas largas y las conversaciones profundas, reemplazándolas por la respuesta inmediata, el resumen apresurado y la incapacidad de escuchar.

El desafío para la educación superior

Para la universidad, esto representa un desafío mayúsculo. La formación de profesionistas no consiste exclusivamente en transmitir datos, sino en educar inteligencias capaces de discernir, analizar, argumentar y decidir con prudencia. Ninguna de esas capacidades puede desarrollarse en un estado de dispersión constante.

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Una nueva brecha digital: la capacidad de concentración

Hace algunos años se creía que la gran brecha del siglo XXI sería tecnológica: el mundo se dividiría entre quienes tienen acceso a internet y quienes no, entre quienes dominan la inteligencia artificial y quienes no. Algo de eso ocurrió, pero una nueva desigualdad comienza a perfilarse derivada precisamente del uso de la tecnología: la diferencia entre quienes aún pueden concentrarse y quienes han perdido esta capacidad.

La economía de la atención

Diversos análisis recientes han advertido sobre la llamada economía de la atención. Plataformas, páginas de internet y dispositivos electrónicos compiten por nuestra conciencia. La lógica es simple: cuanto más tiempo estemos conectados, más rentable resulta nuestra presencia. En el mercado laboral, quien puede concentrarse por horas obtendrá mejores resultados que quien está atrapado por el desplazamiento improductivo. En la universidad, el alumno que logra estudiar a profundidad comprenderá más que quien solo estudia de resúmenes proporcionados por la inteligencia artificial. Por tanto, la atención ya no es solo un tema psicológico, sino que se ha vuelto, entre otras cosas, económico y educativo.

La libertad intelectual requiere autodominio

La libertad intelectual requiere dominio de uno mismo, lo cual implica lecturas extensas, espacios sin pantallas, escritura reflexiva y diálogo cara a cara. Suena sencillo, pero es ir contracorriente en un mundo cada vez más tecnológico. Sin duda, el día de mañana, quienes conserven el control de su mente tendrán mejores oportunidades personales y profesionales que quienes cedan el control al ruido constante.

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