Los autos eléctricos aceleran más rápido que los de combustión debido al torque instantáneo, una transmisión más simple y baterías de alta densidad energética que eliminan los retrasos mecánicos de los motores de combustión.
Cada vez son más comunes los videos en redes sociales donde un auto eléctrico deja atrás a deportivos y vehículos de combustión de alta gama apenas se pone el semáforo en verde. A simple vista parece que existe una enorme diferencia de potencia, pero la explicación va mucho más allá de los caballos de fuerza. Detrás de esas aceleraciones hay una tecnología completamente distinta que modifica la forma en que la energía llega a las ruedas y permite una respuesta prácticamente inmediata al presionar el acelerador.
El torque instantáneo: la principal ventaja de un auto eléctrico
La razón por la que un vehículo eléctrico suele acelerar más rápido desde cero está en la forma en que entrega el torque, es decir, la fuerza que hace girar las ruedas. De acuerdo con Volvo, fabricante de automóviles con una amplia gama de modelos eléctricos e híbridos, un motor eléctrico entrega su torque máximo desde el primer instante en que el conductor pisa el acelerador. A diferencia de un motor de combustión, no necesita aumentar las revoluciones para ofrecer toda su capacidad de empuje.
En un auto de gasolina o diésel sucede algo diferente. Antes de que la potencia llegue a las ruedas ocurre una cadena de procesos: entra aire al motor, se mezcla con combustible, las bujías generan la chispa, los pistones se mueven, el cigüeñal transforma ese movimiento y la potencia atraviesa componentes como el embrague, la transmisión y el diferencial hasta impulsar finalmente el vehículo. Todo ese proceso ocurre en apenas unos segundos, pero implica pérdidas de energía y un pequeño retraso. Además, un motor de combustión necesita alcanzar aproximadamente entre 1,500 y 4,500 revoluciones por minuto (rpm), dependiendo del modelo, para generar su torque máximo.
Un vehículo eléctrico elimina prácticamente todos esos pasos. La energía pasa directamente de la batería al motor, que transmite la fuerza a las ruedas mediante una transmisión mucho más simple. Esa diferencia explica por qué la respuesta al acelerador es prácticamente instantánea desde el arranque.
Batería y motor: la clave de la eficiencia energética
El torque instantáneo no sería suficiente sin una batería capaz de suministrar grandes cantidades de energía en muy poco tiempo. Ambos componentes trabajan de forma conjunta para proporcionar la energía que el motor necesita durante aceleraciones exigentes. Las baterías de ion-litio utilizadas actualmente poseen una elevada densidad energética, característica que les permite almacenar y liberar electricidad rápidamente cuando el vehículo demanda un mayor desempeño.
A esto se suma que el motor eléctrico aprovecha mejor la energía disponible. Según Volvo, tiene menos piezas móviles que un motor de combustión y pierde menos energía durante su funcionamiento, por lo que una mayor proporción de la electricidad almacenada termina convirtiéndose en movimiento. Birchwood Automotive Group, empresa especializada en la venta y servicio de vehículos, añade que los sistemas electrónicos encargados de administrar el flujo de energía entre la batería y el motor optimizan constantemente el rendimiento, mientras que los sistemas de gestión térmica mantienen la batería a una temperatura adecuada para conservar un desempeño estable incluso bajo una conducción exigente.
Muchos modelos también incorporan frenado regenerativo, tecnología que recupera parte de la energía producida durante las desaceleraciones y la devuelve a la batería. Aunque su principal función es aumentar la autonomía, esa energía recuperada ayuda a mantener un funcionamiento más eficiente del sistema eléctrico.
Transmisión simplificada: respuesta inmediata sin cambios de marcha
Otra diferencia importante está en la transmisión. Mientras un automóvil de combustión cambia entre varias velocidades conforme aumenta el régimen del motor, la mayoría de los vehículos eléctricos utiliza una sola relación de transmisión. Al no existir cambios de marcha, la entrega de potencia es continua, sin las interrupciones que normalmente se producen cuando una caja de velocidades cambia de relación.
Birchwood Automotive Group explica que esta configuración elimina el tiempo que se pierde durante esos cambios y permite aprovechar mejor la capacidad del motor eléctrico. Esa diferencia se refleja en las cifras. El Tesla Model 3 puede acelerar de 0 a 100 km/h en 2.9 segundos, mientras que el Volvo EC40 Recharge 2024 registra 4.8 segundos y el Hyundai IONIQ 6 alcanza esa misma velocidad en 5.1 segundos.
Otro ejemplo citado por Volvo es el EX30 Twin Performance Ultra, cuyo motor desarrolla 315 kilowatts (kW), equivalentes a 422 caballos de fuerza (BHP), además de 543 Newton metro (Nm) de torque. Gracias a esa combinación acelera de 0 a 100 km/h en apenas 3.6 segundos, convirtiéndose en el Volvo de producción más rápido fabricado hasta ahora.
El peso como ventaja: centro de gravedad bajo y mejor tracción
Una de las críticas más comunes hacia los autos eléctricos es su mayor peso debido a las baterías. Sin embargo, esa característica también aporta ventajas importantes en el comportamiento dinámico. Las baterías suelen instalarse en la parte inferior del vehículo, lo que baja considerablemente el centro de gravedad. Como resultado, el automóvil gana estabilidad, reduce el balanceo de la carrocería en curvas y mejora la distribución del peso entre ambos ejes. Gracias a esa configuración, el vehículo consigue una mejor tracción al acelerar y mantiene un comportamiento más estable tanto en curvas como durante maniobras de cambio de dirección.
Limitaciones frente a los autos de combustión
Aunque destacan por su aceleración, eso no significa que sean superiores en todos los aspectos. Volvo explica que el uso de una transmisión de una sola velocidad puede limitar la velocidad máxima del vehículo. Por esa razón, modelos como el EX30, EC40 Recharge, XC40 Recharge y EX90 tienen su velocidad limitada electrónicamente a 180 km/h.
Otro aspecto es el peso adicional de las baterías, que suele ser mayor que el de un vehículo equivalente con motor de combustión. Por otro lado, la menor cantidad de componentes mecánicos reduce considerablemente el desgaste. Al eliminar piezas como embrague, caja de cambios tradicional, sistema de escape y otros elementos propios de un motor de combustión, disminuyen las probabilidades de fallas mecánicas y también los costos de mantenimiento. Como ejemplo, Volvo señala que el EX30 requiere servicio aproximadamente cada dos años o cada 30,000 kilómetros, un intervalo cercano al doble del que suele encontrarse en modelos equivalentes con motor de gasolina.



