IA potencia procesos existentes y revela ausencias, según Marcio Aguiar
IA potencia procesos y revela ausencias: Aguiar

La inteligencia artificial (IA) potencia los procesos que ya existen y pone de manifiesto los que están ausentes, según Marcio Aguiar, director de la división Enterprise de NVIDIA para Latinoamérica. En un artículo de opinión, Aguiar advierte que antes de aplicar IA a cualquier operación, es necesario definir qué se espera de ella, una definición que sigue siendo totalmente humana.

La IA no es una solución universal

Aguiar señala que la respuesta más común sobre la IA suele equivocarse por exceso de entusiasmo. Muchos tratan a la IA como una solución universal capaz de resolver cualquier cuello de botella por sí sola, y es precisamente ahí donde fracasan. La tecnología no organiza los procesos por sí sola; potencia los que ya existen y evidencia la ausencia de los que no existen.

El ejecutivo explica que la confusión surge de una premisa errónea: la idea de que las máquinas y las personas compiten por las mismas habilidades, cuando en realidad se complementan. Los sistemas de IA son rápidos, precisos y consistentes; no se cansan y procesan en minutos volúmenes que antes requerían horas de trabajo. Son excelentes en lo calculable, repetitivo y predecible, pero no interpretan el contexto, anticipan escenarios, perciben matices ni toman decisiones ante situaciones cambiantes.

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Las grandes decisiones requieren interpretación humana

Según Aguiar, las grandes y buenas decisiones rara vez surgen solo de los datos, sino del encuentro entre ellos y alguien con el bagaje suficiente para interpretarlos, es decir, para percibir lo que falta, lo que no se sostiene, lo que está detrás de los números. El potencial económico de esta combinación es enorme.

El informe “Latin America in the Intelligent Age”, presentado en el Foro Económico Mundial en Davos, estima que la IA puede elevar la productividad de Latinoamérica entre un 1,9% y un 2,3% anual y generar un impacto anual de hasta 1,7 billones de dólares. Sin embargo, Aguiar recalca que ninguna de estas cifras se materializa por sí sola; dependen de la madurez institucional, una cultura organizacional sólida y líderes dispuestos a usar la tecnología como aliada, no como muleta.

El riesgo de delegar decisiones en la IA

Aguiar cita un estudio reciente de Wakefield Research, patrocinado por SAP, que revela que un número creciente de ejecutivos está delegando en la IA decisiones que siguen siendo de su competencia, en nombre de la eficiencia. El costo de esta elección se manifiesta lentamente como pérdida de autoridad, ya que el liderazgo no se sustenta únicamente en las decisiones tomadas, sino en la capacidad de defenderlas, explicar sus motivos y responder por ellas ante el equipo.

El director de NVIDIA destaca que la competencia que más gana importancia es la “adaptabilidad ágil”: la disposición a aprender rápido, revisar métodos e incorporar lo nuevo sin renunciar al propio criterio. Después de más de una década en puestos de liderazgo, Aguiar afirma que lo que marcará la diferencia no será solo el dominio de las herramientas más sofisticadas, sino la capacidad de combinarlas con la sensibilidad analítica que solo la mirada humana ofrece al decidir.

La IA exige una forma más madura de pensar

Al contrario de lo que muchos sugieren sobre la sustitución masiva, la IA no ha llegado para reemplazarnos. Seguirá acelerando diagnósticos, sintetizando información y ampliando la escala de lo que las empresas pueden lograr, pero lo que no hace —y probablemente no hará— es entender lo que hay entre líneas en un contexto, sopesar las implicaciones humanas, estratégicas y culturales, y asumir las consecuencias de una elección. Esa labor seguirá siendo nuestra.

Aguiar concluye que la tecnología no ha llegado para ahorrarnos el esfuerzo de pensar, sino para exigirnos una forma más madura de hacerlo.

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