El 'Señor de las Sirenas': Un legado de barro y resiliencia en Oaxaca
En el corazón de San Antonino Castillo Velasco, al sur de la capital oaxaqueña, se encuentra un taller donde las manos ven lo que los ojos no pueden. José García Antonio, conocido cariñosamente como el 'Señor de las Sirenas', es un alfarero y escultor de 77 años que, a pesar de haber perdido la vista hace dos décadas debido a un glaucoma, continúa moldeando arte y memoria con una destreza asombrosa. Originario de esta tierra de hortelanos y bordadoras, su historia es un testimonio de perseverancia y creatividad familiar.
Un amor por la figura femenina y la tradición
Desde pequeño, don José descubrió su vocación al encontrar un banco de barro bajo sus pies. Aunque en su adolescencia aprendió el oficio de carnicero, su pasión por la arcilla nunca lo abandonó. Con el apoyo de su cuñado, quien lo animó a crear una figura de Cantinflas de 60 centímetros, reavivó su talento innato. "Descubrí que aún conservaba las aptitudes de niño, recobré la atracción por el barro", recuerda con alegría. Hoy, su taller, bautizado como Manos que ven, está dominado por esculturas de barro natural que rinden homenaje a la mujer oaxaqueña.
Sus obras, que incluyen mujeres con trenzas adornadas con flores, trajes típicos de distintas regiones y, sobre todo, sirenas o princesas del mar, son piezas de gran formato que transmiten felicidad y cultura. Cada creación lleva un mensaje corto al reverso junto con la firma de su autor, convirtiéndolas en relatos tangibles de identidad local. "Cuando hago figuras de barro pienso que la mujer es hermosa, mi sentir es hacer figuras de la mujer oaxaqueña, de cómo se viste y de todas las alegorías que representa", comparte el maestro artesano.
Una colaboración familiar que supera la adversidad
La pérdida de la vista no detuvo a José García Antonio; al contrario, intensificó su conexión con el barro. En un acto de comunión familiar, su esposa, Teresita Mendoza Reina, se convierte en sus ojos, afinando los detalles de las piezas, colocando accesorios como flores, trenzas, aretes, rebozos, collares y escamas, y cubriendo imperfecciones. Mientras tanto, sus dos hijas y su hijo se encargan del proceso de cocción en un antiguo horno de piedra que alcanza temperaturas de hasta 900 grados Celsius.
Este taller colaborativo no solo produce esculturas, sino también piezas ornamentales como macetas, alcancías, candeleros, animalitos, juguetes y danzantes de la pluma, reconocidas a nivel local, nacional e internacional. La familia García Mendoza ha transformado la adversidad en una oportunidad para crear arte que trasciende fronteras, con decenas de galardones, publicaciones y documentales en distintos idiomas que celebran su trabajo.
Reconocimiento global y futuro prometedor
La historia de vida de José y Teresita ha capturado la atención mundial, incluso de una plataforma internacional de streaming que documentó su día a día, incluyendo un viaje a Puerto Escondido donde esculpieron una pieza juntos. Se espera que este material se estrene próximamente, ampliando el alcance de su legado. Para don José, más que un arte, es un oficio noble que le ha permitido sacar adelante a su hogar y transmitir sus conocimientos a sus hijos y nietos, todos artesanos.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, el 'Señor de las Sirenas' nos recuerda el valor de la memoria, la imaginación y el trabajo manual. Su taller en Oaxaca no es solo un espacio de creación, sino un santuario donde el barro se transforma en símbolos de resistencia y belleza, asegurando que las tradiciones artesanales continúen vivas para las generaciones futuras.



